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LA CRÍA
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La vida

¿Cómo nacen, viven y mueren estos animales sociales e indefensos?

LA CRÍA
En condiciones naturales es probable que escasee la comida durante los meses de invierno, así que la mejor época para que nazcan los potros es cuando comienza el verano, ya que la hierba es más nutritiva. La duración normal de la gestación en un caballo es de 11 meses; debido a esto, las yeguas sólo se aparean durante los meses de primavera y verano. Este hecho ya es tenido en cuenta por una simple pero fascinante disposición biológica: las razas que no han perdido rusticidad sólo son fértiles cuando el día es más largo que la noche, esto es, entre los equinoccios de marzo y setiembre, ya que las hormonas que originan la ovulación están controladas por la luz.
          La hormona sexual del macho, la testosterona, también está influida por la duración del día. En invierno, los sementales son fértiles pero no muestran un deseo tan fuerte por el sexo, pero cuando llega el equinoccio de primavera cambian visiblemente, engordando alrededor de la crinera del cuello y hombros y actuando más como sementales a medida que aumenta la exigencia de sexo. Estos cambios hormonales se pueden producir artificialmente si en invierno aplicamos una luz extra a los caballos que están en un establo, de forma que la cría puede adelantarse.

El celo
          Mientras que dura el celo las yeguas muestran distintos cambios de comportamiento, aunque hay grandes diferencias individuales. El principal síntoma que produce el celo es un orinar frecuente y nervioso, a la vez que abren y cierran la vulva rítmicamente y levantan la cola, especialmente a los machos pero también a cualquier caballo extraño. Algunas yeguas se vuelven caprichosas o irritables; otras, se restregan sensualmente contra ejemplares amigos; tan solo unas pocas 'enloquecen':

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La potra muestra que está en celo.
Se planta, abriendo su vulva y moviendo el rabo a un lado, mientras el semental mordisquea su cruz (parece más violento de lo que es).
El abrir y cerrar la vulva se nota de lejos.
Este semental experimentado no se pone detras de la potra antes de averiguar que esta realmente receptiva.


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El Macho que corteja levanta su cola con excitación, mete su hocico hacia adentro de forma que centra su visión, arquea el cuello para impresionar y hace cabriolas mientras decide acercarse a la yegua.
En cualquier caso, parecen ser sus poderosos relinchos lo que derriten el corazón de una yegua.

son las que esperan ser cubiertas cada vez que algún jinete se sube sobre sus lomos; y otras nunca dan señales sin presencia de un semental. Durante los dos primeros días la mayoría se comporta caprichosamente, mostrándose a los machos para después girarse para cocear y chillar cuando éstos intentan acercarse, pero a medida que el celo aumenta, las yeguas se muestran deseosas y ansiosas de ser montadas.
La mayor parte de las yeguas entran en celo alrededor de 5 días cada 3 semanas, ovulando el penúltimo día del celo. Son igual de regulares que las mujeres: algunas yeguas tienen celos más largos, otras más cortos y otras pasan largos períodos sin entrar en celo. Las yeguas horras que tienen el celo más avanzado el año, a menudo tienen ciclos de hasta 40 días, y algunas yeguas tienen ciclos partidos.

El cortejo
          En el curso natural de los hechos un semental no montará a una yegua que no lo desea, ni tampoco mostrará mucho interés en ella, excepto como miembro del grupo, hasta que ella le solicite, paseándose delante de él y enseñando su vulva provocativamente mientras camina. Estimulado por su cola alta y el olor de su orina, él hará flehmen, relinchará suave y poderosamente y a menudo hará refinadas cabriolas con el cuello arqueado, realizando piafer y passage que honrarían a la Escuela Española de Equitación. Estos pasos son un tipo de baile de cortejo del

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Un potro de tres años aprendiendo a cortejar su primera yegua, que es ya mayor. Es cauto mientras la lame. La yegua no parece dispuesta. Mueve su cola irritada.
Como los potros en la naturaleza no cubren yeguas, y sobre todo no las mayores, un potro se pone muy nervioso su primera vez: tiene gran respeto por su edad. Seleccionar una yegua tranquila y dejarlos sueltos por meses es el mejor método para que adquiera experiencia el futuro semental.
Cubriendo ua yegua sujeta no aprende a cortejarla, ni sabe cuando es receptiva, sólo a ser rápido y violento. Separarlos inmediatamente después crea frustración al macho, que naturalmente quiere proteger su futura cría, y asi se pone más ansioso la próxima vez.

macho: la gran acción y curvada silueta muestran su interés y excitación pero también su conflicto, ya que montar una yegua puede resultar una tarea peligrosa: invadir el espacio individual de otro animal va en contra de las reglas sociales. Como muchos otros animales, el macho se encontrará en un conflicto de acercamiento/evitación, cercando la meta peligrosa y deseable hasta que las señales de deseo de la yegua sean inconfundibles. El cortejo varía considerablemente según la experiencia de ambos animales, su estado hormonal y el éxito que consiga con el otro, y consiste en un intercambio de movimientos y señales que finalmente logran que la yegua se esté quieta mientras el macho la monta.

Sus largos y bajos relinchos pueden ser lo suficientemente persuasivos, pero también puede que comience a mordisquear su cuello y cruz, rascándose, restregándose y hociqueando a la yegua; de esta forma consigue acercarse a sus ijares. Cuando ella se lo permite, él se coloca cerca de su cola y patas, a un lado, para evitar las patadas, la olfatea, la lame y mordisquea. El macho hace flehmen y relincha suavemente. A medida que su excitación crece, erecta.

Si la yegua cree que la atención del macho sobre ella es demasiado fuerte, pateará, coceará o chillará, por lo que el macho comenzará a danzar en círculos; o quizás la hembra abandone su postura típica ante el macho y empiece a caminar levantando las patas antes de pararse y orinar otra vez. Pero si está verdaderamente preparada, se quedará quieta, con el lomo tensado, la cola alzada hacia un lado y enseñando la vulva de nuevo mientras que él se acerca por un costado trasero, restregando sus hombros contra sus cuartos traseros.

El apareamiento
           Cuando finalmente el macho monta a la yegua no siempre alcanza lo que se propone: a veces se enreda en la cola de ella y tiene que retirarse y empezar otra vez. Puede suceder que una yegua joven camine hacia adelante cuando sienta el peso de él sobre ella.
           Entonces el macho sujetará la cruz de la yegua con sus dientes mientras la monta, pero este mordisco salvaje que se da en muchos machos domésticos no parece un componente más del mutuo entendimiento que es la monta. La cópula dura entre 5 y 60 segundos. El macho mueve la pelvis y la cola espasmódicamente mientras eyacula. Un macho vigoroso está preparado para aparearse nuevamente en diez minutos si la yegua le solicita, pero habitualmente la pareja se separa y vuelven a aparearse más tarde ese mismo día. Una yegua solícita excita a un macho cansado mordisqueando y lamiendo su prepucio.
           Las yeguas de un harén buscan al macho cuando están preparadas, y las yeguas que andan libres, cuando hay menos sementales, también buscan para aparearse justo en el momento preciso, tal y como se observa en muchos ponies nativos en las montañas. Las yeguas domésticas en celo, cuando pueden abandonan los pastos para buscar un semental, y cuando van con jinete tienden a cortejar a cualquier caballo extraño, ya sea un semental o no.

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Apareamiento inadecuado de un potro sin experiencia.
Una gran parte del comportamiento sexual se aprende jugando con otros potros: este potro sabe más o menos que hacer, pero tiene miedo sin causa, porque la yegua esta tranquila y receptiva.

Muchos machos se encuentran en condiciones tan antinaturales, que se vuelven demasiado ansiosos e incluso malos contra las yeguas, mientras que los deseosos machos jóvenes pueden herirse, sintiéndose desconcertados y asustados para intentarlo de nuevo. También las yeguas pueden desalentarse y rechazar la monta, incluso, estando en celo, porque no se ha podido realizar el cortejo y no se han intercambiado las señales necesarias. Muchos caballos de granja no han crecido en manada, de manera que sus hábitos sociales y su habilidad para usar el lenguaje de las señales es, desgraciadamente, muy escasa; algunos sementales prácticamente violan a las yeguas, y otros encuentran difícil la monta. Esto crea una espiral creciente de dificultades. Entonces el macho podría resultar peligroso para la yegua, y tiene que ser refrenado, de tal forma que la monta tiene menos posibilidades de ser exitosa. Para que el lenguaje de las señales acabe en una monta armoniosa, ambos
caballos deberían:
         (a) haber crecido en grupo, de forma que conozcan el lenguaje;
         (b) tener el tiempo y espacio suficiente para usarlo correctamente;
         (c) encontrarse en el estado hormonal correcto.
         Aunque las yeguas se aparean cuando están en celo, esto no significa que sus niveles hormonales estén lo suficientemente altos como para concebir y quedarse preñadas. Es comúnmente aceptado que una yegua que no entrará en celo, o no se quedará preñada cuando sea cubierta agarrada, se preñará si es cubierta en libertad con el macho: ella necesita olerlo regularmente para que sus hormonas funcionen correctamente. Aunque parece haber poca investigación sobre los caballos en este tema, se sabe que los mensajes químicos o feromonas son los controladores de los niveles de hormonas en muchos animales sociales. Recientes investigaciones australianas sobre cerdos, por ejemplo, han mostrado que sus hormonas sexuales no alcanzan niveles razonables si éstos están aislados o bien ya han crecido así; pero no queda claro si el efecto es debido a las feromonas o al contacto social.
           Por lo tanto, no es sorprendente que los caballos, los cuales tienen normalmente una vida social tan rica, tengan grandes problemas con el encuentro más social de todos realizado en condiciones anormales. Un estudio sobre dos manadas de ponies galeses, demostró que menos del 65 por ciento de las yeguas se preñaba cuando eran cubiertas agarradas, mientras que más del 90 por ciento de ellas se preñaban cuando vagaban por las montañas con un macho; otro estudio sobre los Hanoverianos da el 50 por ciento como promedio de yeguas preñadas por el primer método. Hoy en día los porcentajes son mayores por los tratamientos hormonales.
           Incluso en libertad hay dificultades. Una yegua agresiva y celosa impedirá a otras yeguas que se apareen, aunque ella no esté en celo, persiguiéndolas para que se alejen del macho o simplemente plantándose delante de él, vigilándolo. Muchos machos tienen prejuicios con el color. Hope Ryder observó que había un macho en Montana cuyo harén, que era excepcionalmente grande, estaba compuesto de yeguas castañas; un mustang en Nevada sólo tiene ruanas, mientras que el lippizano negro prefiere las yeguas con colores claros e incluso intentará montar a un caballo castrado y a un toro de color pálido. Darwin comentó que "aparentemente, los caballos salvajes prefieren emparejarse con aquellos del mismo color", pero sería más acertado decir que prefieren a yeguas con el mismo color que
sus madres o sus compañeros de juego: no lo sabemos. A veces los sementales no tienen ningún interés en algunas yeguas. Darwin expone: "El famoso Monarque, por ejemplo, jamás miraría conscientemente a la madre de Gladiateur, y tendría que practicarse alguna triquiñuela".

La gestación
           Una vez que la yegua está preñada se vuelve más plácida, aunque también más defensiva. Las yeguas domésticas preñadas sin la compañía de un semental pueden ser muy agresiva hacia cualquier macho que ande cerca. Sacuden las colas e incluso lanzan chorros de orina de manera que nos preguntamos si están en celo otra vez, aunque no sea así. Excepcionalmente alguna hembra entra en celo durante la gestación. Cuando la gestación está más avanzada, la mayoría de yeguas se vuelven perezosas e incluso vagas.

El parto
La gestación varía entre 340 y 350 días en las yeguas domésticas pero, parece que es más larga en las salvajes. En New Forest, el 27 por ciento parieron entre los 336 y 364 días, el 67 por ciento entre 365 y 392 días, y el 9 por ciento lo hicieron después de más días.

¿Cómo responde una yesua a la vista o sonido de un macho?
Se testaron un gran número de yeguas, ya estuviesen horras, criando o bien vírgenes, para ver cual era su reacción cuando oían la grabación del sonido de cortejo de un macho, comparándola con su reacción a la presencia de un macho. Los números de la izquierda indican las veces que reaccionan hacia el sonido solo. Los de la derecha indican las respuestas a la visión del macho. También se puede ver el porcentaje de efectividad de la grabación comparada al macho.

Reacción de yesuas en celo
  Horas
(77 tests)
Porcentaje
efectividad
de respuestas
a la grabación
Criando
(102 Texts)
Porcentaje
efectividad
de respuestas
a la grabación
Vírgenes
(32 tests)
Porcentaje
efectividad
de respuestas
a la grabación
Se levantaban

72/74
97
86/98
88
27/27
100
Levantaban la cola 67/73
92
82/87
85
26/24
108
Enseñaban la vulva
58/72
81
55/94
59
18/24
75
Extendían las patas traseras
54/72
75
55/93
57
18/25
72
Orinaban
36/55
58
36/64
56
10/24
42

Reacción de yeguas que no estaban en celo
  (104 tests)   (80 tests)   (30 tests)  
'Nerviosas'

88/102
86
76/80
95
26/30
87
Coceaban
1/100
 
3/80
 
0/29
 
Chillaban
0/28
 
0/14
 
0/16
 

       El sonido del semental era suficiente para detener a las yeguas y hacer que mostraran las primeras señales en su deseo para atraerlo. Cuando el macho no aparecía muchas no completaban el cortejo, aunque un tercio de ellas sí lo hacían. Las experimentadas y horras eran mucho más fáciles de excitar que las vírgenes. Las yeguas que no estaban en celo se comportaban como si el macho estuviese allí, aunque sin la presencia física del macho no tenían a quien cocear y chillar.

        Los mismos investigadores intentaron testar la efectividad que tenía el pellizcar el cuello de las yeguas, imitando al mordisco del macho, y concluyeron que les disgustaba. La gente que ha observado caballos apareándose no estará de acuerdo. Es probablemente muy difícil imitar el mordisco de una manera convincente, y es sencillo de ver que un mordisco imitado resulte desalentador. Parece ser que cuando les muerden el cuello, arquean el espinazo hacia arriba, en vez de agacharse, y levantan su cola , pero es difícil de establecer cuáles son las causas; por eso se realizan experimentos.
(Fuente: Veeckman & Odberg, 1978)


          Por supuesto, es difícil saber cuándo una yegua salvaje está preñada. En los ponies galeses, que viven en condiciones naturales en las montañas, la gestación varía con la época del año, de forma que las primeras pueden retrasar un mes la fecha indicada, mientras que cubiertas tardíamente se adelantan un mes. Esto parece ser común especialmente en las razas autóctonas.
          El parto tienen lugar en más del 90 por ciento durante las primeras horas de la mañana, ya sean caballos salvajes o domésticos. La yegua se separa del grupo.
Puede que lo haga deliberadamente o que ella se quede rezagada mientras el grupo avanza. Al igual que las vacas, algunas yeguas buscan lugares pantanosos, zanjas o estanques, ahogándose el potro al nacer. No existen estudios que aclaren si este comportamiento poco adaptable ocurre en los caballos salvajes, si es más común entre ciertas razas o si es propio de las primerizas. De cualquier modo, es conveniente recordarlo cuando escogemos un terreno donde tiene que parir una yegua.
          En cuanto apareen los síntomas de las molestias, patear, sudar, cambiar de posición inquieta, mirar a sus costados, la yegua rompe aguas, que es normalmente cuando se echa. A menudo lame los líquidos del parto y hace flehmen. Puede que se levante y se eche varias veces, pero invariablemente la mayoría se echan para el parto, el cual suele ser muy rápido (5-45 minutos, habitualmente 20). Parir es una

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¡Mira lo que he tenido! Interes y deseo evidente en la cara de la yegua. Va a llamar a su potro inmediatamente y empieza a lamerlo. Es muy importante no molestarles mientras los delicados lazos se forman entre madre y cría. También es bueno que la madre permanezca echada el máximo de tiempo, pues la placenta contiene mucha sangre que pasa al potro durante los primeros 15 minutos después del parto. Si por molestarles, el cordón se rompe, el potro no recibe esa sangre y estará débil los primeros días.

cuestión privada, y a las yeguas no les gusta la compañía en esos momentos. Son capaces de retener al potro durante horas si es necesario, esperando el momento para estar solas, mientras las personas que la observaban se han ido a tomar un café, para soltarlo. Ocasionalmente, las yeguas domésticas llaman a sus cuidadores para no estar solas, pero estos son casos raros: por regla general, las yeguas quieren estar solas.
           A menos que esté exhausta o desconcertada, como las primerizas o que esté distraída, la yegua casi inmediatamente comienza a llamar al potro y lo lame tan pronto como sale de la bolsa. El potro responde a su llamada, inmediatamente, con movimientos torpes y orientándose hacia su madre. Los lametones ayudan a la yegua a distinguir el olor individual del potro, lo que va a tomar tanta importancia en su reconocimiento durante los meses que han de venir.
           Como la mayoría de los mamíferos jóvenes con pezuñas, un potro saludable es muy despierto y se puede levantar sobre sus patas tambaleantes a la media hora de haber nacido, para mostrar el primer mágico e innato instinto buscando algo agradable que no conocía: la leche. Su contacto caliente y húmedo con la ubre es un estímulo directo para liberar la hormona que dispara la leche (lo cual también estimula las contracciones uterinas para expulsar las pares).
           La placenta se expulsa una o dos horas después del parto y la yegua normalmente se vuelve a tumbar debido a lo doloroso que es este proceso. No se come la placenta.
           La mayoría de yeguas dirigen los primeros hociquees del potro, pero algunas, generalmente las primerizas, rechazan a sus potros de formas diversas, incluso golpeándolos con las manos. Esto no se ha visto nunca en las salvajes, pero no es extraño en las domésticas. Muchas yeguas no están en absoluto acostumbradas a los pequeños potros, mientras que una yegua joven salvaje sí que lo está, puesto que merodean todo el día alrededor de ella. Sin duda la experiencia social tiene mucho que ver. También hay yeguas que aceptan a sus potros, pero son tan sensibles y cosquillosas que se niegan a alimentarios.
           Las yeguas son protectoras con sus potros y expulsan a otros caballos que se acercan demasiado al principio; las yeguas domésticas también se comportan así con sus cuidadores.

 

Fuente Linda Tellington-Jones Sybil Taylor. Comprender El CABALLO
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