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LOS CABALLOS Y LAS PERSONAS 2/3 :: La doma :: El Caballo :: Inicio
Los Caballos y las personas Método "UNIÓN" de Monty Roberts Ver a nuestro Caballo como a un individuo
LOS CABALLOS Y LAS PERSONAS
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Si este caballo tiene tantas ganas de jugar, claro que va a dar problemas si es montado inmediatamente. Es mejor dejarlo jugar, revolcarse y quitar sus tensiones por una media hora. dar cuerda no va a darle la libertad de movimientos que necesita, ni la oportunidad de flexionarse como está haciendo. 

      Algunos caballos tienen, naturalmente, mucha más energía que otros. Los caballos árabes y los sementales, ambos famosos por su dinamismo, son propensos a ser explosivos o histéricos, típico de un animal sobrecargado de energía. Castigar o intentar reprimir estados de ánimo demasiados excitados no lleva a nada bueno; si el caballo está demasiado excitado para ser montado, entonces se puede permitir que corra y juegue libre o darle cuerda a su aire durante media hora en el picadero. Las explosiones repentinas de energía y juego deben encontrar una vía de escape, si no se volverá en contra del adiestrador: intentar inmovilizar un caballo es peor que dejarle gastar su energía hasta que ésta disminuya a proporciones dóciles.

El tiempo atmosférico también afecta dramáticamente a los niveles de energía.   Hacia dónde se dirige la energía es tan importante como la cantidad. Cuando montamos un caballo es especialmente importante pensar en la dirección y la intensidad de la energía del caballo/ porque, para mayor eficacia y control, el caballo se moverá libremente hacia adelante con los corvejones metidos. Un caballo apoyado en el filete (a menudo contra una mano insensible), se vuelve terco y descarga su energía en el suelo; un caballo que está por encima o detrás del bocado, arquea su lomo hacia abajo en vez de hacia arriba, y no puede colocar sus corvejones bajo sí.

Espacio
       Un caballo 'domado' es aquel que: acepta que las personas entren en su espacio personal (distancia individual); acepta a una persona sobre su lomo o un carro detrás de él; y está lo suficientemente relajado como para ceder a la presión antes que para combatirla.
       Aunque es posible forzar a un caballo para que acepte la presencia cercana de una persona, arrinconándolo y manejándolo hasta que su terror desaparece, este caballo no estará verdaderamente domado, ya que cuando tenga una oportunidad, establecerá su distancia individual entre él y su cuidador. La invasión forzada del espacio personal de un caballo le da motivos suficientes para defenderse de acuerdo a su sistema: cuando esté suelto, entonces se alejará. Pero cuando no pueda hacer esto, entonces se girará y coceará. A menos que el caballo haya aceptado voluntariamente a una persona cerca de él, se ofenderá por este hecho y por ser retenido para el resto de su vida, aunque haya aprendido, que una vez retenido, se debe comportar de cierta forma, porque si no, será castigado.
       Otro tema diferente es cuando un caballo invita a las personas dentro de su espacio personal, porque una vez que hemos sido aceptados, nos tratará de acuerdo con su sistema social: esto es, nos imitará, nos aceptará como líderes, y tolerará casi cualquier cosa que hagamos, aunque al principio parezca un poco extraña.
Domando caballos salvajes o caballos cerriles, este principio es especialmente importante.
       Un caballo salvaje tiene dos líneas que no permitirá que crucemos: el límite de su área de huida, y el límite de su espacio personal.
       En un establo grande o picadero, el caballo tiene una limitada libertad para huir, y se le puede permitir correr hasta que acepte que una persona tranquila no representa una amenaza, incluso aunque esté dentro de su distancia de huida: cuando se aburre de huir empieza la habituación. Hasta que el caballo no está lo suficientemente relajado para comer o asearse con una persona dentro de su espacio de huida, no está preparado para un contacto más cercano.
       Sólo podemos entrar en el espacio personal de un caballo si éste nos lo permite, y a menos que sea atrevido, curioso o lo suficientemente solitario como para aproximarse por sí mismo (lo que es extraño), entonces los incentivos son imprescindibles. Mientras que alimentarles demasiado con la mano puede crear problemas, es, al menos por un corto espacio de tiempo, el único incentivo lo suficientemente fuerte para hacer que el caballo cruce el inmenso obstáculo que hay entre sí mismo y ese pequeño animal tan desconocido, cuya presencia ha representado siempre miedo y posiblemente dolor. Si se mantiene hambriento a un caballo aislado, y no se le permite comer hasta que se acerque, aprende rápidamente a acercarse, y una vez que está a nuestro alcance, podemos usar las señales de amistad que el caballo conoce; aseo mutuo: rascarles y acariciarles. Una vez que se establece la amistad, no dejará que nos marchemos, y cuando podamos manejarlo, lo domaremos con cabezada como a cualquier otro caballo normal. De esta forma, podrá ser liberado de su confinamiento.

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Este caballo de doma vaquera Doc's Oak muestra una apreciación soberbia del espacio y del tiempo mientras gira y embiste con la cabeza a una vaca separándola del grupo, El jinete, Tom Lyons, no hace ningún intento para dirigir al caballo, el cual conduce a la vaca por sí mismo,
manteniéndola a distancia y bloqueando su camino con giros veloces y embestidas, Aunque estos caballos están cuidadosamente enseñados para pararse y girar rápidamente con los corvejones metidos, el adiestramiento no le da a un caballo el talento para manejar el ganado efectivamente; debe tener el instinto vaquero, o no mostrará ningún interés. Tal y como dijo un adiestrador: "Se vuelve loco cuando una vaca invade su espacio". El instinto vaquero parece ser una característica en parte heredada. Los caballos que no tienen talento, se dedican para otras especialidades.

       Un caballo que acepta francamente a una persona dentro de su distancia individual, está dispuesto para ser montado, excepto por la novedad y sorpresa que supone esta peregrina idea. Los días sentados sobre pilas de forraje, esperando que el caballo se acerque no son en vano: puede transcurrir un mes hasta que el caballo tenga a bien ver y acercarse a una persona, levante sus patas y podamos rascar su grupa. Cuando esto se consigue sin tensión, entonces puede ser domado con cabezada, salir a pasear al exterior y montado en pocos días con total seguridad. Los caballos que han sido retenidos a la fuerza, rara vez son seguros hasta después de varias semanas de monta. Cada vez que se alarman, intentan escapar de la presencia humana una vez más. Un caballo que acepta a las personas, aunque sea inexperto, confía en su jinete e intenta quedarse lo más cerca posible de él cuando hay peligro. Los caballos 'salvajes' están mucho menos asustados del mundo exterior que los potros domésticos criados en reclusión.
       Un caballo más viejo que rechaza ser cogido debe ser atraído, si es necesario mediante comida, a acercase. Arrinconándole no se consigue eliminar su actitud reacia, incluso cuando no puede escapar.
       El concepto de espacio es también valioso en la doma libre, ya que cuando extendemos una mano o una fusta, estamos extendiendo nuestra zona personal en determinadas direcciones para mover al caballo y hacer que se gire. Un caballo muy amigable quizás abandone su idea del espacio y no se aleje; en ese caso, podemos adoptar posturas características que recreen el límite entre nosotros, haciéndonos temporalmente inaceptables: agitando una lata de metal, haciendo restallar una fusta, haciendo ruidos extraños o incluso llevando sombreros estrambóticos. Es mejor evitar pegar al caballo con la fusta.

Espacio y doma libre
       En los Estados Unidos, donde los vaqueros domaban tradicionalmente a los caballos de forma violenta dentro de un picadero redondo, algunas personas han desarrollado, independientemente, sistemas de primera doma y adiestramiento mas natural en tales picaderos, que usan el concepto de espacio del caballo y las señales para crear un nivel más elevado en la doma libre.
       El Dr. McCall, que imparte clases en la Universidad de Maryland, utiliza los movimientos del cuerpo para controlar los movimientos de un potro: una acción rígida, tensa, de embestida, como la arremetida con la cabeza, dirigida a los cuartos traseros del caballo, aumenta su paso, ya que es una señal de amenaza desde atrás; la misma señal dirigida a la cara del caballo imita el rechazo que un caballo hace a otro, haciéndole pararse, girar o recular (ver Hamilton). Estas señales corporales simples y naturales son fácilmente entendidas por un potro si se ha criado en grupo y no ha sido mimado en exceso. Para llamar al caballo hacia adentro, el adiestrador abandona su postura agresiva y se queda relajado, incluso agachándose si es necesario. Se pueden conseguir toda clase de refinamientos usando los conceptos del espacio-burbuja, la amenaza, los movimientos suaves, y las actitudes contagiosas.
Las ayudas de la voz son también enormemente útiles: los silbidos, combinados con una mano dirigida a la cabeza del caballo, producen elevación del paso sin incrementar la velocidad.   

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Las personas también entran dentro del sistema-espacio del caballo. Arriba: el hombre de la
izquierda, que pasa por el lado del caballo cerril sin mirarlo, no entra en su distancia de huida.
Pero cuando se gira y lo mira, el caballo se siente amenazado y huye para mantener su distancia de huida entre los dos.
Abajo: Dando cuerda, cuando blandimos la fusta, estamos extendiendo nuestro espacio personal de forma que invade el del caballo, amenazándole suavemente. La persona de la izquierda está en posición correcta; aunque al caballo le gustaría moverse en dirección a la cuerda, ella le está reteniendo, así que se mueve hacia adelante. La persona de la derecha está demasiado detrás del caballo, y la cuerda está en un ángulo desde el que no puede controlar bien al caballo: está a punto de levantar la cabeza y embestir en la dirección que la fusta le indica que se mueva, alejándose de ésta. Si dejase la fusta, ya no le estaría amenazando y estaría en mejor situación.

Estos métodos (hay variaciones) usan las señales del caballo y los sentimientos naturales para conseguir un nivel más alto de cooperación y sensibilidad en la armonía mutua del movimiento. La importancia de la flexibilidad se aprecia aquí fácilmente, ya que el cuidador no tiene ningún control, excepto en su forma de sentir el poder de los movimientos corporales, a los que cada caballo responderá de una manera distinta; incluso un caballo que nunca ha sido manejado, puede ser 'adiestrado' para cooperar. Los potros parecen disfrutar de estos juegos enormemente, en particular cuando el sistema de comunicación se hace más refinado y se exigen respuestas más rápidas. En el picadero, se obliga al caballo a dar vueltas y a centrar su atención en el adiestrador -no hay nada más a lo que atender- y es un recurso valioso para aquellos que entienden el concepto de espacio. El típico picadero de doma es demasiado grande para usar efectivamente estos métodos: la doma libre que se realiza en estos, usa la voz y la fusta bastante más que las señales corporales, alejado el caballo, es menos probable que responda a esas señales excepto a las de una persona experta.

PREMIOS, INCENTIVOS, AVERSIÓN Y CASTIGO
Lo que hace un caballo que está bajo coacción, lo hace ciegamente... Las realizaciones de caballo u hombre tratados así son exhibiciones de gestos torpes más que de gracia y belleza. Lo que necesitamos es que el caballo exhiba de propia iniciativa sus actitudes y pasos más elegantes de acuerdo a una serie de señales...
Estos son los caballos que montan los dioses y los héroes.

                                                      (Jenofonte, s. 400 a.C.)


La amenaza de estímulos aversivos es lo que les mantiene alerta... Un caballo se mueve cuando se le aplica una ligera presión con los talones, porque en su experiencia, si no, seguidamente recibe un fuerte taconazo ante la negativa de hacerlo.
                                                      (Potter y Yeates, 1977)

Por la manera en que se administran los premios y los castigos, se extraen conclusiones interesantes sobre el carácter y la mente del jinete.
                                                      (Podhajsky)

       Los premios, incentivos, aversión y castigo cambian la tendencia de un animal a la hora de repetir aquello que haya hecho.

       Los premios (refuerzo positivo) se deben aplicar durante o justo después de una acción; de esta forma, alientan al animal para repetirla. La forma de premiar más inmediata y obvia es la comida, aunque el exceso de golosinas les lleva a convertirse en caballos exigentes, malcriados, y a pedir en exceso. Como quiera que sea,
una vez que al caballo le gusta ser tocado, aprecia los premios en forma de palabras alegres, también rascándole el cuello de buena gana, especialmente si antes estaban relacionados con premios de comida. Un caballo amistoso trabaja duro para ganarse un premio, y es maravilloso ver su gozo y placer complaciendo a su adiestrador. Es muy triste que mucha gente no se dé cuenta de lo importante que puede ser premiar a un caballo, y en vez de alentar al caballo cuando ha hecho algo deseable, sólo castigan lo indeseable, de manera que el caballo está domado por el miedo. Un caballo así puede ser obediente como un robot, pero no es alegre, ni tampoco, como dijo Jenofonte, bello. Además, quizás no sea seguro bajo circunstancias que le aterran todavía más que el castigo de su jinete. La fe que ocasionalmente lleva al caballo a realizar actos verdaderamente valerosos, sólo existe en aquellos que han sido premiados, como las actitudes nobles y deseosas que da tanto placer ver.
      ¿Con qué frecuencia vemos, por ejemplo, un caballo que realiza salto tras salto sin recibir ningún premio por su esfuerzo, aunque es castigado rápidamente su error? La mayoría de nosotros nos volveríamos desagradables si fuésemos tratados así. Una palabra cariñosa cada vez que el caballo realiza un salto, le alentará más que una amenaza. También vemos jinetes dando palmadas a sus caballos cuando reciben la escarapela, lo que es inútil. Se le está recompensando por estar quieto.
      En el adiestramiento avanzado, la relajación es un gran premio. Si un caballo ha realizado una vez una acción difícil, el premio y la relajación son suficientes para hacerle repetir la próxima vez. Hay un peligro en 'practicar- continuamente una maniobra difícil, especialmente si se ha hecho sin premio, ya que después de un rato, el caballo decide que es inútil continuar. Así se crean muchas resistencias durante el entrenamiento.


       Los incentivos son ligeramente diferentes de los premios, ya que el caballo puede ver el premio antes de haber hecho nada. Son valiosos especialmente durante los primeros adiestramientos, porque enseñan al caballo a acercarse, a acudir cuando es llamado, a entrar en el remolque, etc. Los caballos que tienen miedo no pueden aceptar los incentivos, ya que sus bocas están muy tensas y sus mentes piensan en otras cosas; los caballos golosos harán cualquier cosa por estos incentivos; pero a algunos caballos no les preocupan en absoluto y permanecen fírmemente incorruptibles.
       Las golosinas. Dar golosinas, aunque sean bienintencionadas, son innecesarias y a menudo traen problemas. Es mejor hacerse amigo de un caballo siguiendo sus métodos naturales: estando relajado en su compañía, aseándole y hablándole de forma agradable.
      El tono de voz es inmensamente importante para un caballo, y podemos usarlo para premiarlo, animarlo, alertarlo o castigarlo. Es muy importante.


La aversión o evitación (refuerzo negativo) enseña al animal a alejarse de todo lo que pueda resultar desagradable, y se usa mucho en el adiestramiento. Muchos caballos son adiestrados sólo para evitar lo desagradable y aprenden a moverse con un ligero contacto, porque conocen la espuela y le tienen miedo, así como también a la fusta, al dolor en la boca y la pica eléctrica. Para muchas personas, ésta es la única forma de adiestrar, y les resulta difícil aceptar que existen otras: -La transición desde el condicionamiento de huida al condicionamiento de evitación es la verdadera base en el adiestramiento de caballos' (Fiske, How horses leam).
       Esto es falso, una verdadera falacia. Un gran número de caballos no han sido adiestrados de esta forma, y no son menos sensibles y atentos. Mientras más se use el refuerzo positivo -premio y relajación- menos necesaria será la aversión- y al contrario, mientras menos se use el premio, más necesaria se hace la aversión- de otra forma, el caballo no aprenderá nunca nada. Pero lo desagradable crea miedo el miedo crea tensión, la tensión incapacita al caballo para responder, y por eso se crea resistencia y el adiestramiento se convierte en una lucha desesperada peligrosa y desagradable. Mientras que un potro puede tener problemas, como por ejemplo no respondiendo al bocado, sino empujándolo hasta que se siente incómodo, el uso deliberado de la aversión como método de aprendizaje es innecesario y parece una expresión de lo peor de la naturaleza humana. Hay pocas cosas agradables en un caballo que está forzado por una obediencia temerosa.


Los métodos de refuerzo positivo alientan actitudes positivas;
Los métodos de refuerzo negativo crean actitudes negativas;

El castigo se confunde a menudo con la aversión, y con frecuencia se usa cuando no hace ningún bien. Puede resultar útil para desaprobar comportamientos desagradables que el caballo hace por sí mismo, como morder.
Pero son inútiles cuando intentamos enseñar a un caballo una nueva acción, en respuesta a una nueva ayuda: castigar una respuesta 'incorrecta' asusta y confunde al caballo, y es menos probable que coopere la próxima vez. (Una respuesta 'incorrecta' a una nueva ayuda se debe normalmente a una mala temporización. Si el caballo está relajado y preparado, realizará normalmente la acción, torpe pero correctamente. Si no lo está, entonces estará generalmente mal preparado, y el castigo no le preparará mejor). Un mal uso del castigo causa grandes resistencias durante el adiestramiento.
       Las palabras desagradables son un castigo para un caballo que está acostumbrado al premio, y la tensión que impregna invariablemente nuestros cuerpos cuando hablamos rudamente, es también muy desagradable para él. De ahí el valor del adiestramiento mediante premios: incluso cuando nuestras manos están ocupadas o
nos caemos, todavía podemos expresar nuestra desaprobación, y el caballo reflexionará y cambiará su plan. Un caballo adiestrado con castigos intentará escapar.
       Jenofonte dice: "Alentándole para que adopte las actitudes y gracias que naturalmente adopta cuando realiza una exhibición, ya has logrado lo que anhelabas -un caballo que disfruta siendo montado, un animal espléndido y vistoso, la alegría de todos los espectadores... La nobleza misma de los hombres se descubre de la mejor forma en el manejo gracioso de tales animales". Aquellos griegos montaban a pelo durante la guerra sobre pequeños sementales enérgicos. ¿Cuántos jinetes modernos lograrían lo mismo con caballos adiestrados en la aversión? En dos mil años ¿hemos retrocedido?

Actitudes: ¿sumisión, obediencia o responsabilidad?
    
Cuando un caballo "hace aquello que le es pedido", podemos percibirlo de diferentes formas: podemos decir que el caballo es sumiso a nuestra voluntad, que es obediente a nuestras órdenes, o que responde a nuestras señales. Cada una de estas actitudes afecta a nuestra manera de montar o adiestrar.
       La idea de sumisión, como la idea de la jerarquía de dominio basada en la agresión, lleva a dificultades. No es ésta la forma en la que los caballos conciben las relaciones, tal y como hemos visto. Ellos las conciben en términos de amistad, afinidad y señales. Es normalmente cuando existe competición cuando son sumisos, para huir de las amenazas de otros. ¿Es entonces la huida la base de nuestra relación? ¿Es la amenaza los cimientos de nuestra "armoniosa" relación? Para muchos adiestradores y caballos desafotunadamente sí. Esto es lo que hace que los caballos estén deseando librarse de la doma. Si se encara con cualquier 'rebelión', el adiestrador dominante no ve ninguna opción, sino tratar al caballo más duramente, para incrementar sus amenazas. Incluso cuando esta idea tiene éxito, produce un caballo derrotado, una bestia abúlica sin interés en su trabajo, sólo en evitar lo desagradable. Si se aplica la sumisión, debe ser en términos de atención, no de amenaza agresiva.
       La obediencia representa una línea de conducta mejor, ya que el adiestrador piensa igual en el premio como en el castigo y la aversión. Se enseña al caballo que si obedece todo estará bien, pero si desobedece no. La desventaja aquí es que no se le deja iniciativa al caballo. Es incapaz de pensar por sí mismo, se confunde o se agita cuando se encuentra con nuevos problemas. El adiestrador no siente responsabilidad al darse cuenta de las señales del caballo. Este proceso unilateral, una serie de órdenes, es mejor para una motocicleta que para un ser vivo, y de nuevo nos encontramos con que ésta no es la forma natural de entendimiento que poseen los caballos.
       Los caballos responden. Leen constantemente las señales de los demás, y son muy buenos haciendo esto. El adiestrador que piensa en términos de respuesta, se culpabiliza a sí mismo si el caballo no coopera y piensa en los errores que quizás esté cometiendo en sus señales, observa también las señales del caballo,.y es capaz
de hacer los ajustes necesarios cuando maneja tantas variables. Puede asimilar y desarrollar las ideas del caballo cuando quiere, sin tomarlo como un parón en la disciplina. El caballo, liberado de las presiones de un matón o de un sargento, se interesa por los problemas y agradece cualquier diligencia que le ayude a superarlos. No contraataca, ni se convierte en un autómata, sino que utiliza su mente y satisface uno de sus más grandes talentos, el de responder. Los dos primeros adiestradores que hemos descrito más arriba calificarían a un caballo así como 'sumiso' y 'obediente'; pero es probable que sea más sensible, más inteligente, y esté más interesado en la vida si adoptamos su actitud, más que si le forzamos, en contra de su propia inclinación, a adoptar una actitud ajena.

PROGRAMAS DE APRENDIZAJE
Cuando se imparten los primeros adiestramientos, la mayor parte del 'aprendizaje' se basa en la habituación: acostumbrarlo a ser manejado, a la silla, al filete y al peso del jinete. La habituación tiene lugar más efectivamente si la respuesta (miedo en este caso) es eliminada completamente en cada sesión y en repetidas
sesiones. Los caballos se habitúan más rápidamente a un nuevo estímulo si se rehabitúan primero a situaciones familiares, de manera que, para un potro, una serie apropiada de sesiones pasará por varias etapas, antes de introducir una nueva al final. Esto tiene dos ventajas adicionales:

       (a) consume el exceso de energía en etapas preliminares;
       (b) premia al caballo, con relajación, a cada adelanto.

       Las ayudas. Las simples ayudas para girar y parar, usando la piernas, el peso y las manos, son naturales para un caballo, ya que simplemente se mueve así para liberar la presión de distintas partes de su cuerpo, o para equilibrarse. No es tan evidente que se mueva hacia delante para librarse de la presión de las piernas del jinete, y aquí es mejor enseñar al caballo a moverse con la ayuda de la voz durante los primeros adiestramientos, y usarlo, al principio, junto con la presión de las piernas, o simplemente esperar hasta que el caballo inicia el movimiento adelante y aplicar la ayuda.

       Un caballo tenso no cede a la presión, sino que se resiste.
El 'aprendizaje' de ayudas simples es, normalmente, sólo un proceso para aprender a estar menos tenso. Un potro relajado responde perfecta y adecuadamente incluso la primera vez que es montado. Si ya ha sido premiado por ceder a la presión de la mano sobre diferentes partes de su cuerpo, estará bien preparado para esta idea. Al principio, los caballos demasiado mimados, oponen resistencia a esta presión.
       La forma de las ayudas depende del estilo de monta que se favorezca. El punto de presión determina qué parte del cuerpo del caballo debe moverse. La norma absoluta aquí es que las ayudas deben ser siempre las mismas. Cuando un caballo tiene que comportarse de formas diferentes porque es adiestrado para realizar distintos trabajos, un cambio completo de Gestait le ayuda inmensamente: un lugar distinto, una serie diferente de línea de conducta, un bocado diferente.
       La psicóloga Moyra Williams adiestró caballos de salto que compitieron con éxito sin utilizar la brida, simplemente aplicando presión con la mano sobre la cruz.
       En el adiestramiento avanzado aprenden a responder a las ayudas que son menos naturales y obvias que las básicas. Investigadores de la Universidad de Texas encontraron que en este tipo de aprendizaje verdadero (los caballos eran enseñados a retroceder con una señal de la mano, para evitar una descarga eléctrica), los caballos aprendían en pocas sesiones semanales antes que en muchas diarias: por término medio, aprendían perfectamente en 18 sesiones diarias, mientras que sólo necesitaban 7 si éstas eran semanales. Si recordamos la tendencia del potro al aburrimiento, que le lleva a una resistencia juguetona, podemos reducir seguramente a una o dos por semana nuestras sesiones de adiestramiento para aprender movimientos difíciles, y dedicar el resto del tiempo a disfrutar, a la relajación y a la flexibilidad, sabiendo que el caballo aprenderá igual de rápido, si no más. Si incrementamos el número de técnicas de adiestramiento a nuestra disposición, y usamos un poco de imaginación para que las sesiones de adiestramiento sean siempre variadas, lograremos superar también el problema de las aburridas repeticiones.
       La idea 'aprendiendo a aprender' es importante. Los animales jóvenes de todo tipo tienen una gran capacidad para aprender (su amor por la exploración puede ser concebido como una especie de ansia de sensaciones nuevas), y mientras más aprendan, mejor serán después en el aprendizaje. En la vida salvaje, los caballos tienen gran cantidad de oportunidades y se vuelven muy despiertos; pero los potros criados en domesticidad en las mismas condiciones invariables, están a menudo privados de cualquier oportunidad para aprender. 'No puedes hacer nada con él hasta que no tiene tres años', afirma una mala interpretación popular. Quizás no podamos montarlo, pero podemos incluirlo en juegos y acertijos que le interesen y mantengan alerta su brillante mente joven. No debe necesariamente aprender algo que le sea de utilidad en su vida posterior: el hecho de aprender ya es importante.
       La variedad es su esencia. Repetir lo mismo no es aprender. ¿Quién esperaría que un niño resolviese un problema inteligentemente, si durante años sólo ha estado repitiendo sus tablas de multiplicar y nada más? Debería enseñarse al potro algo nuevo en cada adiestramiento.

 

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Fuente (La mente del caballo) Lucy Rees.
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