| LOS CABALLOS Y LAS PERSONAS |
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Si
este caballo tiene tantas ganas de jugar, claro que va a dar problemas
si es montado inmediatamente. Es mejor dejarlo jugar, revolcarse
y quitar sus tensiones por una media hora. dar cuerda no va a darle
la libertad de movimientos que necesita, ni la oportunidad de flexionarse
como está haciendo.
Algunos caballos tienen, naturalmente, mucha más energía
que otros. Los caballos árabes y los sementales, ambos famosos
por su dinamismo, son propensos a ser explosivos o histéricos,
típico de un animal sobrecargado de energía. Castigar
o intentar reprimir estados de ánimo demasiados excitados
no lleva a nada bueno; si el caballo está demasiado excitado
para ser montado, entonces se puede permitir que corra y juegue
libre o darle cuerda a su aire durante media hora en el picadero.
Las explosiones repentinas de energía y juego deben encontrar
una vía de escape, si no se volverá en contra del
adiestrador: intentar inmovilizar un caballo es peor que dejarle
gastar su energía hasta que ésta disminuya a proporciones
dóciles.
El tiempo atmosférico
también afecta dramáticamente a los niveles de energía.
Hacia dónde
se dirige la energía es tan importante como la cantidad.
Cuando montamos un
caballo es especialmente importante pensar en la dirección
y la intensidad de la energía del
caballo/ porque, para mayor eficacia y control, el caballo se moverá
libremente hacia adelante con
los corvejones metidos. Un caballo apoyado en el filete (a menudo
contra una mano insensible),
se vuelve terco y descarga su energía en el suelo; un caballo
que está por encima o detrás del
bocado, arquea su lomo hacia abajo en vez de hacia arriba, y no
puede colocar sus corvejones
bajo sí.
Espacio
Un caballo 'domado'
es aquel que: acepta que las personas entren en su espacio personal
(distancia individual); acepta a una persona sobre su lomo o un
carro detrás de él; y está lo suficientemente
relajado como para ceder a la presión antes que para combatirla.
Aunque es posible forzar
a un caballo para que acepte la presencia cercana de una persona,
arrinconándolo y manejándolo hasta que su terror desaparece,
este caballo no estará verdaderamente domado, ya que cuando
tenga una oportunidad, establecerá su distancia individual
entre él y su cuidador. La invasión forzada del espacio
personal de un caballo le da motivos suficientes para defenderse
de acuerdo a su sistema: cuando esté suelto, entonces se
alejará. Pero cuando no pueda hacer esto, entonces se girará
y coceará. A menos que el caballo haya aceptado voluntariamente
a una persona cerca de él, se ofenderá por este hecho
y por ser retenido para el resto de su vida, aunque haya aprendido,
que una vez retenido, se debe comportar de cierta forma, porque
si no, será castigado.
Otro tema diferente es
cuando un caballo invita a las personas dentro de su espacio personal,
porque una vez que hemos sido aceptados, nos tratará de acuerdo
con su sistema social: esto es, nos imitará, nos aceptará
como líderes, y tolerará casi cualquier cosa que hagamos,
aunque al principio parezca un poco extraña.
Domando caballos salvajes o caballos cerriles, este principio es
especialmente importante.
Un caballo salvaje tiene
dos líneas que no permitirá que crucemos: el límite
de su área de huida, y el límite de su espacio personal.
En un establo grande o picadero,
el caballo tiene una limitada libertad para huir, y se le puede
permitir correr hasta que acepte que una persona tranquila no representa
una amenaza, incluso aunque esté dentro de su distancia de
huida: cuando se aburre de huir empieza la habituación. Hasta
que el caballo no está lo suficientemente relajado para comer
o asearse con una persona dentro de su espacio de huida, no está
preparado para un contacto más cercano.
Sólo podemos entrar
en el espacio personal de un caballo si éste nos lo permite,
y a menos que sea atrevido, curioso o lo suficientemente solitario
como para aproximarse por sí mismo (lo que es extraño),
entonces los incentivos son imprescindibles. Mientras que alimentarles
demasiado con la mano puede crear problemas, es, al menos por un
corto espacio de tiempo, el único incentivo lo suficientemente
fuerte para hacer que el caballo cruce el inmenso obstáculo
que hay entre sí mismo y ese pequeño animal tan desconocido,
cuya presencia ha representado siempre miedo y posiblemente dolor.
Si se mantiene hambriento a un caballo aislado, y no se le permite
comer hasta que se acerque, aprende rápidamente a acercarse,
y una vez que está a nuestro alcance, podemos usar las señales
de amistad que el caballo conoce; aseo mutuo: rascarles y acariciarles.
Una vez que se establece la amistad, no dejará que nos marchemos,
y cuando podamos manejarlo, lo domaremos con cabezada como a cualquier
otro caballo normal. De esta forma, podrá ser liberado de
su confinamiento.
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Este caballo de doma vaquera
Doc's Oak muestra una apreciación soberbia del espacio y
del tiempo mientras gira y embiste con la cabeza a una vaca separándola
del grupo, El jinete, Tom Lyons, no hace ningún intento para
dirigir al caballo, el cual conduce a la vaca por sí mismo,
manteniéndola a distancia y bloqueando su camino con giros
veloces y embestidas, Aunque estos caballos están cuidadosamente
enseñados para pararse y girar rápidamente con los
corvejones metidos, el adiestramiento no le da a un caballo el talento
para manejar el ganado efectivamente;
debe tener el instinto vaquero, o no mostrará ningún
interés. Tal y como dijo un adiestrador: "Se vuelve
loco cuando una vaca invade su espacio". El instinto vaquero
parece ser una característica en parte heredada. Los caballos
que no tienen talento, se dedican para otras especialidades.
Un
caballo que acepta francamente a una persona dentro de su distancia
individual, está dispuesto para ser montado, excepto por
la novedad y sorpresa que supone esta peregrina idea. Los días
sentados sobre pilas de forraje, esperando que el caballo se acerque
no son en vano: puede transcurrir un mes hasta que el caballo
tenga a bien ver y acercarse a una persona, levante sus patas
y podamos rascar su grupa. Cuando esto se consigue sin tensión,
entonces puede ser domado con cabezada, salir a pasear al exterior
y montado en pocos días con total seguridad. Los caballos
que han sido retenidos a la fuerza, rara vez son seguros hasta
después de varias semanas de monta. Cada vez que se alarman,
intentan escapar de la presencia humana una vez más. Un
caballo que acepta a las personas, aunque sea inexperto, confía
en su jinete e intenta quedarse lo más cerca posible de
él cuando hay peligro. Los caballos 'salvajes' están
mucho menos asustados del mundo exterior que los potros domésticos
criados en reclusión.
Un caballo más
viejo que rechaza ser cogido debe ser atraído, si es necesario
mediante comida, a acercase. Arrinconándole no se consigue
eliminar su actitud reacia, incluso cuando no puede escapar.
El concepto de espacio
es también valioso en la doma libre, ya que cuando extendemos
una mano o una fusta, estamos extendiendo nuestra zona personal
en determinadas direcciones para mover al caballo y hacer que
se gire. Un caballo muy amigable quizás abandone su idea
del espacio y no se aleje; en ese caso, podemos adoptar posturas
características que recreen el límite entre nosotros,
haciéndonos temporalmente inaceptables: agitando una lata
de metal, haciendo restallar una fusta, haciendo ruidos extraños
o incluso llevando sombreros estrambóticos. Es mejor evitar
pegar al caballo con la fusta.
Espacio
y doma libre
En los Estados
Unidos, donde los vaqueros domaban tradicionalmente a los caballos
de forma violenta dentro de un picadero redondo, algunas personas
han desarrollado, independientemente, sistemas de primera doma
y adiestramiento mas natural en tales picaderos, que usan el concepto
de espacio del caballo y las señales para crear un nivel
más elevado en la doma libre.
El Dr. McCall, que imparte
clases en la Universidad de Maryland, utiliza los movimientos
del cuerpo para controlar los movimientos de un potro: una acción
rígida, tensa, de embestida, como la arremetida con la
cabeza, dirigida a los cuartos traseros del caballo, aumenta su
paso, ya que es una señal de amenaza desde atrás;
la misma señal dirigida a la cara del caballo imita el
rechazo que un caballo hace a otro, haciéndole pararse,
girar o recular (ver Hamilton). Estas señales corporales
simples y naturales son fácilmente entendidas por un potro
si se ha criado en grupo y no ha sido mimado en exceso. Para llamar
al caballo hacia adentro, el adiestrador abandona su postura agresiva
y se queda relajado, incluso agachándose si es necesario.
Se pueden conseguir toda clase de refinamientos usando los conceptos
del espacio-burbuja, la amenaza, los movimientos suaves, y las
actitudes contagiosas.
Las ayudas de la voz son también enormemente útiles:
los silbidos, combinados con una mano dirigida a la cabeza del
caballo, producen elevación del paso sin incrementar la
velocidad.
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Las personas también
entran dentro del sistema-espacio del caballo. Arriba: el hombre de la
izquierda, que pasa por el lado del caballo cerril sin mirarlo,
no entra en su distancia de huida.
Pero cuando se gira y lo mira, el caballo se siente amenazado
y huye para mantener su distancia de huida entre los dos.
Abajo: Dando cuerda, cuando blandimos
la fusta, estamos extendiendo nuestro espacio personal de forma
que invade el del caballo, amenazándole suavemente. La
persona de la izquierda está en posición correcta;
aunque al caballo le gustaría moverse en dirección
a la cuerda, ella le está reteniendo, así que se
mueve hacia adelante. La persona de la derecha está demasiado
detrás del caballo, y la cuerda está en un ángulo
desde el que no puede controlar bien al caballo: está a
punto de levantar la cabeza y embestir en la dirección
que la fusta le indica que se mueva, alejándose de ésta.
Si dejase la fusta, ya no le estaría amenazando y estaría
en mejor situación.
Estos métodos (hay variaciones)
usan las señales del caballo y los sentimientos naturales
para conseguir un nivel más alto de cooperación
y sensibilidad en la armonía mutua del movimiento. La importancia
de la flexibilidad se aprecia aquí fácilmente, ya
que el cuidador no tiene ningún control, excepto en su
forma de sentir el poder de los movimientos corporales, a los
que cada caballo responderá de una manera distinta; incluso
un caballo que nunca ha sido manejado, puede ser 'adiestrado'
para cooperar. Los potros parecen disfrutar de estos juegos enormemente,
en particular cuando el sistema de comunicación se hace
más refinado y se exigen respuestas más rápidas.
En el picadero, se obliga al caballo a dar vueltas y a centrar
su atención en el adiestrador -no hay nada más a
lo que atender- y es un recurso valioso para aquellos que entienden
el concepto de espacio. El típico picadero de doma es demasiado
grande para usar efectivamente estos métodos: la doma libre
que se realiza en estos, usa la voz y la fusta bastante más
que las señales corporales, alejado el caballo, es menos
probable que responda a esas señales excepto a las de una
persona experta. PREMIOS, INCENTIVOS, AVERSIÓN
Y CASTIGO
Lo que hace un caballo que está bajo coacción,
lo hace ciegamente... Las realizaciones de caballo u hombre tratados
así son exhibiciones de gestos torpes más que de
gracia y belleza. Lo que necesitamos es que el caballo exhiba
de propia iniciativa sus actitudes y pasos más elegantes
de acuerdo a una serie de señales...
Estos son los caballos que montan los dioses y los héroes.
(Jenofonte,
s. 400 a.C.)
La amenaza de estímulos aversivos es lo que les mantiene
alerta... Un caballo se mueve cuando se le aplica una ligera presión
con los talones, porque en su experiencia, si no, seguidamente
recibe un fuerte taconazo ante la negativa de hacerlo.
(Potter
y Yeates, 1977)
Por la manera en que se administran los premios y los castigos,
se extraen conclusiones interesantes sobre el carácter
y la mente del jinete.
(Podhajsky)
Los premios, incentivos,
aversión y castigo cambian la tendencia de un animal a
la hora de repetir aquello que haya hecho.
Los
premios (refuerzo positivo) se deben aplicar durante o justo después
de una acción; de esta forma, alientan al animal para repetirla.
La forma de premiar más inmediata y obvia es la comida,
aunque el exceso de golosinas les lleva a convertirse en caballos
exigentes, malcriados, y a pedir en exceso. Como quiera que sea,
una vez que al caballo le gusta ser tocado, aprecia los premios
en forma de palabras alegres, también rascándole
el cuello de buena gana, especialmente si antes estaban relacionados
con premios de comida. Un caballo amistoso trabaja duro para ganarse
un premio, y es maravilloso ver su gozo y placer complaciendo
a su adiestrador. Es muy triste que mucha gente no se dé
cuenta de lo importante que puede ser premiar a un caballo, y
en vez de alentar al caballo cuando ha hecho algo deseable, sólo
castigan lo indeseable, de manera que el caballo está domado
por el miedo. Un caballo así puede ser obediente como un
robot, pero no es alegre, ni tampoco, como dijo Jenofonte, bello.
Además, quizás no sea seguro bajo circunstancias
que le aterran todavía más que el castigo de su
jinete. La fe que ocasionalmente lleva al caballo a realizar actos
verdaderamente valerosos, sólo existe en aquellos que han
sido premiados, como las actitudes nobles y deseosas que da tanto
placer ver.
¿Con qué frecuencia
vemos, por ejemplo, un caballo que realiza salto tras salto sin
recibir ningún premio por su esfuerzo, aunque es castigado
rápidamente su error? La mayoría de nosotros nos
volveríamos desagradables si fuésemos tratados así.
Una palabra cariñosa cada vez que el caballo realiza un
salto, le alentará más que una amenaza. También
vemos jinetes dando palmadas a sus caballos cuando reciben la
escarapela, lo que es inútil. Se le está recompensando
por estar quieto.
En el adiestramiento avanzado,
la relajación es un gran premio. Si un caballo ha realizado
una vez una acción difícil, el premio y la relajación
son suficientes para hacerle repetir la próxima vez. Hay
un peligro en 'practicar- continuamente una maniobra difícil,
especialmente si se ha hecho sin premio, ya que después
de un
rato, el caballo decide que es inútil continuar. Así
se crean muchas resistencias durante el entrenamiento.
Los
incentivos son ligeramente diferentes de los premios,
ya que el caballo puede ver el premio antes de haber hecho nada.
Son valiosos especialmente durante los primeros adiestramientos,
porque enseñan al caballo a acercarse, a acudir cuando
es llamado, a entrar en el remolque, etc. Los caballos que tienen
miedo no pueden aceptar los incentivos, ya que sus bocas están
muy tensas y sus mentes piensan en otras cosas; los caballos golosos
harán cualquier cosa por estos incentivos; pero a algunos
caballos no les preocupan en absoluto y permanecen fírmemente
incorruptibles.
Las golosinas. Dar
golosinas, aunque sean bienintencionadas, son innecesarias y a
menudo traen problemas. Es mejor hacerse amigo de un caballo siguiendo
sus métodos naturales: estando relajado en su compañía,
aseándole y hablándole de forma agradable.
El tono
de voz es inmensamente importante para un
caballo, y podemos usarlo para premiarlo, animarlo, alertarlo
o castigarlo. Es muy importante.
La
aversión o evitación (refuerzo
negativo) enseña
al animal a alejarse de todo lo que pueda resultar desagradable,
y se usa mucho en el adiestramiento. Muchos caballos son adiestrados
sólo para evitar lo desagradable y aprenden a moverse con
un ligero contacto, porque conocen la espuela y le tienen miedo,
así como también a la fusta, al dolor en la boca
y la pica eléctrica. Para muchas personas, ésta
es la única forma de adiestrar, y les resulta difícil
aceptar que existen otras: -La transición desde el condicionamiento
de huida al condicionamiento de evitación es la verdadera
base en el adiestramiento de caballos' (Fiske, How horses leam).
Esto es falso, una verdadera
falacia. Un gran número de caballos no han sido adiestrados
de esta forma, y no son menos sensibles y atentos. Mientras más
se use el refuerzo positivo -premio y relajación- menos
necesaria será la aversión- y al contrario, mientras
menos se use el premio, más necesaria se hace la aversión-
de otra forma, el caballo no aprenderá nunca nada. Pero
lo desagradable crea miedo el miedo crea tensión, la tensión
incapacita al caballo para responder, y por eso se crea resistencia
y el adiestramiento se convierte en una lucha desesperada peligrosa
y desagradable. Mientras que un potro puede tener problemas, como
por ejemplo no respondiendo al bocado, sino empujándolo
hasta que se siente incómodo, el uso deliberado de la aversión
como método de aprendizaje es innecesario y parece una
expresión de lo peor de la naturaleza humana. Hay pocas
cosas agradables en un caballo que está forzado por una
obediencia temerosa.
Los métodos de refuerzo
positivo alientan actitudes positivas;
Los métodos de refuerzo negativo crean actitudes negativas;
El
castigo se confunde a menudo con la aversión,
y con frecuencia se usa cuando no hace ningún bien. Puede
resultar útil para desaprobar comportamientos desagradables
que el caballo hace por sí mismo, como morder.
Pero son inútiles cuando intentamos enseñar a un caballo
una nueva acción, en respuesta a una nueva ayuda: castigar
una respuesta 'incorrecta' asusta y confunde al caballo, y es menos
probable que coopere la próxima vez. (Una respuesta 'incorrecta'
a una nueva ayuda se debe normalmente a una mala temporización.
Si el caballo está relajado y preparado, realizará
normalmente la acción, torpe pero correctamente. Si no lo
está, entonces estará generalmente mal preparado,
y el castigo no le preparará mejor). Un mal uso del castigo
causa grandes resistencias durante el adiestramiento.
Las palabras desagradables
son un castigo para un caballo que está acostumbrado al premio,
y la tensión que impregna invariablemente nuestros cuerpos
cuando hablamos rudamente, es también muy desagradable para
él. De ahí el valor del adiestramiento mediante premios:
incluso cuando nuestras manos están ocupadas o
nos caemos, todavía podemos expresar nuestra desaprobación,
y el caballo reflexionará y cambiará su plan. Un caballo
adiestrado con castigos intentará escapar.
Jenofonte dice: "Alentándole
para que adopte las actitudes y gracias que naturalmente adopta
cuando realiza una exhibición, ya has logrado lo que anhelabas
-un caballo que disfruta siendo montado, un animal espléndido
y vistoso, la alegría de todos los espectadores... La nobleza
misma de los hombres se descubre de la mejor forma en el manejo
gracioso de tales animales". Aquellos griegos montaban a pelo
durante la guerra sobre pequeños sementales enérgicos.
¿Cuántos jinetes modernos lograrían lo mismo
con caballos adiestrados en la aversión? En dos mil años
¿hemos retrocedido?
Actitudes: ¿sumisión,
obediencia o responsabilidad?
Cuando un
caballo "hace aquello que le es pedido", podemos percibirlo
de diferentes formas: podemos decir que el caballo es sumiso a
nuestra voluntad, que es obediente a nuestras órdenes,
o que responde a nuestras señales. Cada una de estas actitudes
afecta a nuestra manera de montar o adiestrar.
La idea de sumisión,
como la idea de la jerarquía de dominio basada en la agresión,
lleva a dificultades. No es ésta la forma en la que los
caballos conciben las relaciones, tal y como hemos visto. Ellos
las conciben en términos de amistad, afinidad y señales.
Es normalmente cuando existe competición cuando son sumisos,
para huir de las amenazas de otros. ¿Es entonces la huida
la base de nuestra relación? ¿Es la amenaza los
cimientos de nuestra "armoniosa" relación? Para
muchos adiestradores y caballos desafotunadamente sí. Esto
es lo que hace que los caballos estén deseando librarse
de la doma. Si se encara con cualquier 'rebelión', el adiestrador
dominante no ve ninguna opción, sino tratar al caballo
más duramente, para incrementar sus amenazas. Incluso cuando
esta idea tiene éxito, produce un caballo derrotado, una
bestia abúlica sin interés en su trabajo, sólo
en evitar lo desagradable. Si se aplica la sumisión, debe
ser en términos de atención, no de amenaza agresiva.
La obediencia representa
una línea de conducta mejor, ya que el adiestrador piensa
igual en el premio como en el castigo y la aversión. Se
enseña al caballo que si obedece todo estará bien,
pero si desobedece no. La desventaja aquí es que no se
le deja iniciativa al caballo. Es incapaz de pensar por sí
mismo, se confunde o se agita cuando se encuentra con nuevos problemas.
El adiestrador no siente responsabilidad al darse cuenta de las
señales del caballo. Este proceso unilateral, una serie
de órdenes, es mejor para una motocicleta que para un ser
vivo, y de nuevo nos encontramos con que ésta no es la
forma natural de entendimiento que poseen los caballos.
Los caballos responden.
Leen constantemente las señales de los demás, y
son muy buenos haciendo esto. El adiestrador que piensa en términos
de respuesta, se culpabiliza a sí mismo si el caballo no
coopera y piensa en los errores que quizás esté
cometiendo en sus señales, observa también las señales
del caballo,.y es capaz
de hacer los ajustes necesarios cuando maneja tantas variables.
Puede asimilar y desarrollar las ideas del caballo cuando quiere,
sin tomarlo como un parón en la disciplina. El caballo,
liberado de las presiones de un matón o de un sargento,
se interesa por los problemas y agradece cualquier diligencia
que le ayude a superarlos. No contraataca, ni se convierte en
un autómata, sino que utiliza su mente y satisface uno
de sus más grandes talentos, el de responder. Los dos primeros
adiestradores que hemos descrito más arriba calificarían
a un caballo así como 'sumiso' y 'obediente'; pero es probable
que sea más sensible, más inteligente, y esté
más interesado en la vida si adoptamos su actitud, más
que si le forzamos, en contra de su propia inclinación,
a adoptar una actitud ajena.
PROGRAMAS
DE APRENDIZAJECuando se imparten
los primeros adiestramientos, la mayor parte del 'aprendizaje'
se basa en la habituación: acostumbrarlo a ser manejado,
a la silla, al filete y al peso del jinete. La habituación
tiene lugar más efectivamente si la respuesta (miedo en
este caso) es eliminada completamente en cada sesión y
en repetidas
sesiones. Los caballos se habitúan más rápidamente
a un nuevo estímulo si se rehabitúan primero a situaciones
familiares, de manera que, para un potro, una serie apropiada
de sesiones pasará por varias etapas, antes de introducir
una nueva al final. Esto tiene dos ventajas adicionales:
(a) consume el exceso de energía en etapas preliminares;
(b) premia al caballo, con relajación, a cada adelanto.
Las
ayudas. Las simples ayudas para girar y parar, usando la
piernas, el peso y las manos, son naturales para un caballo, ya
que simplemente se mueve así para liberar la presión
de distintas partes de su cuerpo, o para equilibrarse. No es tan
evidente que se mueva hacia delante para librarse de la presión
de las piernas del jinete, y aquí es mejor enseñar
al caballo a moverse con la ayuda de la voz durante los primeros
adiestramientos, y usarlo, al principio, junto con la presión
de las piernas, o simplemente esperar hasta que el caballo inicia
el movimiento adelante y aplicar la ayuda.
Un
caballo tenso no cede a la presión, sino que se resiste.
El 'aprendizaje' de ayudas simples es, normalmente, sólo
un proceso para aprender a estar menos tenso. Un potro relajado
responde perfecta y adecuadamente incluso la primera vez que es
montado. Si ya ha sido premiado por ceder a la presión
de la mano sobre diferentes partes de su cuerpo, estará
bien preparado para esta idea. Al principio, los caballos
demasiado mimados, oponen resistencia a esta presión.
La forma de las ayudas depende
del estilo de monta que se favorezca. El punto de presión
determina qué parte del cuerpo del caballo debe moverse.
La norma absoluta aquí es que las ayudas deben ser siempre
las mismas. Cuando un caballo tiene que comportarse de formas
diferentes porque es adiestrado para realizar distintos trabajos,
un cambio completo de Gestait le ayuda inmensamente: un lugar
distinto, una serie diferente de línea de conducta, un
bocado diferente.
La psicóloga Moyra
Williams adiestró caballos de salto que compitieron con
éxito sin utilizar la brida, simplemente aplicando presión
con la mano sobre la cruz.
En el adiestramiento
avanzado aprenden a responder a las ayudas que son menos
naturales y obvias que las básicas. Investigadores de la
Universidad de Texas encontraron que en este tipo de aprendizaje
verdadero (los caballos eran enseñados a retroceder con
una señal de la mano, para evitar una descarga eléctrica),
los caballos aprendían en pocas sesiones semanales antes
que en muchas diarias: por término medio, aprendían
perfectamente en 18 sesiones diarias, mientras que sólo
necesitaban 7 si éstas eran semanales. Si recordamos la
tendencia del potro al aburrimiento, que le lleva a una resistencia
juguetona, podemos reducir seguramente a una o dos por semana
nuestras sesiones de adiestramiento para aprender movimientos
difíciles, y dedicar el resto del tiempo a disfrutar, a
la relajación y a la flexibilidad, sabiendo que el caballo
aprenderá igual de rápido, si no más. Si
incrementamos el número de técnicas de adiestramiento
a nuestra disposición, y usamos un poco de imaginación
para que las sesiones de adiestramiento sean siempre variadas,
lograremos superar también el problema de las aburridas
repeticiones.
La idea 'aprendiendo
a aprender' es importante. Los animales jóvenes de
todo tipo tienen una gran capacidad para aprender (su amor por
la exploración puede ser concebido como una especie de
ansia de sensaciones nuevas), y mientras más aprendan,
mejor serán después en el aprendizaje. En la vida
salvaje, los caballos tienen gran cantidad de oportunidades y
se vuelven muy despiertos; pero los potros criados en domesticidad
en las mismas condiciones invariables, están a menudo privados
de cualquier oportunidad para aprender. 'No puedes hacer nada
con él hasta que no tiene tres años', afirma una
mala interpretación popular. Quizás no podamos montarlo,
pero podemos incluirlo en juegos y acertijos que le interesen
y mantengan alerta su brillante mente joven. No debe necesariamente
aprender algo que le sea de utilidad en su vida posterior: el
hecho de aprender ya es importante.
La variedad es su esencia.
Repetir lo mismo no es aprender. ¿Quién esperaría
que un niño resolviese un problema inteligentemente, si
durante años sólo ha estado repitiendo sus tablas
de multiplicar y nada más? Debería enseñarse
al potro algo nuevo en cada adiestramiento.
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