| LOS CABALLOS Y LAS PERSONAS |
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Caballos
para un combate,
camellos para el desierto,
bueyes para la pobreza.
(Proverbio sahariano) |
Las
personas llevan relacionándose con los caballos desde hace
más de cinco mil años.
A lo largo de diferentes civilizaciones y sociedades, y según
han cambiado sus actitudes y formas de tratamiento, así ha
cambiado también su postura hacia los caballos. Para los
primeros nómadas que los domaron, los caballos eran animales
úitiles como bestias de carga, pero a medida que aumentaron
su tamaño gracias a la cría, se convirtieron también
en animales de monta. Pero más allá de su utilidad,
los caballos nos han tocado siempre nuestro lado espiritual, y en
muchas sociedades su belleza, gracia, coraje y fuerza los convirtieron
en símbolo de adorada nobleza, e incluso fueron sacrificados
como bienes divinos. Desde entonces, los caballistas han estado
fascinados por la idea de crear una armonía entre dos especies
tan divergentes, pero que debían unirse con el mismo fin
e impulso para conseguir beneficio y placer mutuo.
La permeabilidad del caballo
nos ha dotado de un espejo en el que reflejar nuestras ideas, ambiciones
y filosofía, mientras que su vida emocional, igual de intensa
y poderosa que la nuestra, aunque no tengan el poder de razonar,
ha reflejado de manera similar nuestra personalidad y carácter.
Los salvajes caballistas escitianos
del antiguo Oriente exultaron la súbita diligencia de sus
incursiones a caballo, mientras que los primeros agricultores los
utilizaron por su potencia muscular. Les era útil para la
cosecha y el comercio. El autor del Libro de Job vio al caballo
como el reflejo del poder y la gloria de Dios; los musulmanes afirman
que `con cada grano de cebada que damos a un caballo se reflejara
en el libro de los buenos actos de Allah'. Los taoístas chinos,
quienes entendieron y sintieron la corriente y unidad de los procesos
naturales y el extravío, del género humano, del Camino,
usaron el tratamiento del caballo para ejemplificar su filosofía
de la armonía; Poh Loh, con su
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arrogancia, está en
contra de 'la naturaleza real de los caballos', corrompiéndolos
y destruyéndolos. La comprensión tiene éxito
allí donde no lo tiene la fuerza: "Lo más dúctil
puede vencer a lo más duro", dice Lao Tzu, lo que podría
ser descripción de dos jinetes: "El hombre más
poderoso no se muestra como poseedor del poder; por eso mantiene
su poder. El hombre con menos poder aparenta que
tiene poder; por eso en verdad no tiene poder".
Para otros, el caballo,
al igual que las personas, era un objeto a conquistar, reprimir
y dominar: las especies pacificas se convirtieron en el mejor instrumento
para el desarrollo de la guerra. Ya Jenofonte, el asombroso y exitoso
general griego, personificó los ideales de su civilización
cuando escribió sobre la doma del caballo en el 400 a.C.:
"Todo aquello que es forzado y malentendido no puede nunca
ser bello", citando a su antecesor Simón de Atenas:
"Si un bailarín fuese forzado a bailar con un látigo
y una punta de hierro, no sería más bello que un caballo
entrenado bajo circunstancias similares". Desafortunadamente,
esta equitación clásica, la cual da prioridad a la
gracia antes que a un gran logro por la fuerza, se ha perdido, como
otras muchas actitudes ilustrativas en el Medievo, hasta que volvieron
a resurgir en la Francia del siglo dieciocho. Cuando las batallas
interminables de los que ambicionaban el poder desgarraron Europa
y destruyeron a sus ciudadanos, 'enseñando al caballo quién
era el jefe', también destruyeron muchos caballos. Sin embargo,
había trabajadores, orgullosos de su trabajo y de sus caballos,
artistas ecuestres fascinados por la armonía que se podía
conseguir, o simplemente propietarios de caballos, que mantuvieron
la noble tradición clásica por el puro placer de disfrutar
con un buen caballo.
Durante el siglo XX, en el mundo Occidental, ha habido pocos trabajos
o guerras en los que han participado los caballos, pero los usos
que hacemos de ellos todavía reflejan nuestra codicia, necesidades
y placeres: como fuente de ingresos gracias a la cría, doma,
comercio y demás, para ganar premios por dinero, como
gratificación personal, como reconocimiento de algún
ideal de perfección, por el interés obligado de comunicamos
con una vida extraña, o como compañeros y amigos.
Del mismo modo que cambian nuestros propósitos e ideales,
también cambian los métodos de equitación,
y abunda una plétora confusa de dogmas. Sin embargo, el denominador
común en la equitación es el ideal de armonía,
y mientras que hay formas reconocidas y bien documentadas sobre
cómo conseguir el equilibrio, la flexibilidad y la salud,
que son esenciales para la coordinación física entre
caballo y jinete, persiste el problema de la armonía psíquica.
El prácticamente perdido arte de escuchar es el más
cercano a la Eternidad.
(Yeats)
Cualquier acción que realicemos con
un caballo implica una relación en dos direcciones, no una
relación unidireccional. El jinete experto de adiestramiento,
aquél que exige al caballo atención completa, no es
meramente un experto dando órdenes, sino un experto escuchando
al caballo. Debe estar tan atento a las señales del caballo
como el caballo lo está de las suyas. Canalizar las energías
físicas y sicológicas del caballo, en la dirección
que queremos, requiere un reconocimiento y respeto por las fuerzas
del caballo.
Entonces, ¿cómo
acepta un caballo la doma y el adiestramiento?
CÓMO
ACEPTA UN CABALLO EL ADIESTRAMIENTO?
Pero
lo peor de todo viene una vez que me han colocado el arnés,
no puedo saltar de alegría ni tampoco tumbarme de cansancio.
Entonces ves que esta enseñanza es una carga muy pesada.
(Anna Seweil, Black Beauty)
Desgraciadamente, todo lo que queremos hacer con un caballo va en
contra de sus ideas naturales de supervivencia.
| El programa de supervivencia
de un caballo: |
Nuestro programa: |
| no a una presencia extraña sobre
el lomo |
montar |
| no a extraños en la zona ciega |
caminamos por detrás o los guiamos |
| huir si hay motivo de alarma |
no está permitido |
| los pies deben estar libres |
los cogemos, limpiamos y herramos |
| no dejarse atrapar |
los encerramos |
| mantener la cabeza libre |
los atamos, los restringimos |
| acompañarse de otros caballos |
los reprimimos |
| interactuar con los demás |
los reprimimos |
| desgastar energía jugando |
los reprimimos |
| explorar, inspeccionar |
a menudo los reprimimos |
| asearse a sí mismo y a los amigos |
los reprimimos cuando los manejamos |
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Cuando conseguimos estos
propósitos, deseamos conseguir cosas más antinaturales
y absurdas: nos lanzamos ciegamente sobre obstáculos bobos
y fáciles de evitar haciendo peligrar los pies del caballo;
les hacemos dar más y más vueltas, sin llegar nunca
a ningún sitio; o perseguimos pelotas corriendo por los campos.
A pesar de todo los caballos salvajes se doman completamente, y
están, no sólo deseosos de tolerar nuestra estupidez,
sino también muy interesados en nuestros esquemas, cuando
ponemos en práctica algunos principios:
1.
Habituación, con la que acostumbramos al caballo a
hacer aquello que queremos en etapas graduales, recordando que numerosas
y repetidas exposiciones a un estímulo son más efectivas
que una larga. Aquí también es útil la máxima
de Guthrie y de los teóricos de la contigüidad: "en
cualquier situación el animal tiende
a hacer lo que hizo la última vez". Por eso podemos
crear una situación en la que el caballo quiere hacer algo,
precediendo esta acción con una señal y alabándolo
por 'responder' de tan buena gana. Después de varias repeticiones,
el caballo sigue 'respondiendo' igual de bien, incluso aunque él
mismo no se lo haya propuesto.
Ciertamente, este es el principio para establecer un buen ambiente.
2. Generalización del
estímulo, a través del cual el caballo acepta
nuestro liderazgo y compañía como lo haría
con otro caballo.
3. Sensibilidad y aversión de desequilibrio, a lo que
'damos forma' y refinamos en reacciones precisas según nuestras
ayudas,
4.
Refuerzo, a través del cual alentamos el comportamiento
que queremos conseguir, y desalentamos el comportamiento que no
nos gusta.
PRINCIPIOS
Hay seis principios
que son de gran ayuda para el cuidador, jinete o adiestrador,
cualquiera que sea su propósito:
Señales del caballo;
Temporización de las acciones y los esquemas de aprendizaje;
Foco de atención del caballo;
Tensión del
caballo y del cuidador;
Energía del
caballo;
Valor del espacio: posición del cuidador dentro del sistema de espacio del caballo.
Lectura
de las señales
Las dificultades en
la comunicación con caballos son atribuidas a menudo a la
incapacidad del caballo o a su falta de voluntad de entender lo
que le pedimos. Pero con la misma frecuencia es verdad lo contrario:
somos nosotros, los que, cegados por nuestros prejucios, no vemos
lo que nos dice el caballo.
En Alemania, durante la
primera década de este siglo, había un caballo llamado
El Inteligente Hans, que se hizo famoso porque tenía la capacidad
aparente de leer números, de hacer cálculos y de deletrear
golpeando varias veces con sus cascos. Se pensaba que su adiestrador
van Osten le hacia alguna señal secreta. Van Osten, negaba
cualquier señal. Como lo probaba cuando no estaba presente
y el Inteligente Hans respondía correctamente. Eso sí,
necesitaba una audiencia que conociera las respuestas, como más
tarde descubrieron científicos que investigaban el caso.
¿Cómo, si no, podía Hans leer sus mentes?.
La telepatía no
era la causa: lo que el Inteligente Hans hacía era observar
el cambio sutil en la tensión del cuerpo de los observadores,
quienes, conociendo la respuesta correcta, inconscientemente mostraban
más interés en el número que seguía
al correcto. Aunque se ha utilizado este caso para demostrar que
los caballos son demasiado estúpidos para aprender a contar,
lo que impresiona es la astucia de El Inteligente Hans. ¿Cuántos
de nosotros podríamos usar con seguridad unas señales
tan mínimas e inconscientes de unos extraños para
contestar correctamente? ¿Y cuántos de nosotros podríamos
haberlo logrado? Hans lo consiguió sin ayuda.
La sensibilidad de Hans era asombrosa, o mejor dicho, las señales
interpretativas que utilizan los caballos nos resultan extremadamente
delicadas. La sensibilidad de un caballo dispuesto y sumamente bien
adiestrado es tan buena que necesitaríamos años de
entrenamiento para poder adquirirla. Nos proporciona información
todo el tiempo, mostrándonos cómo se siente y qué
le preocupa mediante señales que a menudo son demasiado sutiles
para nuestra insensibilidad de percepción.
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Este potro cerril muestra
poco las señales de su miedo, pero si voy a tocarlo va a
explotar su pánico. Su ojo mostrando el blanco revela que
su cuello esta completamente agarrotado por la tensión; si
no volveria su cabeza para verme con los dos ojos. Atípicamente
su bocamuestra tensión: es una característica particular.
Después de relajar su cuello, y mueva los labios, ta vez
pueda tocarlo, antes no.
Observemos caballos en un campo. Uno camina hacia otro, se detiene,
se aleja de nuevo. ¿Por qué? ¿Qué pasa?
¿Podríamos determinar por qué se acercó
el caballo, qué estaba pensando o por qué cambió
de idea? Ciertamente ambos caballos podrían hacerlo porque
leyeron las señales que el otro les indicó. ¿Se
dirigía el primer caballo hacia el otro, o simplemente quería
ir a otro sitio y encontró al segundo caballo en su camino?
¿Quería jugar, o comer lo que comía el segundo,
o asearse mutuamente, o resolver un pequeño equívoco?
Las posibilidades que encierran las acciones más sencillas
son casi infinitas.
Tal y como mostró
el capítulo de la comunicación, las diferentes combinaciones
de señales que puede enviar un caballo son también
casi infinitas. No existe manera exacta para saber el estado de
ánimo de un caballo. Un caballo que quiere jugar se acerca
a otro -o a una persona- aguzando las orejas atentamente, con el
hocico alargado, un paso elegante y vistoso y la cola alta indicando
mucha energía y excitación. Un caballo que quiere
asearse quizás ponga la misma cara, pero tendrá un
paso perezoso y la cola más baja, característica del
holgazaneo. Un caballo que siente un dolor ligero es bastante similar
a uno que se irrita al vemos, pero la señal de atención
de sus orejas y ojos se orienta hacia un lugar diferente, hacia
el origen del dolor.
La mayor parte de la destreza
del caballista consiste en observar, asimilar y escuchar, ya que
sólo cuando puede apreciar lo que está tratando podrá
conseguir cooperación. Y aún más, cuando un
caballo no consigue esa cooperación mínima de nuestra
parte, tiene miedo, desconfía y se ofende: necesitamos enseñarle
que, aunque no accedamos a sus deseos, al menos entendemos sus señales
de miedo, duda y angustia dirigiendo nuestra atención, por
muy brevemente que sea, a su origen.
Temporización
Hay tres tipos de
períodos que son importantes al tratar con caballos: las
etapas de la vida; los estados de ánimo; y el microtiempo.
No saber entenderlos es una de las causas más comunes del
fracaso en el trato con caballos.
Las
etapas de la vida.Durante
las diferentes etapas de la vida de un caballo sus pautas naturales
de comportamiento se desarrollan a distintos niveles, en parte debido
a la experiencia, pero también influyen los procesos de madurez.
Un potrillo, por ejemplo, es enormemente curioso y casi no muestra
miedo hacia las cosas extrañas, contrariamente a los animales
más viejos: ¿Existe una etapa mejor para pasar a formar
parte de su vida? Un potro recién destetado y separado de
su madre antes de lo que él desearía, mantiene todavía
una reacción fuerte e insatisfecha de seguimiento. ¿Qué
otra etapa mejor para introducimos como objetos apropiados para
seguir? Los caballos con dos o tres años están en
el punto máximo de su fase exploradora.
¿Encontraremos otra etapa mejor para permitirles explorar
y rendirse a las ricas experiencias del mundo exterior?
Si desarrollamos los intereses
naturales del caballo exigiéndole los trabajos apropiados
durante las etapas adecuadas, adaptando el adiestramiento del caballo
a su psicología, formaremos animales realizados y felices
cuyas actitudes complacientes les guiarán a través
del arduo adiestramiento de años posteriores.
Estados
de ánimo. Hay momentos del día, y condiciones
atmosféricas, y momentos en el ciclo de la yegua, que afectan
su estado de ánimo de forma dramática. Si los ignoramos,
creamos resistencia en un potro. Obligar a un caballo a que se esfuerce
un poco más puede convertirse en una buena disciplina, pero
si insistimos demasiado lo agobiamos y llevamos a un estado de abatimiento
y resentimiento, porque en ese momento no nos puede dar más
y reacciona en contra nuestra. Los niños no aprenden bajo
estas condiciones ni tampoco los caballos, aunque, al igual que
los niños, pueden ser premiados para predisponerlos a un
mejor estado de ánimo. Las exigencias físicas extemporáneas,
cuando un caballo está desequilibrado, demasiado rígido
o de otra manera incapacitado, llevan a la resistencia mental y
al resentimiento.
Microtiempo. Las fracciones de segundo significan años de trabajo. Aplicando
una ayuda exactamente en el momento preciso, gritando 'trota' a
un potro en una fracción de segundo antes de trotar y moverse
hacia delante en el momento justo es algo crítico. Si observamos
a un adiestrador hábil con un potro, apenas nos daremos cuenta
de con qué perfección está medido cada movimiento,
cada palabra. El proceso nos parece fácil y que no requiere
esfuerzo. Pero si observamos al mismo potro en manos de un adiestrador
inexperto, puede resultar una experiencia igual de valiosa, porque
entonces vemos más claramente los errores en la temporización.
El fracaso a la hora de comprender
la intención de un caballo es una de las causas principales
de un microtiempo mal aplicado, pero también es cierto que
algunas personas no son capaces de moverse lo suficientemente rápido
para que resulte efectivo en el momento sicológico adecuado.
Igual que con el concepto de espacio, simplemente estar atentos
a la importancia de la temporización es suficiente para obviar
ciertos errores. Condicionar una acción a una señal
no es posible a menos que la señal preceda a la acción
en una fracción de segundo.
El microtiempo es especialmente
importante a la hora de impedir acciones no deseadas. Todos los
teóricos del aprendizaje están de acuerdo en que el
castigo es inútil para aprender nuevas acciones, provoca
dolor y miedo, y simplemente estanca el aprendizaje. Pero puede
resultar muy efectivo para impedir una acción si se aplica
a tiempo, antes de que ésta se complete. Castigar a un caballo
después de que
haya derribado al jinete o no haya realizado un salto es peor que
inútil: no sólo no detiene la acción la próxima
vez, sino que también trastorna al caballo, porque después
de haber realizado la acción, no tiene ni idea de lo que
ha podido provocar una ferocidad tan repentina. Golpear a un caballo
en los cuartos traseros es efectivo
justo cuando recula para encabritarse, porque así salta hacia
delante e impedimos esta acción. Cuando un caballo está
en mitad de una acción no podemos evitar que la realice -cocear,
morder-, a menudo lo único que podemos hacer es gritar enfadados.
Esto es tan desagradable para el caballo como para cualquier otra
persona y normalmente le interesa saber si ha sido casualidad o
si ha tenido algo que ver con su acción, así que lo
intenta otra vez enseguida. Si observamos las señales que
nos indican su intención, podemos entonces aplicar un castigo
o pedirle que haga otra cosa en ese momento, justo antes o cuando
comienza a hacerlo.
El
foco de atención
La atención
de un caballo puede dirigirse en cuatro direcciones, ya que tiene
dos ojos y dos orejas. Mientras más importante sea el asunto,
más ojos y orejas pondrá en él, esto es, a
menos que sus orejas estén indicando amenaza. La atención
dividida puede indicar confusión: cuando un caballo dirige
sus ojos, orejas y patas hacia
direcciones diferentes, entonces está confundido. Pero la
atención dividida de muchos caballos cuando son montados,
con una oreja puesta en el camino y otra en el jinete, nos muestra
que está alerta a todo lo que pasa.
Durante el adiestramiento,
por supuesto, esperamos que la atención del caballo este
puesta en nosotros. El caballo no puede responder a menos que esté
pendiente de nuestras señales. Pero cuando, por ejemplo,
a un potro están dándole cuerda en un lugar desconocido,
seguro que distraerá su atención hasta que no haya
echado un vistazo a su alrededor. Dependerá del interés
del entorno, del caballo, y del grado de doma, si llamamos su atención
o bien simplemente esperamos a que vuelva con nosotros. Pero una
cosa es cierta: no tiene ninguna utilidad decirle nada a menos que
muestre signos de que nos está escuchando. Exigirle una respuesta
y no recibirla es un camino corto para tener un caballo desobediente.
Saber a dónde mira un
caballo lleva algún tiempo de práctica, pero, a menudo,
muy a menudo, un caballo que 'rechaza' hacer algo es porque está
mirando algo en particular, o incluso otra cosa completamente diferente
que le asusta. Por eso, un caballo que no quiere entrar en un remolque
quizás esté mirando a una manta que hay sobre la puerta,
o una cuerda tirada en el suelo, o una bandera ondeando a lo lejos.
Si ignoramos el 'peligro' completamente, con frecuencia el caballo
se niega a obedecer; pero si nos comportamos como lo harían
otros caballos y prestamos atención a lo mismo que ellos,
les estamos indicando que no deben asustarse, y así los tranquilizamos.
Un caballo se sentirá doblemente aterrado si cae en manos
de alguien que no hace caso a sus avisos, tocará excitado
con su hocico al cuidador, llamando su atención al origen
de su miedo.
Tensión
El caballo detesta
la tensión, ya que debe sentirse libre y seguro de sus movimientos.
El control de la tensión es el factor dominante en cualquier
deporte.
(Seamus
Hayes)
El miedo induce a la tensión,
y la tensión reduce la sensibilidad. Si somos capaces de
eliminar la tensión, especialmente en los peores momentos,
es todo un paso adelante para conseguir una buena equitación,
ya que la tensión es contagiosa. Si los caballos pueden oler
el miedo es algo que, ¡ay!, probablemente nunca sabremos,
pero sí que pueden ver y notar la tensión en otros
caballos y en las personas, y esto les asusta. Si se asusta el líder,
¿cómo no se van a asustar los demás?
A los caballos nunca les viene
a la mente que quizás sean ellos la causa de nuestra tensión:
en vez de eso, son ellos los que miran ansiosos buscando los tigres
que presumiblemente podemos ver. Algunas personas tienen problemas
y ansiedades que se revelan en sus movimientos. Cultivar una conducta
relajada, tranquila y desenfadada es la clave para ganarse la confianza
del caballo, el cual es muy sensible a la ansiedad y la confusión.
Como todos sabemos, la tensión nos incapacita para controlar
nuestros movimientos delicadamente, y percibir las cosas en su correcta
proporción, y reaccionar apropiadamente. Lo mismo les ocurre
a los caballos.
Mientras que las señales
de miedo, girar los ojos, hinchar los ollares y moverse con pánico,
son obvias, las señales de tensión que indican un
miedo inferior son menos obvias. Los primeros indicadores de tensión
son la boca y el cuello. Un caballo tenso tiene la boca rígida,
incapaz de mover la mandíbula, y también pone rígido
el cuello. Cuando montamos este caballo, su rigidez produce resistencia
a las riendas. A medida que aumenta la tensión, los movimientos
se hacen más rígidos y desaparece la fluidez. Un caballo
tenso que no se mueve está literalmente tieso de miedo. (Los
burros, como los conejos, se bloquean de miedo más rápidamente
que los caballos: esto es llamado a menudo 'obstinación').
Cuando la tensión baja con frecuencia no puede mover el cuello
lo suficiente para girarse y mirar las cosas por lo que tiene que
girar los ojos. Un caballo que no balancea su cuello libremente
para mirar a su alrededor, es porque está medio dormido,
completamente confiado en su cuidador, o tenso. El exceso de disciplina,
la prohibición de interesarse por lo que le rodea, produce
tensión, no atención: la seguridad y la confianza
que fijan la atención en nosotros sin tensión, no
se consigue por medio de la intimidación.
La cola rígida,
los cuartos traseros agrupados, y unos pasos cortos y bruscos son
también indicadores de tensión en el lomo, la cual
fácilmente desemboca en dolor,
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Tensión evidente en
la boca fuertemente cerrada, la posición de la cabeza que
revela tensión en la nuca, el musculo bajo del cuello, el
lomo bajado, la cola tiesa, y los movimientos cortos y altos. Si
es montado en este estado mental/emocional, y es forzado al ponerle
el bocado, no cambiará la tensión en sus músculos
que invierta su postura. No será capaz de reunirse ni hacer
un buen trabajo.
Las
señales de tensión en un caballo, especialmente en
uno joven, son interpretados por un cuidador experto como señales
de peligro. La boca y el cuello rígidos, los movimientos
bruscos, revelan un estado mental por el que el caballo puede irrumpir
en pánico por el vuelo de una pluma, y herirse a sí
mismo y a los demás. Es muy triste cómo muchos domadores
profesionales, comprensiblemente ansiosos por conseguir un caballo
'bien adiestrado' en un tiempo mínimo, producen contrariamente
caballos tensos que temen equivocarse. Cuando la flexión
del cuello esta forzada con un bocado fuerte, el miedo produce la
ausencia de movimientos con la boca, los cuales muestran naturalmente
un potro relajado, salivando cuando lleva un filete o bocado suave.
La sequedad de la boca rebela la tensión interna y la adrenalina
(hormona del miedo, de la huida y de la lucha).
Ser conscientes de las
señales de tensión forma parte de un buen adiestramiento,
porque esto significa que no se adiestra al caballo apresuradamente,
sino que se le permite asimilar y realizar relajadamente la fase
de aprendizaje en la que esté antes de continuar con la próxima.
No hay una regla fija para decidir el tiempo que
debe durar cada fase. Cuando no hay tensión, el caballo está
preparado para continuar. Un sorprendente número de caballos
pueden ser refrenados y montados en el mismo día sin ponerse
tensos. Un potro relajado, aunque no esté adiestrado, por
naturaleza cede hermosamente, aunque lentamente, a una ligera presión
en su boca y costados. No es la falta de doma, sino la tensión
en la boca, el cuello y el cuerpo lo que ofrece resistencia.
Las causas de la tensión
son la excitación, el conflicto y el miedo. Un caballo que
se detiene para mirar lo que podría ser otro caballo en el
horizonte, tiembla de tensión, igual que un semental cuando
está cortejando: ambos están medio asustados, medio
deseosos. Estos tipos de tensión no son peligrosos. En el
manejo del
caballo la tensión, generalmente, se debe a un miedo de baja
intensidad. Si miramos en la dirección del foco de atención,
éste nos indicará de donde proviene el miedo; si continúa
a lo largo del adiestramiento y bajo diferentes condiciones, entonces
el domador debería sospechar que es su propia tensión
y comportamiento lo que causa el miedo.
Energía
Los caballos
salvajes, llenos de parásitos y desnutridos, que están
quizás criando un potro o preñadas, deciden moverse
de un sitio a otro, con mucha frecuencia al medio galope. En Montana,
algunas manadas hacen un trayecto diario de treinta km. de ida y
vuelta hasta el agua. ¿Cuánta energía debe
entonces tener un caballo encerrado, desparasitado y bien nutrido?
Muchos caballos tienen
mucha más energía de la que a menudo se cree. Caballos
de tanda y caballos de rutas trabajan habitualmente seis u ocho
horas al día con una alimentación mínima. Cualquier
caballo hacía lo mismo cien años atrás. Una
hora de trabajo para un caballo en condición, es poco más
que agotar sus ganas de brincar, y hasta que no gasta su exceso
de energía difícilmente prestará atención
a otra cosa.
Los niños sanos
salen de la escuela con una despreocupada explosión de energía;
los potros hacen lo mismo. Dar al caballo la libertad de gastar
este exceso de energía jugando o practicando movimientos
razonablemente libres antes de ponerse a realizar el trabajo serio,
le permite liberar algunas de las tensiones que ha acumulado en
el encierro. Lejos de crear problemas de sobreexcitación,
como se teme con frecuencia, esta línea de conducta fija
un modelo de movimiento libre hacia delante y una impulsión
fuerte, que se puede mantener cuando aumentamos las exigencias en
la atención del caballo. A demasiados potros no se les permite
jugar o corretear, lo que tiende a convertirlos progresivamente
en explosivos o tercos y resentidos si contienen su energía.
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Puede apreciarse la evidente tensión
en cuello, ollares y boca de la joven yegua de calidad
Tennessee Waiker, mientras se esfuerza por hacerlo lo mejor
posible. Las alzas en sus cascos y las tintineantes cadenas
y estímulos artificiales de la acción ayudan a
hundir el cuerpo del caballo en su parte trasera, liberando
la espalda y estimulando la elevación de los cuartos
delanteros. Los Waiker con menos talento tienen peor suerte.
Las normas de protección para caballos de U.S.A. prohiben
específicamente usar diversas técnicas "de
acción" en la pista de competición pero,
por supuesto, no existe control alguno sobre lo que ocurra en
los entrenamientos. Entre las técnicas prohibidas se
encuentran las siguientes: insertarles cuaquier tipo de clavos,
tachuelas o tornillos, inyectarles agentes químicos (normalmente
irritantes acompañados con gasolina), quemar, cortar
o herir cualquier miembro del caballo; las cadenas o similares
que no estén protegidas contra la corrosión o
que tengan protuberancias, salientes, asperezas o bordes cortantes;
las botas con bordes afilados; las bandas metálicas en
los cascos que puedan ser apretadas oprimiendo las coronas o
que tengan salientes que puedan hundirse en ellas.
Las normas continúan en esta línea, especificando
brutalidades hasta mucho más lejos de lo que uno cree
posible que nadie hiciera para conseguir que un caballo eleve
sus patas aún más arriba y venza en la competición,
Una lista de normas sobre las manipulaciones (hasta llegar a
la cifra de 30 subapartados minuciosamente especificados) sólo
demuestra que su uso es tan común como para motivar la
legislación que lo prohibe.
También está actualmente prohibido mostrar caballos
con cicatrices y aún más estricta es la norma
de que los caballos no pueden actuar durante más de diez
minutos sin un descanso y durante más de veinte minutos
en total al día.
Se fuerza la cola erguida típica de los caballos Waikers,
Saddiebreds y Hackneys suele obtenerse por distintos medios:
a) manteniendo cruelmente atada
a la cola una lámina de metal que obliga al caballo a
levantarla.
b) Mutilando la cola y trabando
una falsa ola en el muñón;
c)introduciendo una masa de jengibre
en el ano del animal justo antes de que entre en la pista.
Los machos, enteros o castrados, también pueden tener
el prepucio impregnado de jengibre para provocar que adelanten
sus cuartos traseros.
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