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LOS CABALLOS Y LAS PERSONAS 1/3 :: La doma :: El Caballo :: Inicio
Los Caballos y las personas Método "UNIÓN" de Monty Roberts Ver a nuestro Caballo como a un individuo
LOS CABALLOS Y LAS PERSONAS
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Caballos para un combate, camellos para el desierto, bueyes para la pobreza.
(Proverbio sahariano)

Las personas llevan relacionándose con los caballos desde hace más de cinco mil años.
A lo largo de diferentes civilizaciones y sociedades, y según han cambiado sus actitudes y formas de tratamiento, así ha cambiado también su postura hacia los caballos. Para los primeros nómadas que los domaron, los caballos eran animales úitiles como bestias de carga, pero a medida que aumentaron su tamaño gracias a la cría, se convirtieron también en animales de monta. Pero más allá de su utilidad, los caballos nos han tocado siempre nuestro lado espiritual, y en muchas sociedades su belleza, gracia, coraje y fuerza los convirtieron en símbolo de adorada nobleza, e incluso fueron sacrificados como bienes divinos. Desde entonces, los caballistas han estado fascinados por la idea de crear una armonía entre dos especies tan divergentes, pero que debían unirse con el mismo fin e impulso para conseguir beneficio y placer mutuo.

       La permeabilidad del caballo nos ha dotado de un espejo en el que reflejar nuestras ideas, ambiciones y filosofía, mientras que su vida emocional, igual de intensa y poderosa que la nuestra, aunque no tengan el poder de razonar, ha reflejado de manera similar nuestra personalidad y carácter. Los salvajes caballistas escitianos
del antiguo Oriente exultaron la súbita diligencia de sus incursiones a caballo, mientras que los primeros agricultores los utilizaron por su potencia muscular. Les era útil para la cosecha y el comercio. El autor del Libro de Job vio al caballo como el reflejo del poder y la gloria de Dios; los musulmanes afirman que `con cada grano de cebada que damos a un caballo se reflejara en el libro de los buenos actos de Allah'. Los taoístas chinos, quienes entendieron y sintieron la corriente y unidad de los procesos naturales y el extravío, del género humano, del Camino, usaron el tratamiento del caballo para ejemplificar su filosofía de la armonía; Poh Loh, con su

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arrogancia, está en contra de 'la naturaleza real de los caballos', corrompiéndolos y destruyéndolos. La comprensión tiene éxito allí donde no lo tiene la fuerza: "Lo más dúctil puede vencer a lo más duro", dice Lao Tzu, lo que podría ser descripción de dos jinetes: "El hombre más poderoso no se muestra como poseedor del poder; por eso mantiene su poder. El hombre con menos poder aparenta que
tiene poder; por eso en verdad no tiene poder".
       Para otros, el caballo, al igual que las personas, era un objeto a conquistar, reprimir y dominar: las especies pacificas se convirtieron en el mejor instrumento para el desarrollo de la guerra. Ya Jenofonte, el asombroso y exitoso general griego, personificó los ideales de su civilización cuando escribió sobre la doma del caballo en el 400 a.C.: "Todo aquello que es forzado y malentendido no puede nunca ser bello", citando a su antecesor Simón de Atenas: "Si un bailarín fuese forzado a bailar con un látigo y una punta de hierro, no sería más bello que un caballo entrenado bajo circunstancias similares". Desafortunadamente, esta equitación clásica, la cual da prioridad a la gracia antes que a un gran logro por la fuerza, se ha perdido, como otras muchas actitudes ilustrativas en el Medievo, hasta que volvieron a resurgir en la Francia del siglo dieciocho. Cuando las batallas interminables de los que ambicionaban el poder desgarraron Europa y destruyeron a sus ciudadanos, 'enseñando al caballo quién era el jefe', también destruyeron muchos caballos. Sin embargo, había trabajadores, orgullosos de su trabajo y de sus caballos, artistas ecuestres fascinados por la armonía que se podía conseguir, o simplemente propietarios de caballos, que mantuvieron la noble tradición clásica por el puro placer de disfrutar con un buen caballo.
Durante el siglo XX, en el mundo Occidental, ha habido pocos trabajos o guerras en los que han participado los caballos, pero los usos que hacemos de ellos todavía reflejan nuestra codicia, necesidades y placeres: como fuente de ingresos gracias a la cría, doma, comercio y demás, para ganar premios por dinero, como
gratificación personal, como reconocimiento de algún ideal de perfección, por el interés obligado de comunicamos con una vida extraña, o como compañeros y amigos. Del mismo modo que cambian nuestros propósitos e ideales, también cambian los métodos de equitación, y abunda una plétora confusa de dogmas. Sin embargo, el denominador común en la equitación es el ideal de armonía, y mientras que hay formas reconocidas y bien documentadas sobre cómo conseguir el equilibrio, la flexibilidad y la salud, que son esenciales para la coordinación física entre caballo y jinete, persiste el problema de la armonía psíquica.

El prácticamente perdido arte de escuchar es el más cercano a la  Eternidad. 
(Yeats)
                                                                                                                               
    Cualquier acción que realicemos con un caballo implica una relación en dos direcciones, no una relación unidireccional. El jinete experto de adiestramiento, aquél que exige al caballo atención completa, no es meramente un experto dando órdenes, sino un experto escuchando al caballo. Debe estar tan atento a las señales del caballo como el caballo lo está de las suyas. Canalizar las energías físicas y sicológicas del caballo, en la dirección que queremos, requiere un reconocimiento y respeto por las fuerzas del caballo.
       Entonces, ¿cómo acepta un caballo la doma y el adiestramiento?

CÓMO ACEPTA UN CABALLO EL ADIESTRAMIENTO?
   
   Pero lo peor de todo viene una vez que me han colocado el arnés, no puedo saltar de alegría ni tampoco tumbarme de cansancio. Entonces ves que esta enseñanza es una carga muy pesada.
                                                                           (Anna Seweil, Black Beauty)

Desgraciadamente, todo lo que queremos hacer con un caballo va en contra de sus ideas naturales de supervivencia.

El programa de supervivencia de un caballo: Nuestro programa:
no a una presencia extraña sobre el lomo montar
no a extraños en la zona ciega caminamos por detrás o los guiamos
huir si hay motivo de alarma no está permitido
los pies deben estar libres los cogemos, limpiamos y herramos
no dejarse atrapar los encerramos
mantener la cabeza libre los atamos, los restringimos
acompañarse de otros caballos los reprimimos
interactuar con los demás los reprimimos
desgastar energía jugando los reprimimos
explorar, inspeccionar a menudo los reprimimos
asearse a sí mismo y a los amigos los reprimimos cuando los manejamos
   

Cuando conseguimos estos propósitos, deseamos conseguir cosas más antinaturales y absurdas: nos lanzamos ciegamente sobre obstáculos bobos y fáciles de evitar haciendo peligrar los pies del caballo; les hacemos dar más y más vueltas, sin llegar nunca a ningún sitio; o perseguimos pelotas corriendo por los campos. A pesar de todo los caballos salvajes se doman completamente, y están, no sólo deseosos de tolerar nuestra estupidez, sino también muy interesados en nuestros esquemas, cuando ponemos en práctica algunos principios:
      1. Habituación, con la que acostumbramos al caballo a hacer aquello que queremos en etapas graduales, recordando que numerosas y repetidas exposiciones a un estímulo son más efectivas que una larga. Aquí también es útil la máxima de Guthrie y de los teóricos de la contigüidad: "en cualquier situación el animal tiende
a hacer lo que hizo la última vez". Por eso podemos crear una situación en la que el caballo quiere hacer algo, precediendo esta acción con una señal y alabándolo por 'responder' de tan buena gana. Después de varias repeticiones, el caballo sigue 'respondiendo' igual de bien, incluso aunque él mismo no se lo haya propuesto.
Ciertamente, este es el principio para establecer un buen ambiente.

      2. Generalización del estímulo, a través del cual el caballo acepta nuestro liderazgo y compañía como lo haría con otro caballo.

      3. Sensibilidad y aversión de desequilibrio, a lo que 'damos forma' y refinamos en reacciones precisas según nuestras ayudas,

      4. Refuerzo, a través del cual alentamos el comportamiento que queremos conseguir, y desalentamos el comportamiento que no nos gusta.

PRINCIPIOS
       Hay seis principios que son de gran ayuda para el cuidador, jinete o adiestrador,
cualquiera que sea su propósito:
       Señales del caballo;
      Temporización de las acciones y los esquemas de aprendizaje;
      Foco de atención del caballo;
      Tensión del caballo y del cuidador;
      Energía del caballo;
      Valor del espacio: posición del cuidador dentro del sistema de espacio del caballo.

Lectura de las señales
      
Las dificultades en la comunicación con caballos son atribuidas a menudo a la incapacidad del caballo o a su falta de voluntad de entender lo que le pedimos. Pero con la misma frecuencia es verdad lo contrario: somos nosotros, los que, cegados por nuestros prejucios, no vemos lo que nos dice el caballo.
       En Alemania, durante la primera década de este siglo, había un caballo llamado El Inteligente Hans, que se hizo famoso porque tenía la capacidad aparente de leer números, de hacer cálculos y de deletrear golpeando varias veces con sus cascos. Se pensaba que su adiestrador van Osten le hacia alguna señal secreta. Van Osten, negaba cualquier señal. Como lo probaba cuando no estaba presente y el Inteligente Hans respondía correctamente. Eso sí, necesitaba una audiencia que conociera las respuestas, como más tarde descubrieron científicos que investigaban el caso. ¿Cómo, si no, podía Hans leer sus mentes?.
       La telepatía no era la causa: lo que el Inteligente Hans hacía era observar el cambio sutil en la tensión del cuerpo de los observadores, quienes, conociendo la respuesta correcta, inconscientemente mostraban más interés en el número que seguía al correcto. Aunque se ha utilizado este caso para demostrar que los caballos son demasiado estúpidos para aprender a contar, lo que impresiona es la astucia de El Inteligente Hans. ¿Cuántos de nosotros podríamos usar con seguridad unas señales tan mínimas e inconscientes de unos extraños para contestar correctamente? ¿Y cuántos de nosotros podríamos haberlo logrado? Hans lo consiguió sin ayuda.
La sensibilidad de Hans era asombrosa, o mejor dicho, las señales interpretativas que utilizan los caballos nos resultan extremadamente delicadas. La sensibilidad de un caballo dispuesto y sumamente bien adiestrado es tan buena que necesitaríamos años de entrenamiento para poder adquirirla. Nos proporciona información todo el tiempo, mostrándonos cómo se siente y qué le preocupa mediante señales que a menudo son demasiado sutiles para nuestra insensibilidad de percepción.

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Este potro cerril muestra poco las señales de su miedo, pero si voy a tocarlo va a explotar su pánico. Su ojo mostrando el blanco revela que su cuello esta completamente agarrotado por la tensión; si no volveria su cabeza para verme con los dos ojos. Atípicamente su bocamuestra tensión: es una característica particular. Después de relajar su cuello, y mueva los labios, ta vez pueda tocarlo, antes no.

       Observemos caballos en un campo. Uno camina hacia otro, se detiene, se aleja de nuevo. ¿Por qué? ¿Qué pasa? ¿Podríamos determinar por qué se acercó el caballo, qué estaba pensando o por qué cambió de idea? Ciertamente ambos caballos podrían hacerlo porque leyeron las señales que el otro les indicó. ¿Se dirigía el primer caballo hacia el otro, o simplemente quería ir a otro sitio y encontró al segundo caballo en su camino? ¿Quería jugar, o comer lo que comía el segundo, o asearse mutuamente, o resolver un pequeño equívoco? Las posibilidades que encierran las acciones más sencillas son casi infinitas.
       Tal y como mostró el capítulo de la comunicación, las diferentes combinaciones de señales que puede enviar un caballo son también casi infinitas. No existe manera exacta para saber el estado de ánimo de un caballo. Un caballo que quiere jugar se acerca a otro -o a una persona- aguzando las orejas atentamente, con el hocico alargado, un paso elegante y vistoso y la cola alta indicando mucha energía y excitación. Un caballo que quiere asearse quizás ponga la misma cara, pero tendrá un paso perezoso y la cola más baja, característica del holgazaneo. Un caballo que siente un dolor ligero es bastante similar a uno que se irrita al vemos, pero la señal de atención de sus orejas y ojos se orienta hacia un lugar diferente, hacia el origen del dolor.
       La mayor parte de la destreza del caballista consiste en observar, asimilar y escuchar, ya que sólo cuando puede apreciar lo que está tratando podrá conseguir cooperación. Y aún más, cuando un caballo no consigue esa cooperación mínima de nuestra parte, tiene miedo, desconfía y se ofende: necesitamos enseñarle que, aunque no accedamos a sus deseos, al menos entendemos sus señales de miedo, duda y angustia dirigiendo nuestra atención, por muy brevemente que sea, a su origen.

Temporización
     
 Hay tres tipos de períodos que son importantes al tratar con caballos: las etapas de la vida; los estados de ánimo; y el microtiempo. No saber entenderlos es una de las causas más comunes del fracaso en el trato con caballos.

Las etapas de la vida.Durante las diferentes etapas de la vida de un caballo sus pautas naturales de comportamiento se desarrollan a distintos niveles, en parte debido a la experiencia, pero también influyen los procesos de madurez. Un potrillo, por ejemplo, es enormemente curioso y casi no muestra miedo hacia las cosas extrañas, contrariamente a los animales más viejos: ¿Existe una etapa mejor para pasar a formar parte de su vida? Un potro recién destetado y separado de su madre antes de lo que él desearía, mantiene todavía una reacción fuerte e insatisfecha de seguimiento. ¿Qué otra etapa mejor para introducimos como objetos apropiados para seguir? Los caballos con dos o tres años están en el punto máximo de su fase exploradora.
¿Encontraremos otra etapa mejor para permitirles explorar y rendirse a las ricas experiencias del mundo exterior?
       Si desarrollamos los intereses naturales del caballo exigiéndole los trabajos apropiados durante las etapas adecuadas, adaptando el adiestramiento del caballo a su psicología, formaremos animales realizados y felices cuyas actitudes complacientes les guiarán a través del arduo adiestramiento de años posteriores.
      
       Estados de ánimo.
Hay momentos del día, y condiciones atmosféricas, y momentos en el ciclo de la yegua, que afectan su estado de ánimo de forma dramática. Si los ignoramos, creamos resistencia en un potro. Obligar a un caballo a que se esfuerce un poco más puede convertirse en una buena disciplina, pero si insistimos demasiado lo agobiamos y llevamos a un estado de abatimiento y resentimiento, porque en ese momento no nos puede dar más y reacciona en contra nuestra. Los niños no aprenden bajo estas condiciones ni tampoco los caballos, aunque, al igual que los niños, pueden ser premiados para predisponerlos a un mejor estado de ánimo. Las exigencias físicas extemporáneas, cuando un caballo está desequilibrado, demasiado rígido o de otra manera incapacitado, llevan a la resistencia mental y al resentimiento.

Microtiempo. Las fracciones de segundo significan años de trabajo. Aplicando una ayuda exactamente en el momento preciso, gritando 'trota' a un potro en una fracción de segundo antes de trotar y moverse hacia delante en el momento justo es algo crítico. Si observamos a un adiestrador hábil con un potro, apenas nos daremos cuenta de con qué perfección está medido cada movimiento, cada palabra. El proceso nos parece fácil y que no requiere esfuerzo. Pero si observamos al mismo potro en manos de un adiestrador inexperto, puede resultar una experiencia igual de valiosa, porque entonces vemos más claramente los errores en la temporización.
      El fracaso a la hora de comprender la intención de un caballo es una de las causas principales de un microtiempo mal aplicado, pero también es cierto que algunas personas no son capaces de moverse lo suficientemente rápido para que resulte efectivo en el momento sicológico adecuado. Igual que con el concepto de espacio, simplemente estar atentos a la importancia de la temporización es suficiente para obviar ciertos errores. Condicionar una acción a una señal no es posible a menos que la señal preceda a la acción en una fracción de segundo.
       El microtiempo es especialmente importante a la hora de impedir acciones no deseadas. Todos los teóricos del aprendizaje están de acuerdo en que el castigo es inútil para aprender nuevas acciones, provoca dolor y miedo, y simplemente estanca el aprendizaje. Pero puede resultar muy efectivo para impedir una acción si se aplica a tiempo, antes de que ésta se complete. Castigar a un caballo después de que
haya derribado al jinete o no haya realizado un salto es peor que inútil: no sólo no detiene la acción la próxima vez, sino que también trastorna al caballo, porque después de haber realizado la acción, no tiene ni idea de lo que ha podido provocar una ferocidad tan repentina. Golpear a un caballo en los cuartos traseros es efectivo
justo cuando recula para encabritarse, porque así salta hacia delante e impedimos esta acción. Cuando un caballo está en mitad de una acción no podemos evitar que la realice -cocear, morder-, a menudo lo único que podemos hacer es gritar enfadados. Esto es tan desagradable para el caballo como para cualquier otra persona y normalmente le interesa saber si ha sido casualidad o si ha tenido algo que ver con su acción, así que lo intenta otra vez enseguida. Si observamos las señales que nos indican su intención, podemos entonces aplicar un castigo o pedirle que haga otra cosa en ese momento, justo antes o cuando comienza a hacerlo.

El foco de atención
       La atención de un caballo puede dirigirse en cuatro direcciones, ya que tiene dos ojos y dos orejas. Mientras más importante sea el asunto, más ojos y orejas pondrá en él, esto es, a menos que sus orejas estén indicando amenaza. La atención dividida puede indicar confusión: cuando un caballo dirige sus ojos, orejas y patas hacia
direcciones diferentes, entonces está confundido. Pero la atención dividida de muchos caballos cuando son montados, con una oreja puesta en el camino y otra en el jinete, nos muestra que está alerta a todo lo que pasa.
       Durante el adiestramiento, por supuesto, esperamos que la atención del caballo este puesta en nosotros. El caballo no puede responder a menos que esté pendiente de nuestras señales. Pero cuando, por ejemplo, a un potro están dándole cuerda en un lugar desconocido, seguro que distraerá su atención hasta que no haya echado un vistazo a su alrededor. Dependerá del interés del entorno, del caballo, y del grado de doma, si llamamos su atención o bien simplemente esperamos a que vuelva con nosotros. Pero una cosa es cierta: no tiene ninguna utilidad decirle nada a menos que muestre signos de que nos está escuchando. Exigirle una respuesta y no recibirla es un camino corto para tener un caballo desobediente.
      Saber a dónde mira un caballo lleva algún tiempo de práctica, pero, a menudo, muy a menudo, un caballo que 'rechaza' hacer algo es porque está mirando algo en particular, o incluso otra cosa completamente diferente que le asusta. Por eso, un caballo que no quiere entrar en un remolque quizás esté mirando a una manta que hay sobre la puerta, o una cuerda tirada en el suelo, o una bandera ondeando a lo lejos. Si ignoramos el 'peligro' completamente, con frecuencia el caballo se niega a obedecer; pero si nos comportamos como lo harían otros caballos y prestamos atención a lo mismo que ellos, les estamos indicando que no deben asustarse, y así los tranquilizamos. Un caballo se sentirá doblemente aterrado si cae en manos de alguien que no hace caso a sus avisos, tocará excitado con su hocico al cuidador, llamando su atención al origen de su miedo.

Tensión
       El caballo detesta la tensión, ya que debe sentirse libre y seguro de sus movimientos. El control de la tensión es el factor dominante en cualquier deporte.
                                                                                                       (Seamus Hayes)

       El miedo induce a la tensión, y la tensión reduce la sensibilidad. Si somos capaces de eliminar la tensión, especialmente en los peores momentos, es todo un paso adelante para conseguir una buena equitación, ya que la tensión es contagiosa. Si los caballos pueden oler el miedo es algo que, ¡ay!, probablemente nunca sabremos, pero sí que pueden ver y notar la tensión en otros caballos y en las personas, y esto les asusta. Si se asusta el líder, ¿cómo no se van a asustar los demás?
       A los caballos nunca les viene a la mente que quizás sean ellos la causa de nuestra tensión: en vez de eso, son ellos los que miran ansiosos buscando los tigres que presumiblemente podemos ver. Algunas personas tienen problemas y ansiedades que se revelan en sus movimientos. Cultivar una conducta relajada, tranquila y desenfadada es la clave para ganarse la confianza del caballo, el cual es muy sensible a la ansiedad y la confusión. Como todos sabemos, la tensión nos incapacita para controlar nuestros movimientos delicadamente, y percibir las cosas en su correcta proporción, y reaccionar apropiadamente. Lo mismo les ocurre a los caballos.
       Mientras que las señales de miedo, girar los ojos, hinchar los ollares y moverse con pánico, son obvias, las señales de tensión que indican un miedo inferior son menos obvias. Los primeros indicadores de tensión son la boca y el cuello. Un caballo tenso tiene la boca rígida, incapaz de mover la mandíbula, y también pone rígido el cuello. Cuando montamos este caballo, su rigidez produce resistencia a las riendas. A medida que aumenta la tensión, los movimientos se hacen más rígidos y desaparece la fluidez. Un caballo tenso que no se mueve está literalmente tieso de miedo. (Los burros, como los conejos, se bloquean de miedo más rápidamente que los caballos: esto es llamado a menudo 'obstinación'). Cuando la tensión baja con frecuencia no puede mover el cuello lo suficiente para girarse y mirar las cosas por lo que tiene que girar los ojos. Un caballo que no balancea su cuello libremente para mirar a su alrededor, es porque está medio dormido, completamente confiado en su cuidador, o tenso. El exceso de disciplina, la prohibición de interesarse por lo que le rodea, produce tensión, no atención: la seguridad y la confianza que fijan la atención en nosotros sin tensión, no se consigue por medio de la intimidación.
       La cola rígida, los cuartos traseros agrupados, y unos pasos cortos y bruscos son también indicadores de tensión en el lomo, la cual fácilmente desemboca en dolor,

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Tensión evidente en la boca fuertemente cerrada, la posición de la cabeza que revela tensión en la nuca, el musculo bajo del cuello, el lomo bajado, la cola tiesa, y los movimientos cortos y altos. Si es montado en este estado mental/emocional, y es forzado al ponerle el bocado, no cambiará la tensión en sus músculos que invierta su postura. No será capaz de reunirse ni hacer un buen trabajo.

        Las señales de tensión en un caballo, especialmente en uno joven, son interpretados por un cuidador experto como señales de peligro. La boca y el cuello rígidos, los movimientos bruscos, revelan un estado mental por el que el caballo puede irrumpir en pánico por el vuelo de una pluma, y herirse a sí mismo y a los demás. Es muy triste cómo muchos domadores profesionales, comprensiblemente ansiosos por conseguir un caballo 'bien adiestrado' en un tiempo mínimo, producen contrariamente caballos tensos que temen equivocarse. Cuando la flexión del cuello esta forzada con un bocado fuerte, el miedo produce la ausencia de movimientos con la boca, los cuales muestran naturalmente un potro relajado, salivando cuando lleva un filete o bocado suave. La sequedad de la boca rebela la tensión interna y la adrenalina (hormona del miedo, de la huida y de la lucha).
       Ser conscientes de las señales de tensión forma parte de un buen adiestramiento, porque esto significa que no se adiestra al caballo apresuradamente, sino que se le permite asimilar y realizar relajadamente la fase de aprendizaje en la que esté antes de continuar con la próxima. No hay una regla fija para decidir el tiempo que
debe durar cada fase. Cuando no hay tensión, el caballo está preparado para continuar. Un sorprendente número de caballos pueden ser refrenados y montados en el mismo día sin ponerse tensos. Un potro relajado, aunque no esté adiestrado, por naturaleza cede hermosamente, aunque lentamente, a una ligera presión en su boca y costados. No es la falta de doma, sino la tensión en la boca, el cuello y el cuerpo lo que ofrece resistencia.
       Las causas de la tensión son la excitación, el conflicto y el miedo. Un caballo que se detiene para mirar lo que podría ser otro caballo en el horizonte, tiembla de tensión, igual que un semental cuando está cortejando: ambos están medio asustados, medio deseosos. Estos tipos de tensión no son peligrosos. En el manejo del
caballo la tensión, generalmente, se debe a un miedo de baja intensidad. Si miramos en la dirección del foco de atención, éste nos indicará de donde proviene el miedo; si continúa a lo largo del adiestramiento y bajo diferentes condiciones, entonces el domador debería sospechar que es su propia tensión y comportamiento lo que causa el miedo.

Energía
       Los caballos salvajes, llenos de parásitos y desnutridos, que están quizás criando un potro o preñadas, deciden moverse de un sitio a otro, con mucha frecuencia al medio galope. En Montana, algunas manadas hacen un trayecto diario de treinta km. de ida y vuelta hasta el agua. ¿Cuánta energía debe entonces tener un caballo encerrado, desparasitado y bien nutrido?
       Muchos caballos tienen mucha más energía de la que a menudo se cree. Caballos de tanda y caballos de rutas trabajan habitualmente seis u ocho horas al día con una alimentación mínima. Cualquier caballo hacía lo mismo cien años atrás. Una hora de trabajo para un caballo en condición, es poco más que agotar sus ganas de brincar, y hasta que no gasta su exceso de energía difícilmente prestará atención a otra cosa.

       Los niños sanos salen de la escuela con una despreocupada explosión de energía; los potros hacen lo mismo. Dar al caballo la libertad de gastar este exceso de energía jugando o practicando movimientos razonablemente libres antes de ponerse a realizar el trabajo serio, le permite liberar algunas de las tensiones que ha acumulado en el encierro. Lejos de crear problemas de sobreexcitación, como se teme con frecuencia, esta línea de conducta fija un modelo de movimiento libre hacia delante y una impulsión fuerte, que se puede mantener cuando aumentamos las exigencias en la atención del caballo. A demasiados potros no se les permite jugar o corretear, lo que tiende a convertirlos progresivamente en explosivos o tercos y resentidos si contienen su energía.

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Puede apreciarse la evidente tensión en cuello, ollares y boca de la joven yegua de calidad
Tennessee Waiker, mientras se esfuerza por hacerlo lo mejor posible. Las alzas en sus cascos y las tintineantes cadenas y estímulos artificiales de la acción ayudan a hundir el cuerpo del caballo en su parte trasera, liberando la espalda y estimulando la elevación de los cuartos delanteros. Los Waiker con menos talento tienen peor suerte. Las normas de protección para caballos de U.S.A. prohiben específicamente usar diversas técnicas "de acción" en la pista de competición pero, por supuesto, no existe control alguno sobre lo que ocurra en los entrenamientos. Entre las técnicas prohibidas se encuentran las siguientes: insertarles cuaquier tipo de clavos, tachuelas o tornillos, inyectarles agentes químicos (normalmente irritantes acompañados con gasolina), quemar, cortar o herir cualquier miembro del caballo; las cadenas o similares que no estén protegidas contra la corrosión o que tengan protuberancias, salientes, asperezas o bordes cortantes; las botas con bordes afilados; las bandas metálicas en los cascos que puedan ser apretadas oprimiendo las coronas o que tengan salientes que puedan hundirse en ellas.
Las normas continúan en esta línea, especificando brutalidades hasta mucho más lejos de lo que uno cree posible que nadie hiciera para conseguir que un caballo eleve sus patas aún más arriba y venza en la competición, Una lista de normas sobre las manipulaciones (hasta llegar a la cifra de 30 subapartados minuciosamente especificados) sólo demuestra que su uso es tan común como para motivar la legislación que lo prohibe.
También está actualmente prohibido mostrar caballos con cicatrices y aún más estricta es la norma de que los caballos no pueden actuar durante más de diez minutos sin un descanso y durante más de veinte minutos en total al día.
Se fuerza la cola erguida típica de los caballos Waikers, Saddiebreds y Hackneys suele obtenerse por distintos medios:
a) manteniendo cruelmente atada a la cola una lámina de metal que obliga al caballo a levantarla.
b) Mutilando la cola y trabando una falsa ola en el muñón;
c)introduciendo una masa de jengibre en el ano del animal justo antes de que entre en la pista.
Los machos, enteros o castrados, también pueden tener el prepucio impregnado de jengibre para provocar que adelanten sus cuartos traseros.

 

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Fuente (La mente del caballo) Lucy Rees.
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