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    El buey... no puede soportar alejarse de su manada ni por un momento. Si es separado de ella con engaños o a la fuerza, muestra todos los signos de la agonía mental, intenta con toda su fuerza reunirse y cuando lo consigue se sumerge en el centro para bañar todo su cuerpo en el íntimo consuelo de la camaradería (Francis Gallón, of South African cattle, 1871)

VIVIR EN GRUPO
     A ningún caballo le gusta vivir solo, y pocos de ellos escogen la soledad. Muchos
caballos son forzados a acostumbrarse a la soledad, pero los caballos salvajes o los que pastan en libertad raramente viven solos. Incluso los caballos domésticos, que nunca han conocido el miedo real, se sienten mejor en compañía: los caballos son animales sociales.
     Nosotros también somos animales sociales y tenemos el mismo deseo innato de compañía, aunque algunos hayamos aprendido a amar la soledad o incluso a temer a los demás. Pero la mayoría de nosotros sabemos qué comporta la soledad y el aislamiento: miedo, nerviosismo, intranquilidad, anhelo de encontramos relajados junto a alguien, y finalmente tristeza. Mientras que nosotros esperamos con una débil esperanza que suene el teléfono, nos levantamos a encender un cigarrillo o jugueteamos con algo; el caballo relincha, mientras espera concentrado una respuesta, y en caso de que no haya ninguna, patea intranquilo en su establo.

Es entonces cuando aparecen las actividades de desplazamiento: muchos caballos solitarios, especialmente si están en entornos nuevos e inquietantes, no pueden tranquilizarse y sólo comen a intervalos.
La compañía, incluso la humana (generalización del estímulo), pronto los tranquiliza.
     Los machos, a causa de su sentimiento de posesión, tienen una necesidad mayor de compañía que las hembras, de hecho, algunos se vuelven furiosamente tristes, incluso maliciosos, si están solos. En caso de apuro, una cabra, un asno, una oveja o incluso un ganso logrará satisfacer su necesidad desesperada de compañía y reducirán su hipertensión, tan común en los confinamientos solitarios.
Las mascotas producen el mismo efecto en las personas solitarias.

Grupos de caballos


Los caballos matan dos pájaros de un tiro: combinan la necesidad de compañía con la necesidad de aparearse, de modo que la mayoría de los grupos naturales son harenes. La mayor parte de estos consisten en un semental, unas pocas yeguas (normalmente tres o cuatro, raramente más de siete: ver tabla y todas las crías que tengan como máximo dos años. Estos harenes permanecen juntos muchos años.
     Obviamente hay algunos machos, los jóvenes, los tímidos o los viejos, que no tienen yeguas. Viven en grupos de solteros. Los potros abandonan el grupo de los padres en la pubertad (alrededor de los dos o tres años), pero los potros machos raramente pueden mantener un harén hasta que no han cumplido más o menos seis años. En vez de esto, se emparejan o se unen a un grupo de solteros, y salen en expediciones a merodear en busca de yeguas. En estas aventuras son capaces de tácticas bastante extravagantes, y rara vez tienen éxito hasta que uno de ellos no haya madurado completamente.
A menudo las potrancas también abandonan a sus padres, cuando se encelan por primera vez, pero sus flirteos son ignorados por sus padres (los machos salvajes no se aparean con las potrancas que han crecido con ellos; tampoco las yeguas maduras aceptan a los potros machos como parejas). Atraen al macho de otro harén, o son reclamadas por el macho más fuerte de un grupo de solteros, sin la objeción de sus padres.

     Los machos más viejos (con más de 14 años) pueden perder sus harenes a favor de otros caballos más jóvenes y fuertes; al principio tienen dificultades en aceptar |

la compañía masculina, pero rara vez vagan solos por mucho tiempo. Pelligrini, que estudió a los mustangs en Montana, encontró un macho viejo que antes que vivir solo se había unido con un viejo antílope macho.
     Recientemente se ha observado que no es de ningún modo inusual encontrar o más machos en los harenes. A veces parecen ser coaliciones de harenes, donde cada caballo se aparea sólo con 'sus' yeguas; otras son alianzas, en las que un caballo viejo permite a uno joven que se una al grupo, aunque no que se aparee con sus yeguas (aunque haga sus primeras intentonas con las hijas). Aquí el macho más joven se resguardará de cualquier desafío, mientras que el viejo juntará a las yeguas en manada. Más raramente, dos caballos compartirán yeguas. Una ventaja de los harenes con más de un semental es que pueden hacerse más grandes, y en las áreas secas, donde las manadas hacen colas para beber en las charcas, es la manada más grande la que tiene preferencia. En el Desierto Rojo, en Wyoming, la mitad de los grupos tienen más de un semental. Pero este tipo de grupo tiende a ser menos estable que los formados por un único semental: la mayoría dura meses antes de romperse.

En las islas del este de los Estados Unidos, igual que en la pantanosa Camargue (al sur de Francia), los grupos se unen en grandes manadas (hasta 80) cuando holgazanean en verano. Se ha demostrado que a los caballos de la Camargue les pican menos los tábanos cuando viven en grandes manadas que en grupos pequeños. Las manadas grandes no se forman en invierno, ni tampoco en lugares donde hay normalmente brisa: los mustangs del lejano oeste tienden a emigrar en verano hacia las cumbres de las montañas en grupos separados en busca de otros pastos. Formar grandes manadas es la protección que tienen en las tierras bajas contra las picaduras de los tábanos. Aunque esto signifique que los machos deben tolerar a otros machos cerca de sus yeguas, hacen una tregua temporal: otro ejemplo de sus adaptables estrategias sociales.
      La composición y tamaño de los grupos de caballos salvajes varía bastante de acuerdo a las circunstancias, y aunque su sentimiento de vida social es fuerte, los caballos tienen unas pocas ideas preconcebidas sobre cómo debería ser ésta. Los caballos domésticos que cabalgan juntos en grandes áreas también se dividen en grupos,
incluso cuando no hay ningún semental, pero el estudio de los ponies asilvestrados en New Forest mostró que, cuando hay pocos sementales, los grupos quizás sean más pequeños y están normalmente basados en familias, o en las familias de yeguas que son amigas. También se dan más yeguas solas. El semental, con su comportamiento
de juntar a la manada, es presumiblemente lo que une al grupo y lo estabiliza.


QUIEN ES QUIEN EN EL GRUPO

La típica imagen de los grupos de caballos salvajes es que vagan liderados por un orgulloso semental que noblemente los protege de todos los peligros y expulsa a los intrusos. Desafortunadamente, los hechos no se adaptan a esta imagen romántica. Erróneas interpretaciones posteriores incluyen la imagen de que los caballos se organizan en tomo a una jerarquía, pero en investigaciones más profundas esto no se ha probado como verdadero. Entonces, ¿cómo organizan los caballos su vida social? Generalmente, aunque los sentimientos que tienen los caballos los unos a. los otros siguen una pauta coherente, las distintas circunstancias de cada uno les hace sentir de maneras diferentes, de modo que, a primera vista, podemos sacar consecuencias bastante engañosas y chocantes.
     Como quiera que sea, el hecho común en todas las sociedades formadas por caballos parecen ser las familias, y por supuesto, la amistad. Empezaremos con los grupos más simples, las familias sin semental en New Forest: incluso después de ser destetados, los potros tienden a. quedarse cerca de sus madres, y aunque se hacen mas independientes y curiosos mientras crecen, siguen a la madre si ésta se va de una manera decidida. En una familia pequeña, la madre se convierte en el líder cuando se ponen en camino, y normalmente es ella la primera en beber, en revolcarse y demás.    

La amistad es también un lazo de unión fuerte e importante. La amistad en los caballos domésticos es bien conocida: parejas de amigos que pasean juntos, se

espantan las moscas de la cara; se rascan recíprocamente en la cruz; les gusta viajar juntos cuando van en manada y se entristecen mucho cuando se separan. Las razones por las que adquieren unos sentimientos tan fuertes pueden ser un poco desconcertantes, pero a veces podemos conocerlas. A veces, los amigos, simplemente, han estado mucho tiempo juntos; otras veces han pasado juntos un momento duro, por ejemplo cuando fueron destetados, o han sido por casualidad introducidos juntos en un grupo ya formado. Pero cualesquiera que sean las razones, los caballos salvajes muestran los mismos sentimientos unos por los otros. En un grupo que está pastando libremente, u holgazaneando, o dormitando, encontraremos siempre juntos a los mismos caballos, y son precisamente aquellos a los que están más cerca, con los que se asean con más frecuencia.
     En cualquier pareja de amigas es probable que una de ellas sea más atrevida o menos nerviosa que la otra, incluso que sea la líder no sólo de su familia sino también de la de su amiga. Cada uno de ellos tiene razones para seguir a otro. En estos grupos de dobles familias, quizás observemos el liderazgo como algo importante, aunque en
cierto modo son los vínculos que causan el seguimiento los que ordenan el grupo.
     En un harén más grande, el trabajo del macho no es liderar el grupo sino reunir a la manada. Este comportamiento es el que mantiene unido al grupo, así que lejos de ser el líder, es él el que los sigue, amenazando y controlando a los caballos descarriados. En algunos casos puede parecer el líder, como cuando va el primero para desafiar a otro macho, o cuando deja atrás al harén para ser el primero en beber en una charca, lo que parece ser usual en los grupos de mustangs.

 El semental atraerá yeguas que no se lleven particularmente bien unas con otras, y además algunas que sean enemigas declaradas. Esto se refleja en el hecho de que las yeguas no quieren estar tiempo juntas y siempre se colocan en extremos opuestos dentro del grupo. En estos grupos numerosos, existe una complicada red de vínculos que unen a ciertos caballos, y una ausencia total de los que los mantiene alejados, de manera que sólo están todos a gusto practicando ciertas pautas. Por ejemplo, cuando se siguen unos a otros siempre guardan el mismo orden, como en muchas otras actividades que realizan juntos.
     Los vínculos familiares y amistosos se manifiestan constantemente en muchas demostraciones de proximidad, cuando se asean, holgazanean, dormitan y juegan juntos. Las yeguas no amamantan a potros de otras yeguas, y por lo general los ahuyentan, pero el semental juega con cualquier potro, incluso con los potros machos, de modo que todos los caballos jóvenes lo conocen bien. Habitualmente tiene yeguas preferidas con las que le gusta estar y asearse aunque no este en celo: la amistad también es importante.
     Los sementales que conviven en grupos de solteros se mantienen juntos porque son amigos y no les gusta la soledad. De nuevo encontramos un líder y unos seguidores.
     Los sentimientos que dictan la estructura del grupo son: los vínculos familiares; la amistad y la presión del semental.

JERARQUÍAS Y DOMINIO
     Cualquiera que haya observado a un grupo de caballos que conviven en un campo, sabrá que a menudo hay uno de ellos que domina a los demás. Él, o ella, es el primero que sale a la puerta de la verja en busca de premios, es el único que está a la sombra cuando no hay suficiente para todos, es el mismo que ahuyenta a los demás de su comida con amenazas y mordiscos. De manera similar hay también una criatura hostigada a la que el resto acosa, y cuando pace se encuentra en un estado de constante nerviosismo por miedo a que uno de los otros decida intimidarlo.
     Una clásica investigación en un corral de gallinas ha mostrado que podrían ser clasificadas en jerarquías de modo que A, la dominante, dominaría a las demás; B, la segunda, dominaría a todas menos a A, y así sucesivamente. Las gallinas agresivas que están arriba en la jerarquía, las 'dominantes', son las primeras en el comedero mientras que las 'sumisas' dejan paso a las demás y tienen que echarse atrás. Se pensaba que la jerarquía del dominio era la base principal de la organización que adoptaban los animales, especialmente cuando se observó que la jerarquía pocas
veces cambiaba.
Las personas que trabajan con caballos vieron señales de este tipo de jerarquía, y pensaron que los caballos agresivos, o 'dominantes', que son generalmente los más grandes, fuertes y mejor alimentados del grupo, eran los líderes en los grupos de caballos salvajes. Sin embargo, esto no es verdad. Estudios más detallados y cuidadosos, muchos de ellos sobre el famoso rebaño de Tour de Valat de ponies en la Camargue, cuya cría y relaciones han sido estudiadas durante años, han probado que los caballos intimidatorios no son necesariamente los líderes, y que las desarrolladas jerarquías que vemos en los caballos domésticos no son más que el resultado de nuestra observación en un medio que les provoca el ser competitivos.

En estado natural, los caballos no tienen pequeñas pilas de comida por las que pelearse; no tienen que empujarse para conseguir atención, golosinas o espacio para pasar por las puertas; y aunque es verdad que algunos de ellos son más agresivos que otros, y se ofenden si otros se acercan a ellos, esto no tiene nada que ver en cómo organizan sus grupos; ni, de hecho, en cualquier otra característica de su comportamiento. Los científicos, de los Estados Unidos la mayoría, todavía creen en la importancia de las jerarquías. Han analizado si la agresividad ejerce alguna acción sobre la capacidad de aprendizaje o el entrenamiento, y se han encontrado con que no es así; y si lo pensamos por un momento, veremos que no hay ninguna razón especial por la que debamos pensar que un caballo que muestra mal temperamento con los demás deba ser más listo o inteligente que cualquier otro. Igualmente, podemos observar que los caballos agresivos lo seguirán siendo, que no alterara la jerarquía. Casualmente, se ha descubierto que las hembras agresivas tienden a criar potros agresivos.

      Por consiguiente, las jerarquías de dominio se convierten en el resultado de unas condiciones y un punto de vista: lejos de guiamos sobre cómo se gobierna la sociedad de los caballos, son un tema de discusión. Pero esto no significa que no existan, y allá donde aparecen pueden resultar importantes en el manejo de los caballos.    Allí donde la competencia ha producido una jerarquía en un grupo de caballos, el grupo tenderá a intimidar a un recién llegado para que sea sumiso, de forma que se debe tener cuidado al introducir un caballo nuevo en el grupo: es una buena idea ponerle en el campo colindante al del resto del grupo por unos días. De esta manera puede tomar contacto sin ser intimidado por los demás. Cuando se produce una intimidación hacia un caballo por parte de otros no podemos inducir a los demás caballos para que "sean agradables" con él: entonces debemos cambiar bien la disposición del pasto o bien el grupo. Los caballos jóvenes son sumisos a las actitudes amenazantes de caballos más viejos, así que es improbable que un único caballo joven que entre en un grupo de adultos vaya a prosperar. A los caballos sumisos no les gustan las actitudes intimidatorias, de modo que si un caballo rehusa pasar o caminar al lado de otro, este rechazo puede estar relacionado con la intimidación (pueden existir otras razones, por supuesto) si ha reconocido un gesto de amenaza que quizás nosotros no hemos percibido.

    Antes de que la idea de las jerarquías basadas en el dominio se derrumbase completamente, científicos que estudiaban otras sociedades formadas por animales apreciaron que la agresión no es el único factor clave en el tema del dominio. M. R. A Chance, una autoridad en el estudio de los grupos de primates, dijo: "En términos generales, el dominio está actualmente considerado como esa faceta del comportamiento de un animal que le capacita para lograr un objetivo cuando compite con otros... Otra definición más estimulante del dominio que ejerce un animal sumamente dominante es que de esta forma se convierte en el foco de atención con respecto al nivel subordinado dentro del mismo grupo".
Estos estudios sobre la atención no se han hecho con caballos, pero es interesante señalar que dicha insistencia en ser el foco de atención les estimula al mismo tiempo la capacidad de sumisión.
     Un conocimiento natural de la amistad, una necesidad de contacto social, y una predisposición para seguir a un líder conforman la actitud de los animales sociales. No es coincidencia que los animales que son fáciles de adiestrar sean aquellos que viven en grupos y además tienen este entendimiento natural de la amistad y del contacto social.

Los caballos, perros, elefantes, vacas, focas y delfines son animales sociales. Los gatos y los tigres no lo son, y aunque no existe ningún problema en su inteligencia (aprenden rápido si se les estimula con comida) sabemos que no trabajarán para nosotros con la misma predisposición que los animales sociales. "No es casualidad que los perros tengan una capacidad innata para reconocer que han hecho algo mal, pero en cambio los gatos nunca muestran culpabilidad", escribe J. Z. Young. Al contrario que perros y caballos, a los gatos no les importa particularmente qué pensamos sobre ellos.
Del mismo modo que los caballos mantienen diferentes relaciones entre ellos, también son distintas las que mantienen con nosotros. Los métodos de doma violentos confían sumamente en la faceta agresiva del dominio; esto induce un miedo que, aunque permite la habituación, tiende a confundir e impide formas más avanzadas de aprendizaje. Mientras que los caballos apacibles son sumisos, otros intentan vigorosamente escapar a la menor ocasión; aquellos que son agresivos por naturaleza rechazan habitualmente la sumisión y atacan, mientras que otros, como los
miembros marginados de un grupo, esperan tranquilamente su oportunidad para escapar.

    Métodos más exitosos de entrenamiento avanzado se basan en la idea del 'foco de atención' para conseguir la sumisión, usando relativamente entornos familiares y aburridos para asegurarse que la atención del caballo no se desplaza de su jinete.

Hay muchos caballos de paseo, especialmente ponies de recreo, que han establecido una
relación que se basa en la amistad y confianza con sus Jinetes y no en el dominio y la sumisión.
Mientras que no se muestran particularmente obedientes en la pista de exhibición, estos ponies
son prudentes, tolerantes y complacientes, tan comunicativos y agradables con sus propietarios
como lo serían con otro caballo hermanado, y sabios sobre el mundo,

Una vez que han sido entrenados, estos caballos se muestran completamente seguros en la pista de exhibición o de adiestramiento, y sólo se fijan en las señales que les dan sus jinetes; sin embargo, puede que se muestren desesperadamente ansiosos en ciertas circunstancias, cuando el jinete presta atención a otra cosa o cuando tienen que pensar por sí mismos, y peligrosos cuando escapan.
 Distintas escuelas de entrenamiento avanzado exigen niveles diferentes de sumisión, seguimiento, o libertad de pensamiento del caballo. Habitualmente, un sistema de entrenamiento está enteramente basado sobre una cierta actitud, de forma que aconsejar sobre problemas de manejo puede resultar algo confuso a veces si se saca fuera de contexto.

Debido a esto, por ejemplo, un caballo que responde gracias a los lazos de amistad, se entristecerá completamente cuando se le apliquen ideas de dominio basadas en la mano dura. En cambio, un caballo que siempre ha sido tratado de forma dominante quizás se aproveche de actitudes más suaves.


Fuente (La mente del Caballo) Lucy Rees.
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