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COMPORTAMIENTO DEL POTRO :: El Caballo :: Inicio
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COMPORTAMIENTO DEL POTRO
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 El potro recién nacido madura asombrosamente rápido a medida que se van activando  sus programas de supervivencia. En el transcurso de una hora se levanta, camina, se alimenta y  responde a la llamada de su madre; una hora después domina el medio galope, sigue a su  madre colocándose a su lado, y chillará de pena si la pierde.
           Por la tarde puede caminar, trotar y galopar, espantar las moscas con la cola, levantarse   y agacharse coordinadamente, mordisquear la hierba y las pilas de estiércol (éstas le contagian   las bacterias necesarias para su gestión herbívora) y empieza a jugar aunque bastante   descoordinado.
     Entre los potros de pura raza nacidos en condiciones no naturales, unos pocos sufren  transtornos después del parto y el comportamiento de estos potros no se desarrolla de forma  natural. Se conocen como idiotas, porque se sientan con los ojos muy abiertos, aparentemente  insensibles; más tarde desarrollan la vista y la habilidad para tenderse, pero en muchos casos  atraviesan una fase de incapacidad de echarse por sí solos, durante la cual oyen, giran sus  cabezas hacia el sonido, caminan y se levantan, aunque no se pueden tender, mamar o seguir a  la madre.
   
     La independencia de las pautas que constituyen un comportamiento normal se hace más  evidente en estos potros a medida que desarrollan gradualmente una acción tras otra y vuelven  así a la normalidad (Rossdale).


En los primeros días, incluso semanas, la unión entre la yegua y  el potro es forjado más por parte de la madre, que es muy protectora y cariñosa con su potro. Aquí se ve a los dos  contentos y seguros. Una buena madre tiene siempre una oreja en su potro y si él se va lejos se preocupa y lo llama. Ese comportamiento contrasta con el de la vaca que deja su ternero dormido mientras pasta.

El aislamiento de un potro desde el parto se refleja después en la total confusión de sus  reacciones sociales; aunque él despliega   sus propias señales de acuerdo con su estado, no  puede responder a las de los demás. El imprinting y el reconocimiento de la propia identidad se   pierden. Grzimek observó que los potros aislados durante los dos primeros meses de vida se   aterrorizaban cuando eran introducidos en un grupo de caballos por primera vez.

     Los potros dedican gran parte de su tiempo a dormir, a alimentarse (sobre cuatro veces   a la hora), a jugar y el resto del tiempo lo ocupan explorando. Durante el primer mes juegan  sobre todo cerca de sus madres, mordisqueándolas y dándoles con las pezuñas, y desarrollan  un conocimiento agudo del espacio y la distancia social, que es característica en caballos  mayores: cuando sus madres les avisan de que no se alejen demasiado. Más tarde se  desplazan   más lejos para jugar con otros potros, usualmente del mismo sexo: hacen carreras,  se  persiguen, se embisten, brincan y luchan. Ya en las dos primeras semanas erectan y juegan  a   montarse.

     La exploración y la investigación de su entorno es también muy importante: al principio   los potros investigan mayormente con las bocas, y tienden después a tocar con la mano los  objetos extraños. Durante las primeras semanas los potros son inquisitivos y osados, de modo  que sus madres tienen que llamarlos para que se alejen del peligro; a medida que pasan los  meses se vuelven cada vez más desconfiados de cualquier cosa extraña.

     El mordisquear la hierba y las ramitas, y el beber se perfeccionan gradualmente. Al  principio tienen que doblar las patas delanteras para llegar al suelo. Durante el primer año  todavía perdura el fuerte seguimiento como respuesta.

     El conocimiento social se marca más: se desarrolla la reacción de sumisión, ´boquear´,  hacia caballos más viejos, y los potros muestran claramente que han aprendido el significado de   la amenaza y la postura de alarma, de las diversas llamadas, y de las diferencias entre  individuos  en su grupo.
           El reconocimiento madre-potro. Los potros que se extravían vuelven corriendo  precipitadamente cuando escuchan una llamada, pero no reconocen la llamada de la madre  individualmente.
Tampoco reconocen necesariamente a sus madres; corren hacia cualquier otra   yegua del  mismo color e intentan mamar de ella. Es la madre la que rechaza al potro,   aparentemente  por  el olor: las yeguas siempre se giran para tocar con el hocico el cuerpo de  los   potros.
Las yeguas no adoptan potros ajenos a menos que su olor esté oculto o sean yeguas  particularmente maternales. (Las ovejas son similares: los corderos echan a correr al escuchar  la voz de la madre, pero se dirigen a menudo hacia cualquier oveja, que sólo los rechaza  cuando los huele. Los corderos cuyas madres sean negras, correrán igual de ingenuos hacia un  perro negro).
           El destete tiene lugar normalmente cuando nace otro potro. Si la yegua está un   año sin criar, el potro seguirá mamando.
El destete artificial se realiza habitualmente alrededor   de los 6 meses, cuando se separa al  potro violentamente. En este momento es relativamente   fácil colocarle una cabezada, puesto  que el potro traslada su reacción de seguir, a su cuidador;   si, además, le pusieron la cabezada   y lo acariciaron varias veces durante la primera semana de   vida, cuando pueda ser conducido   al lado de su madre, recordará qué es llevar una cabezada  y   será menos propenso al pánico.   (De otra forma, al primer tirón de la cuerda tenderá a tirar instantáneamente hacia atrás su   cabeza o todo el cuerpo; es fácil que un potro se tire hacia atrás  y rompa su cuello). Un potro   aislado se siente confuso, aterrorizado y solo.

Crecer dentro de un grupo
           Crecer dentro de un grupo incluye los cambios graduales de los estados   sociales. Primero, los potros son meramente una parte de sus madres, ya que ocupan el  espacio  de  éstas. Sin embargo, cuando empiezan a moverse aprenden a evitar los espacios  de   otros  caballos y respetar a los adultos. Más tarde, cuando juegan con otros potros,  desarrollan   sus  propios grupos sociales y tienen amistades igual que los adultos. En su  segundo año   empiezan a  perder la reacción de ´boquear´, que indica su sumisión hacia  animales más viejos,   y adoptan su  posición como los más débiles del grupo.



Incluso antes del destete, los potros empiezan a hermanarse con el aseo mutuo (aunque, es evidente que no saben hacerlo bien).
Estas amistades juveniles pueden permanecer durante toda la vida.
Potros lusitanos. País de Gales.



Dos potros haciendo una pequeña exploración.
El más atrevido es el líder, mientras el más pequeño le sigue.
La yegua blanca parece preocupada.

Potros lusitanos. País de Gales.

A lo largo del primer año las diferencias de comportamiento entre los potros machos y   las  potrancas se van marcando gradualmente. Los potros machos son más alborotadores y  atrevidos que las potrancas, y tienden a golpear con las patas delanteras, a encabritarse y a   morder mucho más que ellas. A medida que se acercan a la madurez sexual, sus  juegos- peleas   se hacen más frecuentes y serios, mostrando los elementos de las peleas de  los   machos:   muerden en el cuello (tráquea y vena yugular), muerden detrás de los codos para   forzar al   oponente a que se arrodille, encabritándose y golpeándose. Cuando se  comportan  sexualmente   de forma abierta con las yeguas, ellas los rechazan y los expulsan  hacia los   alrededores de la  manada. El semental no los deja irse del grupo hasta que piensa  que son lo   bastante fuertes  para una vida independiente.
          Sin embargo, estos potros machos de dos años no están solos. Lo mismo les está   ocurriendo a otros en su grupo o en otros grupos. Los amigos abandonan el grupo de sus   padres juntos; los potros machos solitarios se reúnen con otros potros solitarios, formando así   grupos de solteros. Dentro de cada grupo habrá un potro más fuerte que los demás, y si su   superioridad ha quedado claramente establecida, éste será el que reclamará la primera  potranca   que encuentre, llevándosela para formar un nuevo grupo

   Las peleas de las potrancas jóvenes son menos frecuentes y normalmente son del tipo  patada-chillido. Cuando tienen dos años, la mayoría se aparean por primera vez. También  cambian de grupo. Las potrancas, igual que los potros, son muy exploradoras y el semental las  rechaza cuando les viene el celo, echándolas fuera del grupo (otra causa por la que una yegua  se cambia de grupo es que se quede rezagada mientras pare). Pero ya sea un grupo nuevo o  uno viejo, los caballos de dos años son sumisos a los adultos en cualquier disputa. Hasta  que  no tienen tres años no son considerados como adultos, e incluso después de pasar un par  de  años su comportamiento no será totalmente maduro.            
 Si son manipulados, los potros reflejan estos cambios sociales en sus actividades. Un  caballos   de dos años que no ha sido manipulado es mucho más sumiso que uno de tres o  cuatro años.   Mientras que a un caballo salvaje viejo es más difícil acercarse, sin embargo  acepta mejor su   posición una vez que no siente miedo hacia las personas.         Los dientes. A   los caballos de   tres años les sale su primer par de dientes permanentes en primavera (a los   caballos domésticos   bien alimentados antes) y a algunos la molestia les lleva a comer cosas   extrañas-barro,  piedras - o juegan con agua, chapoteando con la boca abierta para aliviar la   hinchazón y el  calor  y el calor  del paladar.



Fuente (La mente del Caballo) Lucy Rees.
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