| LA DOMA Y EL ENTRENAMIENTO |
|
La
psicología del caballo
El objeto del manejo del caballo es moldearlo,
no doblegarlo.
Presentar al caballo las lecciones de forma
progresiva y bien planificadas, que alteren su comportamiento
de forma sutil, es lo que se llama el arte de domar un caballo.
Es de vital importancia para conseguir este
fin que, el domador conozca la psicología del caballo.
De esta manera podrá comunicarse con él para decirle
qué es lo que quiere que haga.
El caballo evolucionó hasta llegar a
ser tal y como lo conocemos ahora, a lo largo de miles de años.
Gracias a su instinto de conservación y así evitar
a los predadores, el caballo se vio obligado a una serie de cambios
físicos y a una adaptación a su entorno,
para lo cual desarrolló un sistema de locomoción
movido por rápidos reflejos y velocidad.
Desde su domesticación hace ya más
de 5.000 años, espacio de tiempo muy corto en relación
al tiempo que éste existe, la habilidad del caballo para
adaptarse a las demandas del hombre, ha sido impresionante.
El caballo es un animal gregario por naturaleza
y siempre tiende a vivir y moverse en grupos para su propia seguridad.
De esta manera en todas las manadas existe una jerarquía
en la que los caballos se disponen en un orden según su
autoridad. Algunos
factores que influyen en esta posición son la edad, la
talla, la fuerza, el sexo, el tiempo que llevan en la manada y
el temperamento.
Para poder comunicarse y domar un caballo, el hombre debe establecerse
indiscutiblemente como
el caballo más superior.
Los tres puntos a tener en cuenta para domar un
caballo son:
1) El caballo debe ser domado con paciencia y
entendimiento hasta que éste acepte y entienda lo que se
le pide.
2) Cada caballo es diferente de los demás.
Aunque muchos de los principios se pueden aplicar a la mayoría
de los caballos, cada individuo requiere una aproximación
diferente.
3) Es mejor tomarse el tiempo necesario para tratar
al caballo con calma y buenos tratos en lugar de hacerlo por la
fuerza y el castigo, ya que al final se ahorrará tiempo y
dará unos resultados mucho mejores.
Por supuesto que la disciplina tiene un lugar
importante en el proceso de la doma, pero sólo y únicamente
debe ser utilizada en el momento oportuno y de la forma apropiada.
Los tres instintos básicos del caballo
son: comer, reproducirse y sentirse seguro, y es sobre este último
instinto sobre el que el domador deberá poner mayor atención
para que con gran ventaja, llegue a su meta: la doma del caballo.
Si un caballo está asustado o en una situación
de stress no atenderá a sus otros dos impulsos naturales,
comer y reproducirse, por lo tanto, no se puede esperar que el caballo
aprenda aquello que se le trata de enseñar si éste
tiene miedo.
Por ello es necesario que el caballo se sienta
seguro pues de esta manera llegará a confiar en su domador
o jinete por encima de todos los miedos.
El caballo aprende pronto que los sonidos suaves
y calmados significan cosas buenas, positivas y seguras. En cambio
sonidos agudos, fuertes y furiosos son negativos o que producen
miedo.
El caballo asociará cada señal recibida,
positiva o negativa, con lo que está haciendo en ese momento.
Si consistentemente recibe sensaciones positivas
cuando se relaja y se somete al manejo del domador, el caballo aprenderá
a adoptar estas actitudes para poder seguir recibiendo estas sensaciones
placenteras. Si por el contrario, recibe un golpe -sensación
negativa- cuando por ejemplo intenta pellizcar, el caballo aprenderá
a no seguir haciéndolo para evitar consecuencias no placenteras.
El caballo es un animal rutinario, por lo que
aprenderá por repetición a formar hábitos sencillos
o naturales sobre los que construir hábitos más complejos.
Por ello el domador deberá pedir al caballo, tan sólo
un poco cada vez, premiándolo generosamente con cese de presión,
a la mínima respuesta.
El domador no debe tratar de enseñar al
caballo dos cosas a la vez, ya que le confundiría. Cuanto
más simple sea la tarea, más rápidamente la
aprenderá el caballo.
En cambio, el domador tiene que ser consistente,
utilizando la misma señal cada vez que le pide al caballo
la misma respuesta. Estas señales deben ser definitivas para
que el caballo no tenga que "adivinar" qué es lo
que se quiere de él.
La formación de hábitos es el resultado
final del aprendizaje. Una respuesta aprendida a una cierta señal
dada, se repite y se refuerza hasta convertirse en una reacción
de costumbre. Cuando se llega al punto en que automáticamente,
el caballo responde de una cierta manera a un estímulo dado,
se dice que se ha establecido un hábito.
Cuando la conducta aprendida consiste en acciones
deseadas por el domador, se le llama buen hábito. Cuando
son acciones no deseadas, se le llama mal hábito. Por ello
el domador debe recordar siempre que un caballo no nace ni con buenos
ni con malos hábitos, sino que los aprende.
Antes de que un mal hábito pueda "romperse",
sus partes componentes deben ser "desaprendidas" y una
nueva respuesta debe colocarse en su lugar a base de repetición
y refuerzo hasta que se aprenda y forme así un buen hábito.
Ciertamente, no todos los caballos se comportan
igual ante el mismo estímulo. En ciertos casos, unos sentidos
limitados o defectuosos, pueden poner al caballo en un estado de
inseguridad. Por ejemplo, un caballo con los ojos pequeños
o situados bajos en la cabeza pueden propiciar al caballo a tener
una mala disposición ya que su campo de visión está
parcialmente bloqueado de manera que puede reaccionar impredeciblemente
a la vista de ciertos objetos o al oido de ciertos sonidos. Estas
lacras en los sentidos ya desde el nacimiento, producirán
diferencias en la disposición, actitud, personalidad y temperamento
de un caballo, lo que los hace más difíciles de educar,
ya que el stress o el miedo ante lo desconocido es muchas veces
la causa de un comportamiento neurótico.
Muchos caballos se estropean o se les enseña
a adquirir malos hábitos como resultado de un manejo erróneo
o abusivo.
Por un lado, hay personas que piensan o creen
que pueden ganarse la cooperación o lealtad del caballo siendo
indulgentes con él, cosa que les desilusionará ya
que no entienden que lo que el caballo necesita es una sensación
de seguridad y si éste debe aprender a confiar en su domador
ante todo debe aprender a respetarlo.
Por el contrario, el domador con manos rudas cuya
fusta o espuelas son la solución a todos los problemas, crea
en todo momento una sensación de aprensión en el caballo.
El animal vive en un constante miedo, esperando el próximo
fustazo o golpe de espuelas. Esta sensación invade al caballo
que cada vez tiene más miedo. El stress se va acumulando
y el entrenador debe abusar cada vez más para hacerse con
el caballo hasta que éste se convierta en intratable y resabiado
o se quebranta su espíritu completamente. Es como si fuera
una crisis nerviosa. El caballo que se da cuenta de su situación
desesperanzada, finalmente se rinde. El resultado será la
"sombra de un caballo" que nunca será una montura
en la que se podrá confiar, y todo gracias a su "domador".
Finalmente el domador que conoce la psicología
del caballo, será capaz incluso de "arreglar" el
caballo resabiado que fue objeto de un mal manejo. Veamos el caso
de un caballo que se asustó terriblemente, la primera vez
que se le enganchó a un carro.
El caballo está algo nervioso por una situación
de la que se desconoce qué elemento o elementos pudiera turbar
al caballo -quizá todos- El caballo no se muestra aparentemente
nervioso cuando se le colocan los arneses, aunque puede ser que
no se encuentre muy a gusto así. Tampoco parece que su manejo
a las riendas largas le incomode, pero algo sí.
Quizá incluso soporte el hecho de arrastrar
algún objeto. Sin embargo, cualquiera o todas estas sub-tareas
pueden contribuir a su miedo. El caballo se siente totalmente al
borde de su miedo y, finalmente, cuando se le engancha al carro,
explota.
Pero ahora el domador, intenta un camino diferente.
Un día tan sólo pone los arneses
al caballo, de una forma tranquila y sosegada. Habla al caballo,
le acaricia y quizá incluso le da alguna golosina. A continuación
y de la misma forma tranquila y sosegada, le retira los arneses
y devuelve el caballo a su cuadra.
Al día siguiente hace lo mismo, y así
sucesivamente, de manera que, al final de la semana, el caballo
piensa que el hecho de que le pongan los arneses, no es nada malo.
Después de esto, el caballo no se perturba
cuando el domador lo lleva fuera y le da cuerda con los arneses
puestos. Unos cuantos días así, y el caballo aceptará
la idea de que llevar los arneses y moverse con ellos no le causa
miedo. Cada vez que el caballo realiza una sub-tarea y recibe premio
o compensación en lugar de trauma, éste recibe un
refuerzo positivo.
Gradualmente el domador añade nuevas sub-tareas
-sólo una cada vez- de manera que cada vez que algo nuevo
se añade y el caballo lo acepta de buen grado, éste
regresa a la cuadra.
Finalmente, cuando todas las sub-tareas preliminares
forman parte de un hábito positivo, con el cual el caballo
se siente confortable, el hecho de enganchado al carro no es ya
el detonador del "barril de pólvora" -porque el
barril está vacío.
El domador que tiene paciencia, es sutil y sabe
dar seguridad al caballo, tendrá en éste un colaborador
confiado y obediente que será un placer montar.
El
entrenamiento de Impresión
¿A qué edad debe empezarse a domar
un caballo Western?
- Tanprontocomoel potronace- es la respuesta.
De hecho, cualquiera que sea la disciplina hípica
a la que se vaya a destinar el caballo, éste se beneficiará
grandemente de lo que se llama "entrenamiento de impresión".
 |
Este entrenamiento
de impresión se puede definir como el proceso de aprendizaje
que tiene lugar justo al nacer y durante los 20 ó 30 primeros
minutos de la vida del potro, tiempo durante el cual se puede establecer
un patrón de comportamiento.
A pesar de que comunmente se dice que no se debe
manipular un potro recién nacido porque puede interferir
en la vinculación entre madre e hijo, ciertos veterinarios
y científicos, han demostrado que esta manipulación
no sólo no interfiere en el vínculo maternal, sino
que ayuda al potro en lo que más tarde será su verdadero
entrenamiento.
El caballo se encuentra entre las que se llaman
"especies precoces", es decir, que nacen prácticamente
desarrollados en muchas de sus facetas, jugando dos de ellas, la
visión y el olfato, un importante papel en el entrenamiento
de impresión.
Durante estos primeros minutos de vida, el potro
aprende a seguir y a admitir cualquier objeto grande que esté
por encima de él. Si el potro, además de a su madre,
ve a su "domador", para siempre quedará impreso
en su cerebro que la presencia de un ser humano, es totalmente normal
y de la que no hay que temer.
Al mismo tiempo, si durante su presencia, el
domador, acaricia al potro que todavía está en el
suelo y suavemente le toca por todas partes como las patas, interior
de la boca y las orejas, etc. al tiempo que deja que éste
le olfatée, no habrá problema más adelante
en que el potro se deje coger las patas para arreglarle los cascos
o permitir que le manipulen las orejas para esquilarlas.
El objeto del entrenamiento de impresión
se puede resumir en dos aspectos:
- El vínculo y sumisión al ser humano.
- La insensibilización a ciertos estímulos
y la sensibilización a ciertos otros estímulos.
Ciertamente y, aunque el entrenamiento de impresión
es muy aconsejable, no siempre es posible.
Existen numerosos factores en contra, como es
que muchas yeguas, si no la mayoría, paren durante la noche
o bien de madrugada, por lo que ya es demasiado tarde cuando por
la mañana el domador encuentra al potro que ya lleva de pie
varias horas.
A veces las yeguas son muy celosas y se vuelven
agresivas contra las personas que quieren tocar a su potrillo.
Por último, en las explotaciones ganaderas
en las que anualmente nacen una gran cantidad de potros, es prácticamente
imposible estar por todos ellos a la vez.
La
primera lección
Tanto si el potro ha podido recibir su entrenamiento
de impresión como si no, es necesario que la doma del futuro
caballo Western, comience de inmediato, ya que el potro crece rápidamente
y es mejor que su domador pueda controlarlo, antes de que el potro
lo controle a él.
Por otro lado, a los 6 u 8 meses de edad el potro
participará en su primer concurso morfológico para
lo cual, se requerirá de él que aparte de una buena
conformación y movimientos, sepa comportarse bien y sepa
posar atentamente y con sus cuatro patas formando un cuadro bajo
su masa cuando sea puntuado por el juez.
El primer paso en la doma del joven potro es ponerle
la cabezada de cuadra. Si el potro recibió el entrenamiento
de impresión, este ejercicio será muy fácil,
si no, será necesaria la intervención de uno o dos
ayudantes, ya que por lo general el potro no se dejará tocar
y menos aún, coger.
Un ayudante sujetará a la yegua y la colocará
de forma que el potrillo quede "atrapado" en una esquina
de la cuadra. El domador, en una acción rápida cogerá
al potrillo pasándole un brazo alrededor del cuello y sujetándole
la cola por la base hacia arriba con la otra mano. El segundo ayudante
procederá a colocarle al potrillo la cabezada de cuadra,
acariciándole al mismo tiempo.
Es importante que, la cabezada de cuadra sea fuerte,
resistente y de la medida apropiada.
Durante unos minutos el domador y el ayudante
seguirán acariciando al potrillo y le hablarán con
tonos suaves para que éste vaya perdiendoel miedoal ser humano.
Este ejercicio se puede repetir diariamente con
la precaución de no dejarle al potrillo la cabezada de cuadra
puesta durante todo el día ya que existe el peligro de que
se enganche una pata trasera en ella al ir a rascarse la cabeza.
La
conducción del ronzal
Cuando el potrillo tiene varias semanas de vida
se ajustará un fuerte ronzal mediante un mosquetón
a la cabezada de cuadra. Mientras el ayudante conduce a la yegua,
el domador llevará al potrillo del ronzal.
 |
De hecho
el potrillo querrá seguir instintivamente a su madre de manera
que el domador se limitará a acompañarlo. A este nivel
no conviene ejercer mucha presión, tan sólo bastará
con que el potrillo ceda un poco la cabeza con una ligera presión
del ronzal. Después de unas cuantas sesiones, el potrillo
no objetará que el domador camine pegado a su lado, sin embargo,
todavía es pronto para que éste aprenda a dejarse
conducir.
El paso siguiente será comenzar a enseñar
al potro a ser conducido del ronzal.
Los tres métodos más comunes son
los siguientes:
1) El domador situado en frente pero hacia un
lado del potro, aplicará una ligera presión tirando
del ronzal. En cuanto el potro dé un paso la presión
deberá cesar.
Situándose ahora el domador al otro lado
del potro, repetirá la operación. Pronto el potro
aprenderá a seguir del ronzal a la mínima presión.
2) El domador colocará una cuerda gruesa
y suave en forma de lazada con un nudo fijo, alrededor de las ancas
del potro de manera que se ajuste a la medida de éste y pasando
el otro extremo de la cuerda por la anilla de la cabezada, donde
está ajustado el ronzal. El domador animará al potro
a ir hacia delante tirando suavemente de la cuerda de la lazada
que empujará al potro desde atrás.
En cuanto el potro comience a caminar, se cesará
la presión sobre la cuerda de la lazada.
3) Este método es igual al anterior con
la diferencia que la lazada irá alrededor del cuerpo del
potro, justo detrás de la cruz, saliendo el extremo de la
lazada entre las patas delanteras.
En cualquiera de los casos es conveniente que
la yegua esté presente y cerca del potro.
Antes de cada paso es necesario que el potro esté
totalmente relajado y tranquilo. Las sesiones de trabajo no deben
durar más de 15 minutos.
Ahora que el potro ya comienza a seguir del ronzal
deberá aprender dos palabras. Una de ellas será la
cosa más importante que el futuro caballo aprenda a lo largo
de su doma.
"Las
primeras palabras"
La primera de ellas indicará movimientos
hacia delante, por ejemplo se puede utilizar la palabra: VAMOS!.
La segunda y más importante indicará
parar del todo, por ejemplo se puede utilizar la palabra: WHOA!.
Muy pronto el potro asociará la palabra
VAMOS con un ligero tirón del ronzal hacia delante para comenzar
a caminar y la palabra WHOA con un ligero tirón del ronzal
hacia abajo para parar.
Más adelante cuando el potro conozca perfectamenfe
el significado de estas dos palabras podrá el domador comenzar
a enseñarle una nueva palabra y un nuevo movimiento: el paso
atrás.
Para enseñar al potro el paso atrás,
el domador ejercerá una presión intermitente hacia
atrás con el ronzal, indicando con la voz por ejemplo la
palabra: TRAS!.
Si el domador no consigue la mínima respuesta
por parte del potro, podrá ayudarse empujándole en
el pecho con dos dedos de
su mano, también de forma intermitente.
El domador deberá permitir al potro un
amplio espacio de tiempo para responder a su petición.
Atar
al potro a un poste
Cuando el potro tiene ya varios meses, pero está
todavía con su madre, puede ser atado por vez primera.
Es muy importante que la estructura a la cual
el potro se va a atar, sea completamente segura y no se rompa o
suelte si el potro tira de la cuerda, ya que no sólo podría
herirse gravemente o incluso matarse si no que podría convertirse
en una experiencia aterradora.
 |
Una anilla
bien sujeta en la pared de una cuadra o bien un poste (no un travesaño)
de la cerca de un picadero serán lo ideal.
El potro puede atarse directamente con una cuerda
fuerte, o mejor aún atar ésta a la cámara de
un neumático y con otra cuerda atar la cámara a la
anilla o poste con un nudo que el potro no pueda soltar pero que
el domador pueda deshacerlo fácilmente.
La altura a la que debe ser atado el potro es
al nivel de sus ojos o incluso más arriba, lo suficientemente
corto como para que no se pueda trabar una pata, pero suficientemente
largo para que esté cómodo. Como la goma del neumático
es elástica dará alivio al potro, que lo más
seguro es que tire de la cuerda, pero que al mismo tiempo le sujetará.
Pronto el potro entendrá que tirar de la cuerda es hacerse
las cosas difíciles a sí mismo y aprenderá
a tener paciencia, permaneciendo quieto con la fuerda floja.
Nuevas
experiencias: cepillado, levantar las patas
Después de que el potro aprenda a permanecer
quieto mientras está atado, el domador le irá acostumbrando
a cepillado y a cogerle las patas. A estas alturas el potro estará
suficientemente acostumbrado a la presencia de su domador y a dejarse
tocar por éste, por lo que dejarse cepillar suavemente no
supondrá un inconveniente.
 |
El domador
le mostrará al potro el cepillo para que pueda olfatearlo
y se acostumbre a verlo y a sentirlo sin asustarse. Suavemente y
comenzando por el cuello, el domador cepillará todo el cuerpo
del potro. Con un paño o trozo de tela le frotará
suavemente partes más sensibles, como la cara, barriga, patas
y región genital.
Hay que tener en cuenta que ciertos potros son
más sensibles de piel que otros y es posible que no les guste
que los cepillen, pero con un poco de paciencia el potro ser irá
acostumbrando a ello.
Coger las patas del potro es importantísimo
para poder no sólo limpiarle los cascos, sino también
para que el herrador pueda arreglarle los cascos y más adelante
herrarlo, sin que después resulte un trauma. Para ello, el
 |
domador comenzará
acariciando el cuello del potro, pasando después hacia el
hombro y bajando por la pata hasta el casco. Si el potro lo ha aceptado
bien, entonces el domador podrá comenzar a cogerle una pata
delantera por la cuartilla y tratará despacio de levantársela.
A la mínima respuesta por parte del potro se cesará
para ir pidiéndole más elevación de la pata
y durante más tiempo, de una forma progresiva. Se repetirá
el proceso con cada una de las cuatro patas.
Durante el tiempo que el potro pase con su madre
en el cercado o en el picadero, pueden dejarse allí objetos
con los que no pueda hacerse daño para que se familiarice
con ellos, como por ejemplo un saco, un neumático de coche,
una pelota grande, alguna bolsa de plástico, etc... El potro
se acostumbrará a ver cosas diferentes y su curiosidad natural
le llevará a inspeccionarlas, llegándolas a tocar
y a pasar por encima sin ningún temor.
|