| DOMA NATURAL EN LA MONTAÑA 2002 |
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Aprovechando el puente de Todos los Santos,
decidí probar una experiencia nueva con algunos de mis alumnos
y organizamos un curso donde se combinaban las clases de montar
con la Doma Natural. El objetivo del curso era mejorar nuestro
nivel de monta por la montaña al tiempo que profundizábamos
sobre el conocimiento de los caballos.
Como sabéis la base de la Doma Natural es el conocimiento del
comportamiento de los caballos salvajes, pues su comportamiento
instintivo es el mismo que el de los domésticos en casi todos
los casos. Hasta la fecha, tanto en los diversos cursos de Doma
Natural que hemos realizado como a través de esta serie de artículos
estudiábamos a los caballos salvajes desde un plano teórico,
mediante conferencias, fotografías, videos, etc. De esta forma
nos aproximábamos al caballo desde el punto de vista del conferenciante
o del autor del video o las fotografías. Mi intención era poder
compartir con mis alumnos la experiencia de observar a los caballos
en su hábitat natural pudiendo así cada uno extraer sus propias
conclusiones.
Todos los caballos salvajes que existen en la actualidad en
cualquier rincón del mundo vienen de caballos domésticos asilvestrados.
No hay hoy en día caballos salvajes originarios. Y todos los
caballos salvajes, vivan donde vivan se comportan de igual forma.
Su vida social y su forma de comunicación son iguales en los
cinco continentes. La trascendencia de esto es enorme, pues
ello significa que si dejamos a un grupo de caballos domésticos
en libertad se comportaran como los salvajes, lo que nos muestra
que los instintos primarios del caballo son tan fuertes que
por muchas generaciones que lleven domesticados no se les han
olvidado, lo que nos permite usarlos en aras a una mejor comprensión
de su comportamiento y más fácil comunicación con ellos.
Pues con este objetivo de conocer mejor a los caballos salvajes
nos pusimos en ruta. Nuestro destino era la Sierra de Aralar
en el noroeste de Navarra. Allí se concentran diversos grupos
familiares de caballos que viven en completa libertad. Si bien
la mayoría de ellos tiene dueño, al vivir plenamente libres
conservan su comportamiento primario.
Nos alojamos en el Hotel Ayestaran de Lecumberri, población
situada al pie de la Sierra de Aralar, a donde llegamos el 31
por la tarde. Lo primero que hicimos fue ir a conocer a los
caballos que montaríamos los días posteriores. Los caballos
nos los dejaba Joaquin Labayen de Aralar Zalditegia, una hípica
situada en Bariabar, pueblo muy próximo a Lecumberri. La noche
del 31 de octubre tuvimos la primera sesión de trabajo. Intente
explicar al grupo como se comportan los caballos salvajes para
que pudieran entender aquello que esperaba poder ver al día
siguiente.
El primer día salimos temprano con la esperanza da dar con alguno
de estos grupos, lo que se complicaba al estar avanzado el otoño,
pues cuando empieza el frío los caballos bajan de las campas
y se refugian en los bosques donde es mucho mas difícil encontrarlos.
Tras cuatro horas de travesía dimos con los primeros grupos
y empezamos a observarlos.
Los grupos que encontramos no tenían semental, por lo que no
pudimos ver el comportamiento de todos los miembros de un grupo
familiar. Pero si observamos como la yegua líder dirigía a su
grupo hacia una charca donde podrían beber. La yegua líder iba
en cabeza y el resto del grupo la seguía en fila india. Al reparar
en nuestra presencia se quedaron todos observándonos fijamente
en estado de alerta, al ir nosotros a caballo no nos vieron
como una gran amenaza y en cuanto la líder se relajó el resto
hizo lo mismo y se pusieron todos a beber.
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Ese día también
pudimos observar a los potros jugando y como se coordinaban
entre ellos mientras corrían. Estos juegos son la mejor preparación
para poder huir de los depredadores en caso necesario.
Ese primer día aprendimos como el liderazgo depende de la experiencia
y la tranquilidad que la yegua líder sabe transmitir al resto
del grupo, que la sigue sin dudar, así como el instinto tan
marcado que tienen los caballos de coordinarse unos con otros,
lo que es muy útil a la hora de manejarlos o montarlos.
El segundo día decidí probar suerte en zonas más boscosas a
ver si encontrábamos algún grupo completo. Tampoco tuvimos suerte
pues seguíamos estando a mucha altura y había pocos caballos.
Pero como el día anterior tuvimos una interesante sorpresa.
Nos encontrábamos en el valle de Ata, valle muy estrecho que
penetra en la Sierra de Aralar en el que los animales suelen
refugiarse del mal tiempo. Allí apareció un grupo mucho mas
numeroso de lo habitual, podría estar formado por treinta cabezas.
Esto es posible al no haber sementales.
Las yeguas y potros
de distintos grupos familiares se unen y forman mayores manadas.
Nos acercamos al grupo con sigilo para poder observarlo mejor
pero como era de esperar en cuanto penetramos en su zona de
seguridad el grupo entero huyo al galope.
Lo sorprendente del
caso fue que en vez de alejarse de nosotros fueron rodeándonos
poco a poco hasta que nos encontrábamos justo en el centro de
una manada de treinta caballos que no paraban de moverse a nuestro
alrededor. Fue una pena no haber podido quedarse allí mas tiempo
pero nuestros caballos empezaban a ponerse nerviosos y dado
que algunos de mis alumnos no eran jinetes muy expertos decidí
lanzarme contra el grupo para dispersarlo y así poder continuar
nuestro camino.
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Lo que allí había sucedido fue que
al ir nosotros montados y quedarnos parados la manada dejo de
vernos como una amenaza y poco a poco la curiosidad por conocer
a los nuevos caballos fue venciendo el miedo que les causamos
al principio. A estar allí quietos se iban acercando mas y mas
hasta que los que empezaron atener miedo fueron nuestros propios
caballos.
Interesante experiencia si se quiere ir a capturar
caballos que vivan en libertad, pues actuando de manera parecida
nos permitirán acercarnos mucho a ellos. Esto es posible al
no haber sementales, pues de haberlos habido se habría acercado
solo el semental.
El tercer día nos dirigimos hacia las campas de Albiasu y los
bosques circundantes. Es una zona de menor altura donde por
fin encontramos un grupo familiar completo formado por tres
yeguas sus potros y el semental. Lo curioso de este encuentro
fue el comportamiento de uno de los potros.
Al pasar cerca del
grupo el semental salió a nuestro encuentro a ver quienes eran
aquellos intrusos, quedándose las yeguas y los potros formando
una piña mas atrás. Lo sorprendente del caso es que un potro
macho, aproximadamente de un año de edad, salió galopando detrás
de su padre hacia nosotros imitándole en todos sus movimientos.
Daba la impresión de que el potro estuviera aprendiendo de su
padre el comportamiento de un semental ante un grupo de intrusos.
En esta ocasión tuvimos suerte de que el grupo se encontraba
en el termino municipal vecino, por lo que la alambrada que
separa los dos municipios impidió que el semental llegara hasta
nosotros, pues estaba mas alterado de lo habitual probablemente
por la presencia de su hijo.
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Este es un breve resumen de algunas
de las experiencias que compartimos, junto
con muchas horas de excursión por bonitos parajes
que sirvieron para que pudiésemos mejorar en nuestro
nivel de monta por la montaña.
Mi intención es repetir estos cursos periódicamente
en primavera y verano para que todos aquellos a
los que les apetezca vivir experiencias parecidas a las explicadas
puedan hacerlo.
Pulsa
aqui para ver la opinión de los alumnos.
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