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Hasta este momento
hemos enseñado a nuestro potro una serie de cosas muy útiles para
no tener problemas en su manejo. A partir de ahora vamos a empezar
con el adiestramiento del potro para poder montarlo con tranquilidad
y seguridad. Por lo tanto no debemos olvidar en ningún momento
de ahora en adelante que estamos preparándolo para ir montado.
Es muy importante que cuando realicemos los ejercicios que aprenderemos
a continuación lo hagamos en la forma más similar a si montáramos
al potro. Debemos intentar que las sensaciones que perciba el
potro con estos ejercicios sean lo más parecido posible a las
que percibirá cuando lo motemos.

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En este capítulo vamos a introducir al potro en las riendas
largas. Para mi las riendas largas son un ejercicio fundamental
en el adiestramiento del potro, ya que nos permitirá enseñar al
potro prácticamente todo lo que va a necesitar aprender para dejarse
montar con facilidad.
Si hemos trabajado bien con nuestro potro lo hemos habituado a
que nos siga con confianza y por su propia voluntad por cualquier
terreno. Nos sigue suelto por el picadero, coordinando sus movimientos
con los nuestros, nos sigue del ramal por el campo, es capaz de
superar a nuestro lado las dificultades que plantea el terreno,
supera obstáculo, pasa por el agua, no se asusta de los coches,
etc. Hemos conseguido mucho, el potro confía en nosotros, nos
ve como a su líder natural y nos sigue voluntariamente y con alegría.
Antes de empezar con las riendas largas nos enfrentamos al problema
de que el potro no va a seguirnos sino que él debe ir por delante
nuestro. Debemos explicarle bien que aunque nosotros seguimos
guiándole lo haremos desde detrás que él debe ir por delante atendiendo
a nuestras señales. Para empezar a avanzar en este aspecto lo
haremos en el picadero redondo, donde con el caballo suelto y
a distancia le mandaremos señales indicándole con nuestro cuerpo
hacia donde debe ir. (Hay que recordar que estamos trabajando
con un potro que ya nos acepta plenamente como líderes) Nos situaremos
por detrás de él presionando hacia sus posteriores con lo que
el potro se moverá hacia delante, pues huirá de la presión. Si
queremos que realice un cambio de sentido cortaremos por el picadero
colocando nuestro cuerpo por delante del potro, como si cayera
una barrera que le bloqueara el paso, de ese modo el potro cambiará
de dirección. Para pararlo basta con quitar toda presión, nos
quedaremos quietos en el centro del picadero muy relajados y el
potro parará y vendrá hacia nosotros.

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Una vez llegue a nuestro lado empezaremos
a acariciarlo por todo su cuerpo, levantaremos sus manos y pies
y empezaremos a iniciarlo en las riendas largas. (En próximos
capitulos trataré con profundidad las técnicas de trabajo en libertad
en picadero redondo con potros sin amansar).
Pondremos al potro su cabezada de cuadra de forma que la muserola
quede un poco más baja de lo normal. Ataremos una cuerda de unos
6 metros de longitud en una de las anillas laterales y la pasaremos
a lo largo del potro rodeándole por detrás de sus posteriores
fijándonos que quede siempre por encima de los corvejones situándonos
nosotros al otro lado del potro más o menos a la altura de su
cruz. Una vez allí, daremos pequeños tirones intermitentes a la
cuerda que presionará al potro en su anca. Éste desplazará su
posterior separándose de la presión de la cuerda girando su cara
en dirección a la cuerda. Él mismo aprenderá a responder a la
rienda sin que tengamos que tirar de él. Si intentamos enseñarle
tirando directamente de la rienda la reacción del potro va a ser
tirar contra nuestra mano, con lo que empezarían los problemas.
Repetiremos el ejercicio varias veces, normalmente con tres es
suficiente, hasta que el potro gire a la primera insinuación de
nuestra mano. Si el potro se gira hacia el lado contrario, es
decir hacia donde estamos, lo que es normal pues está acostumbrado
a seguirnos, no debemos movernos mientras que seguimos pidiendo
con pequeños tirones de la cuerda. Él mismo debe desliarse y aprender
que separarse de la presión que la cuerda ejerce sobre su anca
es la mejor solución para que la presión desaparezca totalmente.
EN cuanto el potro se empiece a mover en la dirección que le pedimos
la tensión de la cuerda debe desaparecer inmediatamente.
Una vez que el potro haya aprendido este ejercicio hacia los dos
lados introduciremos la segunda rienda. Colocadas las dos riendas
largas en la cabezada nos situaremos en el centro del picadero
en la misma posición como si fuéramos a dar cuerda. Con la rienda
interior controlaremos la cabeza del potro y utilizaremos la rienda
exterior como podríamos hacer con una traya. Con la rienda interior
indicamos la dirección al potro, mientras que con la exterior
lo impulsamos. Debemos tener muy en cuenta que la rienda exterior
no debe ejercer tensión alguna sobre la cabezada ya que estaríamos
frenando al potro. Nosotros no nos ponemos por detrás del potro
por que éste está acostumbrado a vernos y así será más fácil que
vaya hacia delante.

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Una vez que el potro va hacia delante
podremos irnos desplazando paulatinamente hacia sus posteriores
hasta que lleguemos a colocarnos justo por detrás. Si en estos
primeros momentos el potro se para nos desplazaremos un pico hacia
un lado para que nos vea, y así con paciencia, hasta que el potro
coja la idea de avanzar llevándonos a nosotros por detrás suyo.
En esta fase lo único que debe preocuparnos es que el potro vaya
hacia delante, no importa la dirección, estamos trabajando la
confianza del potro. Le costará avanzar sin tener a su líder por
delante.
Una vez que avanza sin miedo y relajado empezaremos a guiarlo,
probaremos diversos giros a derecha e izquierda. Para ello utilizaremos
las riendas largas exactamente igual que las riendas cuando montamos,
las sensaciones que debe tener el potro a las riendas largas deben
ser iguales a las que tendrá cuando lo montemos, ese es precisamente
el objetivo de este ejercicio. Para pedir un giro a la derecha
pondremos un poco de tensión en la rienda derecha, aflojando la
izquierda para que el potro pueda girar su cabeza siguiéndole
nosotros siempre sobre sus huellas. Nosotros debemos desplazarnos
siguiendo su rastro, debemos estar siempre colocados tras su cola,
sino dificultaríamos sus movimientos con nuestro cuerpo. La rienda
exterior la usaremos para ayudar al potro en su impulsión, usaremos
la rienda exterior en los círculos como si fuera nuestra pierna
exterior.

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Una vez que somos capaces de dirigir
al potro por todo el picadero pasaremos a entrenar la parada.
Este es un momento trascendental. Será la primera vez que le pediremos
al potro que se pare en la misma forma que lo haremos montados,
por lo tanto que la primera parada sea buena es fundamental. Yo
no monto nunca un potro si no estoy seguro que podré pararlo.
Para enseñarle la parada nos colocaremos justo detrás de él, tendremos
las dos riendas con igual longitud y mientras que bajamos nuestras
manos nos clavaremos en el suelo al tiempo que le pedimos que
pare con la voz. El potro seguirá su movimiento hasta que se tensen
las riendas, que al estar bajas harán que baje su nariz. Cuando
veamos que el potro ya está pensando en parar quitaremos la tensión
de las riendas. Tan importante es que al pedir la parada nos quedemos
absolutamente quietos, que el potro tenga la sensación de estar
atado a un árbol, como que una vez que pare desaparezca inmediatamente
toda tensión. El premio más importante para el potro es la ausencia
de tensión. Parado el potro soltaremos las riendas del todo mientras
él permanece quieto en el sitio. Nos acercaremos y le acariciaremos.

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Dominados los anteriores pasos, hacia
delante, giros y parada, empezaremos a colocar pequeños obstáculos
en el suelo que harán que el potro aumente su concentración en
el trabajo, que baje su cabeza y que gane en confianza al superar
pequeños problemas.
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