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La valoración del uso
de tranquilizantes para herrar caballos dificiles, ha de ser considerada
bajo al menos cuatro puntos de vista distintos y a su vez interrelacionados
entre sí. Los alegatos, ya sean a favor o en contra, han
de ser contemplados bajo distintos parámetros que cambian
respecto a las coincidencias o discrepancias del herrador con el
caballo o las condiciones en que se practica el herrado. En el siguiente
articulo analizaremos los distintos puntos de vista desde los cuales
de decide la administración de un tranqulizante medicamentoso
por parte de un herrador a un caballo difícil. Para un mejor
análisis del tema, unificaremos todos los distintos parámetros
de actuación sobre tres puntos principales: El propietario
del caballo, el efecto del tranquilizante sobre el caballo, y el
herrador del caballo como individuo administrador del tranquilizante
y responsable en ultima instancia ante la ley y el propietario del
caballo.
El
propietario del caballo.
Generalmente, el propietario del herraje es completamente ajeno
a éste en los tiempos modernos. Atrás quedan los tiempos
en que el dueño del caballo se desplazaba hasta la herrería
para herrar su caballo, no solamente presenciando la operación
del herrado, sino incluso participando activamente en el mismo,
sosteniendo las manos y pies del animal cuando se herraba al “estilo
español”.
Hoy dia, el herraje del caballo ha derivado en la costumbre de que
el herrador hierra al caballo al “estilo inglés”
, sin necesidad de ayudante que sostenga los pies del caballo. Esta
práctica ha supuesto un gran descanso para el propietario,que
no necesita estar presente durante el herrado ni necesita sostener
el mismo los pies,o en su defecto, tener que pedir ayuda para tan
enojosa y cansada operación. La práctica general en
los clubes ecuestres consiste hoy dia en que el propietario se limita
a ordenar que se hierre su caballo y pagar la factura correspondiente.
Esta relación del propietario con su caballo, en lo que respecta
al herraje del mismo, deriva en una serie de graves inconvenientes,
como son por una parte,el desconocimiento del propietario acerca
de las dificultades del herraje y de otra parte, a la pérdida
de la sana costumbre de acostumbrar al caballo desde potro al manejo
de pies y manos, con el fin de facilitar el herraje del animal en
el futuro. A este asunto son claro ejemplo frases que se oyen del
estilo de “Es fácil herrar…” o “Yo
pago para que lo hierren, así que es cosa del herrador levantarle
los pies..”
Con esta,a veces nula, relación
entre el propietario y el herrador, no es de extrañar que
a la vista de la factura,el propietario se queje del elevado precio
de ésta, buscando a veces, motivos infundados de queja,tales
como la excesiva e inapropiada administración de tranquilizantes.
Estos medicamentos son caros,debido al monopolio de sus empresas
fabricantes, y suponen un elevado aumento de la tarifa del herraje.
Tambien influye en muchos propietarios la distinta opinión
que se tiene sobre la idoneidad de los protocolos seguidos por veterinarios
y herradores. Cualquier veterinario pone un tranquilizante a un
caballo para una observación de cualquier tipo y es bien
vista por el propietario del caballo, en tanto que si el herrador
recurre a los tranquilizantes como ultimo recurso para controlar
a un caballo difícil, se le suele achacar cobardia, comodidad
e incluso se opina que es producto de las prisas. Se suele comentar
entre herradores, que si el medicamento tranquilizante fuese gratuito,
la gran mayoria de los propietarios no pondrian objeción
alguna a su administración.
Efecto
del tranquilizante en el caballo.
No parece probado que la administración de tranquilizantes
suponga un riesgo para la salud del caballo. Los estudios farmacológicos
realizados por los fabricantes, demuestran que a la dosis recomendada
no afectan al animal mas allá de los efectos buscados en
el periodo de tiempo deseado. Algunos efectos secundarios están
controlados a la dosis y posología recomendadas por el fabricante,
aunque hay un riesgo inherente a la administración de fármacos
a individuos que puedan padecer alguna enfermedad que contraindique
la administración de los mismos. La mayoría de los
tranquilizantes utilizados para el herraje de caballos hoy dia son
completamente seguros, no atraviesan la barrera placentaria, por
lo que se puede tranquilizar a una yegua en las ultimas etapas de
la gestación. El efecto secundario consistente en el prolapso
del pene, observado en sementales tras la administración
de tranquilizantes basados en la acepromazina, ha sido eliminado
en los modernos tranquilizantes basados en el uso de la detomidina
,la romifidina y el butorfanol.
No obstante la seguridad ofrecida
por el fármaco en si, no se deben de despreciar las actitudes
del caballo sedado o que se va a sedar. Efectivamente, hay animales
extremadamente sensibles a los pinchazos con agujas hipodérmicas
, comportándose con inusitada violencia ante la sola vista
de una jeringuilla. En estos casos las dificultades para herrar
al caballo se ven aumentadas.
Un caballo sedado es un animal
que tiene disminuidas algunas de sus funciones vitales y percepciones.
La mayoria de los medicamentos utilizados para la tranquilización
de caballos para su manejo y herrado, tienen un efecto ligeramente
analgésico, pero en modo alguno disminuyen la percepción
espacio- temporal del caballo. El caballo no solamente sabe perfectamente
donde está y lo que se le está haciendo, sino que
parece probado que la administración de algunos tranquilizantes
provoca hiperacusia, es decir,el caballo oye los sonidos muy aumentados.Tambien
se conoce que las reacciones negativas del animal sedado son mucho
mas exageradas. Un caballo sedado reaccionara mas intempestiva y
mas sorpresivamente que otro animal sin sedar, lo que añade
un peligro añadido al manejo de animales sedados.
No existen estudios acerca
de los efectos de una administración prolongada en el tiempo
de tranquilizantes ni de la posible adicción a este tipo
de medicamentos, aunque se supone que la esporádica administración
de los mismos, como puede ser la cadencia de herraje, no conlleva
riesgo de adicción.
Uno de los efectos a tener
en cuenta en el herraje del caballo sedado es el valor analgésico
del sedante. Efectivamente, del mismo modo que la tranquilización
del caballo muchas veces consiste en suprimir ese dolor en las articulaciones
o en el dorso que es lo que hace al caballo difícil para
herrar, puede volverse en nuestra contra al evitar que el caballo
sienta el dolor producido por un clavo que esta comprimiendo o hiriendo
el tejido vivo del pie.
El
herrador, el caballo y el tranquilizante.
Desde la invención del herrado, uno de los problemas de mas
difícil solución consistió en como facilitar
el manejo de caballos difíciles, nerviosos e incluso malignos.
Algunos métodos consistentes en instrumentos de tortura o
de sujeción del caballo, fueron a lo largo de la historia
del herraje, fuente de lesiones de todo tipo tanto para los propios
caballos como para los operarios encargados de realizar la operación
del herrado. Con la práctica a la inglesa, en que el herrador
sujeta el pie del caballo a la par que lo hierra, aumentan las probabilidades
de tener una lesión o sufrir un accidente. La introducción
de los tranquilizantes medicamentosos en la practica del herraje,
supuso un gran avance en la mejora del manejo de los caballos difíciles,
con la consiguiente repercusión en la calidad del herraje
de estos caballos, que debido a las dificultades de su carácter,
jamás podían disfrutar de buenos herrajes, lo que,
agravando el estado general de sus cascos, hacia que se les tuviese
que herrar mas a menudo, entrando en un circulo vicioso del que
solamente se salía sacrificando o desechando al caballo,
a resultas de su cojera o del accidente producido al herrador o
a sus ayudantes.
No obstante, el herrador debe
de enfrentarse a ciertos problemas que el uso de los tranquilizantes
acarrea. La posesión y administración de fármacos
por parte del herrador esta sujeta a premisas importantes de tipo
económico, legal y de manejo.
Como hemos citado antes, un
caballo sedado es un caballo que ha disminuido notablemente los
riesgos inherentes a su herrado, pero en modo alguno es un caballo
fácil de herrar. Un caballo sedado no es un caballo que se
pueda herrar en cualquier sitio o en cualquier circunstancia, antes
bien,las especiales características del comportamiento del
caballo sedado aconsejan herrarlo en un lugar y un ambiente apropiado.
Hemos visto como las intempestivas y sorpresivas reacciones del
caballo sedado desaconsejan en todo punto herrarlo en lugares estrechos
e incómodos, antes bien se requiere un lugar espacioso y
seguro, donde el herrador y sus herramientas puedan ponerse a salvo
de una reacción violenta del animal. Dado que los tranquilizantes
provocan hiperacusia, es decir, excitan enormemente el sentido del
oído del caballo, haciendo que lo que en realidad son susurros
parezcan gritos desaforados, cabe pensar que el mejor sitio para
herrar un caballo sedado no es la herrería de un centro ecuestre,
donde se reúne la gente ociosa a observar o criticar la labor
del herrador en las horas punta de las hipicas. Por este motivo,
no es de extrañar que los herradores prefieran herrar en
las primeras horas de la mañana, cuando hay poca gente curioseando.
Dado que en España la
tenencia y el uso de medicamentos esta regulado por ley, al herrador
se le presentan diversos problemas. Legalmente,la tenencia de tranquilizantes
medicamentosos esta sujeta al acompañamiento en todo tiempo
de la preceptiva receta veterinaria o medica expedida por un facultativo
colegiado, que a su vez se hace responsable de la correcta administración
de este medicamento El SEPRONA, Servicio para la Protección
de la Naturaleza, dependiente de la Guardia Civil, es celoso garante
de estas disposiciones legales, con multas que pueden alcanzar una
gran cuantía económica, dependiendo de la cantidad
y composición de los medicamentos.
En España, y mientras
no se derogue la ley, la práctica del oficio de herrador
esta sujeta a la supervisión veterinaria. Es decir, legalmente,
todo herrador debe de tener un veterinario que lo supervisa y aprueba.
Generalmente, es este veterinario quien expide las recetas y autoriza
al herrador a utilizar el sedante en la forma y lugar que estime
conveniente .Este punto es muy importante para el herrador, pues
en la jurisprudencia europea y española hay casos de responsabilidad
civil del herrador que fueron desestimados judicialmente al demostrarse
que los tranqulizantes habían sido administrados con supervisión
veterinaria.
Por otra parte, debido al libre
precio de los medicamentos veterinarios, estos productos tienen
un elevado valor económico, lo que obliga al herrador de
una parte a desembolsar una fuerte cantidad de dinero cada vez que
compra tranquilizantes y a cobrar al cliente un asimismo elevado
precio por el producto administrado. La mayoría de las veces,
los herradores no solamente no ganan dinero en los productos tranquilizantes,
sino que asumen todos los riesgos inherentes a la tenencia y administración
de tranquilizantes sin contrapartida económica alguna.
Como colofón solo
resta por decir,.que cada caballo es un mundo y cada herrador es
otro mundo distinto. Para el herrador, los tranquilizantes son una
herramienta mas, que está ahí y que hay que saber
usar con discreción y oportunidad. La profesionalidad del
herrador en el capitulo dedicado a la tranquilización del
animal difícil consiste en saber cuando un caballo necesita
ser sedado para la seguridad de todos, operarios y caballos, y cuando
un caballo se puede herrar sin necesidad de sedarle .En el mundo
existen caballos dóciles y caballos malignos. Existen propietarios
que no tienen inconveniente en que el herrador administre un tranquilizante,
y hay propietarios intransigentes. Existen, por ultimo, herradores
temerarios que arriesgan su integridad física o la de caballos
por motivos diversos, y hay herradores medrosos que consideran que
el caballo ha de ser como de piedra para herrarlo. En el equilibrio
entre estas variables, es donde reside una correcta actuación
ante el caballo difícil,de manera que el cliente quede contento,
el herrador satisfecho y el caballo ,bien herrado.
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