| LOS ALIMENTOS, CÓMO CONOCERLOS Y ELEGIRLOS |
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La alimentación
es, sin lugar a dudas, uno de los elementos básicos del
correcto cuidado de nuestros caballos. Saber qué tipo de
alimento necesita y en qué cantidad, resulta vital para
garantizar el correcto desarrollo y la salud de nuestro equino.
Al igual que sucede con el hombre, la alimentación del
caballo debe ser variada y equilibrada, para lo cual deberá
seguir una serie de reglas. En este artículo trataremos
de analizar los diferentes alimentos que pueden ser suministrados
a nuestros animales, para que tenga bien claro cuáles son
las características, beneficios e inconvenientes de cada
uno de ellos y, lo que es más importante, para que sepa
elegirlos correctamente.
A NIVEL BÁSICO
Antes de comenzar a hablar de los diferentes alimentos que deben
componer la dieta de nuestro caballo conviene señalar que
la de la alimentación es, sin lugar a dudas, la mayor partida
presupuestaria relacionada con el mantenimiento del animal. Por
ello muchos cuidadores caen en el error de intentar ahorrar un
poco, comprando alimentos algo más baratos. Resulta obvio
decir que esto es un gran error, en la elección de la comida
para nuestro caballo debemos tener en cuenta que ésta siempre
redundará en su salud presente y futura, por lo que lo
poco que podamos ahorrar ahora puede suponernos no sólo
disgustos, sino también una serie de gastos totalmente
innecesarios.
Dicho esto, conviene saber que la alimentación básica
de nuestro caballo se compone de tres elementos: grano, heno y
paja. Conozcamos cada uno de ellos más a fondo...
EL GRANO
LA AVENA
Sin duda el elemento principal en la dieta de los caballos de
cultivo. Antes se administraba como alimento único, si
bien ahora suele ser mezclado con cebada.
Cuando se dirija al mercado a comprar avena, podrá comprobar
que existe una gran variedad de tipos diferentes ¿cómo
elegir la correcta? Deberá tener en cuenta los siguientes
puntos:
Grado
de sequedad: la avena no
debe ser suministrada al caballo durante el mes siguiente
a su cosecha, por eso es muy importante comprobar que está
bien seca. Para poder juzgarlo deberá escurrir entre
los dedos un puñado de granos cogidos al azar. Hágalo
sobre un suelo duro, si al caer los granos rebotan será
signo de que están secos.
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Peso: su peso específico no debe ser superior a 0,5, o
lo que es lo mismo, dos litros deben pesar más de
un kilo.
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La
calidad: para juzgarla deberemos tener en
cuenta dos cosas: la almendra situada en el interior (parte
nutritiva) y la envoltura pajosa del grano (cáscara):
si un grano es de calidad tendrá mucha almendra y
poca cáscara. Deberemos asegurarnos asimismo de que
los granos no tienen pequeños agujeros, lo que será
un signo claro de que algún parásito puede
haber depositado larvas en su grano (si quiere comprobarlo,
puede acercar los granos sospechosos a una fuente de calor,
con lo que podrá ver cómo los parásitos
se escapan de los granos, apreciándose a simple vista).
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Su dureza: la avena que está vieja se pone dura (lo que sin
duda resulta muy incómodo para el caballo), compruebe
que la que va a adquirir está lo suficientemente
blanda.
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Limpieza: compruebe que el grano no tiene polvillo.
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El color: si es verdoso, indicará que el grano aún no
es del todo maduro.
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| El olor: hay ciertos olores que pueden hacer que nuestro caballo
rehuse el grano. Para comprobar su existencia puede hacer
una cosa: sople sobre el grano, el vapor hará que resurjan
los olores, lo que le ayudará a comprobar su inexistencia. |
LA CEBADA
Casi todo lo anteriormente señalado para la avena nos valdría
para valorar ahora la cebada.
Cambia, eso sí, el peso específico, que en la cebada
es superior: 0,6 kilos por litro. Además debe tener en
cuenta los siguientes puntos:
La
cáscara: que deberá ser brillante.
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El grano: debe ser duro (motivo por el que tiene que ser
aplastado antes de dárselo al caballo, para favorecer
su digestión).
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EL MAÍZ
A pesar de que prácticamente no se utiliza en nuestro país,
resulta un alimento básico en muchos otros lugares. Este
tipo de alimento tiene tendencia a engordar al animal, por lo
que será preferible su suministro en temporada invernal.
En su elección, tenga en cuenta lo siguiente:
El color no
influye en la calidad.
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El grano es relativamente duro, por
lo que siempre resulta aconsejable que se aplaste antes
de ser suministrado.
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EL HENO
Juzgar la calidad del heno es, sin duda, una de las cosas más
difíciles para cualquier cuidador. No es fácil determinar
si un heno en concreto resultará bueno y aceptado (lo que
no siempre sucede por igual) por nuestros caballos. Lo primero
que debemos saber es que existen diferentes tipos de heno: por
un lado está el denominado natural o de prado, es decir,
aquel que proviene de una pradera donde la hierba brota de manera
natural y que, por lo tanto, resulta óptimo. También
está el artificial, nacido en las praderas sembradas de
trébol, alfalfa, etc.
Para determinar la calidad del heno deberán tenerse en
cuenta diferentes puntos:
| La
naturaleza del pasto: por
supuesto, deberá vigilarse que el pasto no contenga
especies vegetales indeseables (más comunes en medios
húmedos y ácidos). Tenga en cuenta además
que en las praderas bajas, sobre todo si son húmedas,
no suele crecer heno de calidad, y tampoco lo hará
en las praderas bordeadas por árboles (donde no puede
secar correctamente). |
El momento
de la siega: a pesar de que la tendencia
del productor es a segar lo más tarde posible, lo
cierto es que el mejor heno es aquel que se corta en floración,
antes de la maduración de los granos que es cuando
realmente es rico en proteínas.
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El
secado: mejor cuanto más rápido
sea.
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El almacenaje: influye en la correcta conservación. Los dos principales
enemigos, contra los que habrá que luchar, son el
exceso de luz y la humedad.
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Tenga en cuenta que el heno debe reposar durante al menos tres
meses antes de ser suministrado a sus caballos, puesto que de
otra forma corremos el riesgo de que provoque cólicos de
fermentación.
Cómo valorar si un heno es o no de calidad:
El
color no influye en la calidad.Por su color: debe
ser verde natural (si es muy claro puede ser signo
de haber sido desleído por la lluvia y si es
muy oscuro es síntoma de que proviene de pastos
húmedos).
Cualquier mancha amarillo-rojiza será síntoma
de sospecha.
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Por su olor: evite el heno que
transmite cualquier
efluvio a moho.
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El calor: al introducir la mano en una bala, no debe percibir
calor ni placas pegadas, lo que sería un claro síntoma
de fermentación.
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| Los
tallos: deben ser flexibles. |
La
limpieza: después
de haber levantado la bala abierta, no debe quedar en el
suelo más que un mínimo de hojas y flores,
sin traza alguna de tierra.
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LA PAJA
La paja resulta, sin lugar a dudas, uno de los elementos que más
aportan a la salud del caballo: participa en su lastre digestivo,
contribuye a nutrirle, conforma su cama, absorbe su orina...
A la hora de escogerla debe saber que la avena es la más
nutritiva, pero poco absorbente. La de cebada es la que más
absorbe, pero sus bárbulas pueden irritar las vías
respiratorias del animal. Por todo ello la más utilizada
es la de trigo.
Para verificar su calidad, tenga en cuenta lo siguiente:
| Color: debe ser amarillo claro. |
Tallos: largos
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| No debe haber ningún
resto de moho. |
| No debe tener demasiadas amapolas o plantas indeseables. |
LOS ALIMENTOS
DE FABRICACIÓN INDUSTRIAL
En nuestros días un gran número
de caballos son alimentados a base de comidas preparadas industrialmente;
ya sea como comida exclusiva o bien combinados con grano.
Por supuesto con este tipo de alimentos deberemos prestar especial
atención a su calidad, la cual viene marcada por los productos
que contengan. Debe saber que el mejor será aquel que en
su etiqueta indique un valor más alto de los siguientes
elementos:
| Materias
proteicas brutas. |
| Materias grasas. |
| Unidad Forrajera Caballo (U.F.C.) |
Mientras deberá
tener el mínimo contenido de:
Humedad.
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Celulosa bruta.
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Materias minerales.
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En cuanto a las vitaminas, las más
importantes son:
Tenga en cuenta que después de
tres o cuatro meses, estas vitaminas habrán perdido su
eficacia, incluso si los sacos han estado cerrados.
Además la relación entre el calcio y el fosfato
deberá ser de, como mínimo, 1,5 (siempre más
calcio que fósforo).
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