| CUIDADOS ESPECIALES PARA EL VERANO |
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En estos meses de verano, el calor, el buen tiempo, las vacaciones y el hecho de que
haya más horas de sol, sin duda propician que aumente nuestra disposición para pasar
más tiempo junto a nuestro caballo, dar más paseos, hacer cosas diferentes...
Sin embargo y aunque nuestra disposición y ánimo sean los correctos, debemos ser
plenamente conscientes de que las altas temperaturas pueden influir muy negativamente
sobre nuestro animal y, en consecuencia, nunca le exigiremos más de lo que buenamente
puede darnos.
El verano exige, por tanto, la realización de unos cuidados especiales a nuestros
caballos. Conozca cuáles son y en qué puntos debe mantenerse más alerta.
EL CABALLO Y EL CALOR
La temperatura habitual de un caballo ronda desde los 37,2ºC a los 37,8ºC. En caso de que se produzca un aumento
excesivo de esta temperatura, los tejidos pueden llegar a dañarse o incluso puede llegar a provocarse la muerte del
caballo (provocada por una excesiva afluencia de sangre al cerebro, que determina la congestión cerebral).
La deshidratación es otro problema asociado al exceso de calor, puesto que una sudoración muy acusada puede llevar a
que la pérdida de líquido por parte del animal resulte realmente preocupante. Al deshidratarse, el caballo no podrá
producir más sudor y su temperatura corporal aumentará.
Si es cogida a tiempo, la deshidratación no tiene porqué
suponer un serio problema, ahora bien, es una de las
principales causas que provocan la aparición de cólicos,
los cuales sí resultan preocupantes.
El calor puede causar también lipotimias, de hecho el
caballo es uno de los animales más propensos a sufrir
este tipo de percances, los cuales pueden tener serias
consecuencias si no actuamos con rapidez.
En consecuencia, resulta muy importante que en estos
meses estemos alerta y actuemos ante cualquier SEÑAL
DEL EXCESO DE CALOR.
Efectivamente, todo cuidador deberá ser capaz de
reconocer los síntomas que muestran que su caballo está
sufriendo un golpe de calor y actuar en consecuencia.
En principio podemos hablar de tres señales claras que
demuestran que nuestro caballo está sufriendo a causa
del calor:
- Temperatura elevada.
- Ritmo cardíaco descontrolado (lo correcto es de 40 a 50 latidos por minuto).
- Respiración acelerada (la correcta es de 60 a 80 exhalaciones por minuto): una respiración que supere las 120
exhalaciones por minuto supone que el caballo estará intentando bajar su temperatura corporal; en caso de que
persista este ritmo transcurridos alrededor de 10 minutos, es un claro síntoma de su incapacidad para regular la
temperatura, por lo que se hace necesario que procuremos enfriarlo.
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Es muy importante que sepamos cuál es la temperatura habitual de nuestro équido y cuánto suele subir después del
trabajo, de tal forma que conozcamos cómo suele reaccionar el animal ante el calor, lo que nos ayudará a determinar si
está o no sufriendo por esta causa.
Ante el aumento de calor, lo más habitual es que el caballo agilice el ritmo de su respiración (una reacción natural con
la que se intenta enfriar el cerebro, parte más sensible al exceso de calor) y el sudor se incremente (para ayudar a
disminuir la temperatura).
Con este incremento de sudor nos encontraremos ante el riesgo de la deshidratación; para advertir cuanto antes este
problema existe un sencillo truco, denominado “Test del pliegue de la piel”: bastará con pellizcar al animal: si la carne
no vuelve con rapidez a su lugar es un claro síntoma de que el caballo está empezando a deshidratarse. Hay que tener en
cuenta que cuando se produce este fenómeno la deshidratación ya está avanzada y el caballo habrá perdido un 6% de su
líquido corporal, o lo que es lo mismo, unos 30 litros.
La deshidratación provoca que el animal no disponga del líquido suficiente para sudar y, en consecuencia, la
temperatura aumentará.
Otro claro síntoma de que el caballo lo está pasando mal a causa del calor son los cambios en su personalidad: puede
mostrarse apagado y desganado, sin ganas de hacer nada.
También podremos notar como en ocasiones (en los casos más extremos) el animal es sacudido por temblores.
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LOS INSECTOS
A nadie le cabe duda de que hablar de verano es hablar de
insectos. Estos incómodos veraneantes resultan, cuanto
menos, una clara molestia para nuestros caballos que, en
ocasiones, puede convertirse en un serio problema de salud.
Por lo normal, la picadura de un insecto no provoca heridas,
ni hemorragias, por lo que en principio no debería
preocuparnos. Sin embargo la picadura sí provoca escozor o
picor, que podrá ser tan fuerte que se transforme en dolor, al
tiempo que provocará toda una serie de reacciones que
pueden ser preocupantes
Lo más normal es que, tras la picadura, el caballo reaccione intentando frotarse para aliviar el picor. Muchos caballos
pueden rascarse hasta llegar a dejar la zona en carne viva y, de esta forma, puede dar lugar a infecciones cutáneas y, de
manera ciertamente habitual, a una caída importante de cabello en la zona, dando así una imagen mucho más alarmista
y preocupante de la situación.
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Este constante picor afectará también al carácter del caballo, que se mostrará mucho más intranquilo, excitable e incluso
puede llegar a mostrar comportamientos nada habituales. Algunos de ellos son:
– Reacciones incontrolables de defensa y/o pánico.
– Reducción del rendimiento físico.
– Pérdida del apetito.
Todo este malestar acabará por llevar a un empeoramiento
del estado general del caballo, por lo que nunca deberemos
menospreciar una picadura.
Además de las más “habituales” reacciones al picor y el
dolor, algunos animales presentan reacciones alérgicas a
las picaduras, ante las cuales cada caballo actuará de una
manera concreta. Por lo común, las alergias son más
frecuentes durante los meses de verano debido a la
proliferación de toxinas dentro del organismo.
Esta alergia se conoce habitualmente con el nombre de
“Hipersensibilidad equina a los insectos”, o también:
“comezón dulce”, “comezón de verano”, “EIH” (por sus
siglas en inglés)... Se trata de una reacción exagerada del
sistema inmunológico del caballo a la saliva de los
insectos cuando éstos pican.
Una de las vías de actuación se encuentra en la
alimentación que proporcionemos al animal, en la cual
deberemos considerar:
– EL AJO: una de las plantas más conocidas y usadas
del mundo, que debe ser tenida muy en cuenta por
todo cuidador, ya que nos puede ayudar en numerosos
frentes: ayuda a mantener un buen perfil sanguíneo y
una vitalidad general. Además el azufre que contiene
contribuye a la buena salud de la piel y la capa... Pero
es que, además, tiene propiedades repelentes de
insectos, debidas al olor que tras su ingesta se
desprende por los poros de la piel.
– ANTIOXIDANTES: los antioxidantes son moléculas
grandes y estables que tienen la capacidad de absorber
los radicales libres del cuerpo. De esta forma
“limpian” literalmente el exceso de toxinas y permiten
que sean excretadas con total seguridad del cuerpo del animal.
La presencia de toxinas (radicales libres) en el cuerpo es mucho más habitual y numerosa en los meses de verano.
Por supuesto, no todos los antioxidantes tienen las mismas capacidades ni la misma utilización: así, por ejemplo,
las vitaminas A y E son muy conocidas por sus propiedades antioxidantes, pero si se toman “puras” con la comida,
lo que haremos será negar al organismo el resto de nutrientes. Por eso es recomendable buscar un producto que
contenga una fuente natural de antioxidantes pero que esté combinada con nutrientes para la salud de la piel.
– ACIDOS GRASOS ESENCIALES OMEGA 3 Y OMEGA 6: resulta recomendable decantarnos por una dieta rica
en este tipo de elementos, válidos para potencias las reacciones antiinflamatorias.
Sobra decir que en el mercado existen multitud de productos que nos servirán para espantar insectos.
La gran mayoría de ellos contiene ingredientes naturales como el aceite de citronella y la pyretrina. Otros, en cambio,
contienen ingredientes sintéticos.
Están disponibles en diferentes formatos, tamaños y, por supuesto, precios: paños, sprays, aerosoles, cremas y
ungüentos.
Conviene saber que los productos a base de agua son menos propensos a causar irritaciones o reacciones alérgicas en la
piel del caballo, aunque tienen el inconveniente de que no son tan duraderos como las soluciones a base de aceite. En
contra, muchos caballos son alérgicos a los aceites y si utilizamos con ellos este tipo de productos, podremos
provocarles severas irritaciones en la piel o quemaduras. Las nuevas soluciones de propyleno-glycol son más duraderas
que aquellas a base de agua y tienen menores contraindicaciones.
En cuanto a la forma de aplicación, debe tenerse mucho cuidado de no rociar con repelente las áreas del pelaje que son
cubiertas por la montura. Por esa razón, los paños son preferibles a los aerosoles, ya que cuando éstos son aplicados en
espacios abiertos es muy difícil asegurarse que el repelente cubra solamente las partes necesarias.
EL ASEO
Todos agradecemos la reconfortante sensación de una ducha o baño después de un día de calor. Nuestro caballo también
lo hará.
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Si mantener correctamente aseado al caballo resulta importante en cualquier momento, durante el verano es
imprescindible. Los motivos son muchos y de mucha
importancia:
– El olor a sudor del caballo produce un efecto de
atracción muy grande sobre los insectos.
– El agua y la correcta desinfección nos ayudarán a tener
bien controladas las posibles heridas del caballo que,
con el calor, tienen mayor probabilidad de infección.
– Conviene saber que existen jabones especiales que
contienen repelentes para los mosquitos.
Ni que decir tiene que, tras el baño, deberemos dejar que el
caballo se seque por completo, evitando por todos los medios que
se revuelque.
Además del baño y con el objetivo de detectar a tiempo cualquier
posible infección ocasionada por larvas, hongos, etc. no está de
más que incluyamos en nuestra rutina de cuidados estivales la realización de inspecciones periódicas que realizaremos
con un cuidadoso cepillado del animal.
Así, recorreremos todo el cuerpo del caballo con el cepillo en una mano y acariciando con la otra, de forma que cuando
exista una anomalía de inmediato la localicemos.
Tenga presente que una limpieza a fondo del caballo favorecerá la estimulación de la producción del sebo, eliminará el
polvo y activará la circulación.
En la limpieza, no podemos olvidar nunca los ojos y los ollares, partes que sufren de forma especial la sequedad
ambiental. Hay que lavarlos a diario con una esponja y agua limpia.
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LA LIMPIEZA DE LAS INSTALACIONES
No sirve de nada emplear todo el tiempo y el esfuerzo del mundo en asear
a nuestro caballo si después lo metemos en un box que no cumple con las
necesidades higiénicas mínimas.
En verano, las instalaciones en las que vaya a estar nuestro caballo
deberán ser limpiadas prácticamente a diario. Cualquier acumulación de
estiércol, con el calor, se convendrá en un magnífico lugar para la
procreación de todo tipo de moscas e insectos.
Además, hay que revisar la cama del animal, rellenando todos los posibles
huecos, al tiempo que colocaremos trampas para moscas y echaremos
repelentes para insectos en las paredes del box.
LOS CASCOS
Mención a parte merece el tema de los cascos, puesto que la sequedad
ambiental provocará que el suelo esté más duro y eso afectará sin duda al
sistema esqueleto-muscular del equino. Golpes, grietas en el casco, suelas
con contusiones...
La mejor forma de controlar estas dolencias es, sin duda, con un correcto
control sobre el trabajo realizado, evitando cualquier tipo de exceso.
En caso de que el caballo arrastre alguna lesión en la zona, convendrá que
comentemos con el veterinario la situación, de manera que nos aconseje
de manera profesional los productos y tratamientos que deberemos aplicar
en cada caso.
OTROS CONSEJOS
Además de esto, existen toda una serie de recomendaciones que deberán ser tenidas muy en cuenta para que nuestro
caballo pueda pasar la temporada estival en las mejores condiciones.
A continuación las resumimos:
– No sacar a los caballos fuera del establo hasta una hora después del amanecer y regresarlos una hora antes del
anochecer (se trata de las horas del día en las que suele haber más presencia de moscas, mosquitos y tábanos,
nuestros grandes enemigos).
– Ni que decir tiene que lo más importante es que el animal tenga disponible de manera constante agua limpia y
fresca (de otra forma el caballo no querrá beberla) a la que poder acceder con facilidad.
– Por supuesto en caso de que el animal haya realizado un gran esfuerzo, no convendrá dejarle beber mucho, puesto
que conviene esperar.
– En los días de mucho calor, evitaremos que realice un ejercicio excesivo y para trabajar siempre evitaremos las horas centrales del día.
– Procuraremos que no permanezca al sol durante largos periodos, sobre todo en las horas centrales del día.
– Le mantendremos correctamente esquilado.
– Un buen consejo es el de mojar el heno o utilizar ensilado equino (que contiene un 50% de agua).
– En caso de que tenga que viajar con el animal, procure no hacerlo en las horas centrales del día.
– Tenga precaución a la hora de elegir y colocarle las mantas: las hay especiales para el verano que permiten una
transpiración correcta. Además, en caso de que el animal sude con la manta puesta, deberá apresurarse a quitársela.
– Procure mantener en línea a su caballo, el exceso de peso aumenta considerablemente los efectos negativos del
calor.
– Incluya sal en su pienso para prevenir la deshidratación.
– Instale marcos de tela metálica ultrafina en las ventanas del establo, para evitar la entrada de insectos.
– Coloque un ventilador en el establo, que servirá para expulsar fácilmente a los mosquitos, que salen disparados con
una pequeña brisa.
– Cubra al caballo con una sábana o bien con una manta contra moscas.
– Tenga en cuenta que existen máscaras especiales que cubren la cabeza del caballo para evitar las más que molestas
picaduras en esta zona.
– Aplique el repelente antimosquitos antes del anochecer.
– Procure que los montones de estiércol y abono se encuentren a un mínimo de 1,5 km.
– Evite que se produzcan estancamientos de agua. Drene todas aquellas zonas en las que el agua corra el riesgo de
quedar estancada.
– No permita que se acumulen las heces en el campo durante largo tiempo.
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