| EL CABALLO ANCIANO: CUIDADOS NECESARIOS |
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Dejando de lado cualquier aspecto psicológico y, por supuesto, cualquier otro que
tenga que ver con el desarrollo individual de cada uno (las diferencias entre
individuos pueden ser abismales); desde un punto de vista meramente veterinario, se
considera el envejecimiento como un proceso biológico por el cual las capacidades
funcionales de los sistemas orgánicos así como la apacidad reproductiva del animal
disminuyen de manera drástica, incrementando la tasa de mortalidad.
A todos nos cuesta hacernos mayores, a nuestros caballos también.
Durante esa etapa de su vida requerirán, si cabe, de muchos más cuidados y
atenciones, con especial preocupación en la prevención de posibles enfermedades
que puedan complicar su salud.
A continuación trataremos de darle los mejores consejos para que pueda
proporcionarle a su caballo la mejor calidad de vida.
QUÉ SIGNIFICA ENVEJECER
Puede que cada uno de nosotros tenga una visión diferente sobre lo que significa envejecer, basada en nuestras propias
experiencias y marcada por aspectos totalmente psicológicos.
Sin embargo, no cabe duda de que el envejecimiento es un proceso biológico sufrido por todos los cuerpos y que,
además, en el caso de los mamíferos, comparte fases muy similares. Es decir, los caballos, como los hombres, pasan por
etapas a lo largo de su vida que (siempre manteniendo las diferencias) cuentan con grandes parecidos a las que podemos
experimentar nosotros mismos.
Todos sabemos que la esperanza de vida humana ha aumentado considerablemente en los últimos años, debido
principalmente a una mejor calidad de vida y a los avances desde el punto de vista médico.
A pesar de ese aumento y de que sabemos que resulta inevitable cumplir años, a todos nos preocupa envejecer y, sobre
todo, nos preocupa hacernos mayores con una suficiente calidad de vida que nos permita seguir disfrutando día a día.
Esta preocupación por la vejez se ha ido trasladando también a los animales de compañía y a aquellos de alto valor
comercial y/o genético.
Proporcionar a nuestro caballo un buen nivel de vida durante sus últimos años es la mejor forma de agradecerle todos
los buenos momentos pasados y todos los esfuerzos que, sin duda, habrá hecho por nosotros.
CÓMO SABER QUE EL CABALLO HA ALCANZADO LA TERCERA EDAD
Tal y como sucede con el hombre, los elementos que influyen en la duración de la vida de un caballo son múltiples y
diferentes.
Por lo tanto, a la hora de determinar si un caballo es o no anciano, no podernos guiarnos únicamente por los años que
tenga, ya que estaríamos cometiendo un grave error. Sin lugar a dudas, determinar cuándo el animal comienza a ser
“viejo” es mucho más complicado. En ello intervienen numerosos factores relacionados directamente con la vida que
haya tenido: la edad a la que el caballo ha comenzado a trabajar, el tipo de trabajo que ha realizado, el régimen
alimenticio seguido, el cuidado del que ha disfrutado, el clima de la zona...
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En resumen, la edad cronológica del caballo no tiene
porqué corresponderse con su edad biológica.
Partiendo de esto, conviene tener en cuenta que la
media de vida de un caballo se sitúa en torno a los
veinticuatro años, si bien se conocen ejemplares que
pasada esa edad se encuentran en perfectas condiciones
para seguir prestando sus servicios (se conocen casos
de caballos que fueron útiles y yeguas que procrearon
hasta los 35 años; e incluso se tienen noticias de
caballos que han superado los 50 años), lo que
normalmente es consecuencia de haber recibido un
correcto cuidado y una alimentación adecuada a lo
largo de toda su vida.
Para los especialistas veterinarios, se considera que un
caballo es geriátrico (es decir, un paciente anciano)
cuando alcanza la edad cronológica de 20 años.
En el tema del envejecimiento también pueden
encontrarse diferencias entre las razas. Así se considera
que las razas más longevas se encuentran entre los caballos orientales y los pura sangre ingleses; aunque a nivel general,
todo aquel individuo que sea de pura raza tiene una mayor probabilidad de vivir más años.
En cuanto al sexo, diversos estudios convienen en afirmar que las hembras son más longevas que los machos.
Además, entre los machos, los equinos de pequeña estatura (incluso los ponis) son los que alcanzan más edad.
Para determinar que nuestro caballo se está haciendo mayor, deberemos ser capaces de percibir e interpretar las
diferentes señales con las que él mismo nos irá advirtiendo; entre ellas y por citar algunas de las más claras, deberá
tener en cuenta:
– La pérdida de brillo en su pelo.
– Los problemas con la dentadura (que de pueden llevar a perder algunos dientes). Además un caballo de edad
presentará un labio inferior colgante.
– La pérdida de visión.
– La aparición de canas.
Evidentemente no todos estos signos aparecen en cada caballo de la misma forma, ya que cada uno de ellos (como
ocurre con el ser humano), dispone de unas características físicas y genéticas diferentes. Nadie mejor que el dueño
conoce al animal y nadie mejor que él deberá encargarse de observar detenidamente su evolución para detectar
cualquier problema y poder practicarle todos los cuidados necesarios.
LOS PROBLEMAS DE SALUD
Como hemos mencionado, la vejez supone una disminución progresiva de la integridad y funcionalidad de los sistemas
orgánicos. Por lo tanto y aún a pesar de que deberemos tener en cuenta toda una serie de cuidados especiales, no
debemos caer en el error de pensar que, por ser mayor, el caballo es un enfermo.
Hay que tener presente que en el proceso de envejecimiento se ven afectados todos los sistemas orgánicos: corazón,
riñones, pulmones y, por supuesto, el hígado, pueden perder su funcionalidad hasta un 15-20%. También disminuye la
capacidad de absorción intestinal y se produce una pérdida de masa muscular.
Se producen además alteraciones hormonales y una disminución de la actividad del sistema inmunológico, con lo que
aumentan de manera muy notable las posibilidades de padecer infecciones.
Las lesiones musculo-esqueléticas y las enfermedades degenerativas son más frecuentes debido a que la capacidad de
reparación y cicatrización disminuye drásticamente.
Como suele decirse, ante todos estos problemas, es más efectiva una buena prevención que la mejor de las curas. En ese
“programa preventivo” deberemos tener en cuenta los siguientes puntos:
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– A partir de los 20 años realizaremos una completa revisión veterinaria anual (como mínimo, el veterinario
puede indicar la necesidad de hacerla cada menos tiempo).
En esa revisión conviene incluir un cuidado dental.
– Evaluaremos su condición corporal cada 2 meses.
– También deberá visitar al herrador aproximadamente
cada 2 meses.
– Deberá ser desparasitado cada 2 meses.
– Vigilaremos muy de cerca su alimentación: no
podemos permitir que esté ni demasiado delgado ni
demasiado gordo.
– Estableceremos un programa de ejercicio controlado
que le permita mantener la necesaria vitalidad, sin
llegar a ningún tipo de extremo.
En caso de que se trate de un caballo de silla que
continúe con su actividad, deberemos poner especial
atención para realizar un correcto programa de
calentamiento antes de empezar el trabajo, así como
de enfriamiento (con estiramientos) al finalizar.
– Conviene también que le busquemos un lugar
agradable para cuando haya que mantenerlo
estabulado: con libre acceso a agua limpia y alejado
de cualquier punto de estrés.
ENFERMEDADES MÁS COMUNES
Partiendo de la base de que la vejez no puede ni debe ser considerada una enfermedad, sí que debemos ser conscientes
de que existen una serie de dolencias que comúnmente se asocian con la tercera edad.
Conviene saber cuáles son, sus síntomas y cómo actuar ante ellas:
1. Artritis: los problemas de artritis suelen ser debidos o tener sus orígenes en viejos traumatismos; de ahí la
importancia de vigilar muy de cerca todos estos problemas que van surgiendo a lo largo de la vida del caballo, de
manera que lo que ahora es sólo una pequeña molestia no acabe por convertirse en un serio problema de artritis
con la edad. Provoca la disminución de la funcionalidad de la extremidad que esté afectada, llevando a ña
realización de movimientos lentos y torpes. En frío el caballo se mostrará rígido e inseguro y a medida que el
trabajo caliente la articulación, la cojera irá disminuyendo.
El cuidado de esta dolencia se realiza mediante pomadas yodo-yodaduras y vesicantes que atenúan el dolor. En
algunos casos es operable.
2. Esguinces y distensiones: al igual que sucede con el hombre, el caballo entrado en años se vuelve mucho más
frágil, de ahí que debamos poner especial cuidado con los posibles esguinces y distensiones. Conviene tener en
cuenta la edad del animal a la hora de programar el trabajo que deberá realizar, puesto que todos estos problemas
que afectan a tendones y ligamentos están directamente relacionados con la realización de un sobreesfuerzo.
3. Enfermedades de la piel: el caballo de edad es un paraíso para los parásitos y gérmenes que producen multitud de
diferentes enfermedades. Sus bajas defensas propician la aparición de enfermedades como la sarna, tiña o similares.
Para evitarlo deberemos poner especial cuidado en la limpieza del animal y del establo en el que se encuentre.
Además de todo esto, conviene tener en cuenta que no es lo mismo sanar a un caballo joven que a otro de edad
avanzada. Cuando se han cumplido muchos años, lo que empieza como un ligero problema puede complicarse en
exceso, siempre innecesariamente; de ahí la gran importancia de mantener una constante vigilancia y de dar todo el
tiempo necesario para que cualquier dolencia remita.
Al contrario de lo que pueda parecer, un caballo de edad lo que más necesita es tiempo.
LA IMPORTANCIA DE LA ALIMENTACIÓN
Nadie duda que uno de los pilares de una vida larga y sana es la alimentación.
Si un caballo ha sido correctamente alimentado a lo largo de los años, con seguridad habrá aumentado su esperanza de
vida notablemente.
Llegado el momento en que el animal es
considerado un anciano, convendrá prestar una
atención especial a lo que come, puesto que su
función digestiva se habrá visto reducida, lo
que supone la necesidad de que consuma entre
10-15% de comida adicional.
Especial atención deberemos poner con
respecto al contenido de fibra presente en la
dieta: la fibra nunca debe exceder el 30% del
total de la comida y deberá ser más bien de
tipo soluble. También deberá tener una
concentración de proteína de alta calidad
biológica del 10-14%. No podemos
excedernos tampoco con las vitaminas, aunque
estas deberán estar garantizadas al cien por
cien.
En este sentido, conviene tener en cuenta que
la vitamina E es un potente antioxidante, por
lo que su administración a un caballo
geriátrico es más que necesaria.
En cuanto a la forma de darle de comer, es necesario que se proporcionen pequeñas raciones a lo largo del día, que una
o dos comidas diarias.
Del envejecimiento nadie puede escapar; pero cada animal al igual que cada hombre, lo alcanza con unas características
peculiares en las cuales influyen numerosos factores presentes a lo largo de toda su vida. Sólo nuestra atención y nuestros cuidados podrán controlar las consecuencias del paso del tiempo... y podremos disfrutar con ellos de su vejez.
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