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Lo primero que hay que tener en cuenta es que el caballo no es un animal
agresivo por naturaleza, más bien todo lo contrario: son las situaciones y
experiencias que le hacemos vivir las que acaban por desarrollar un
comportamiento violento que, sin duda, puede resultar sumamente peligroso para
el jinete, para otros animales e incluso para el propio caballo.
Por eso hemos creído importante dedicar un artículo especial a los caballos
agresivos: ¿cuáles son los motivos para el desarrollo de este tipo de reacciones?,
¿cómo debe tratarse a estos animales?, ¿puede evitarse la agresividad?
Esperamos dar contestación a éstas y a otras muchas cuestiones.
LA NATURALEZA EQUINA
Como sabemos, el caballo es un animal herbívoro y eso presupone que su temperamento no suele ser agresivo, puesto
que la agresividad es una “cualidad” necesaria para las especies carnívoras, que deben desarrollar un comportamiento
cazador. Al contrario, el caballo es un animal de huída.
Sin embargo los équidos sí cuentan con un cierto grado de agresividad: la necesaria para defenderse y sobrevivir ante
sus depredadores. De ahí que en ocasiones podamos apreciar en ellos un comportamiento o actitud inesperados que
pueden llegar a convertirse en situaciones peligrosas principalmente debido al peso y tamaño del équido.
Pero debemos tener algo presente: por lo general estas actitudes se desarrollan como reacciones de defensa ante lo que
el caballo entiende como una amenaza o peligro. En consecuencia, es necesario que intentemos reconocer los orígenes
de esta reacción para poder evitarlas.
Por otro lado, conviene señalar que un caballo que se resiste no
tiene porqué ser necesariamente un caballo rebelde; puede
comportarse de esa forma con una persona que no sea su
propietario.
Al igual que sucede con las personas, existen caballos más
miedosos y desconfiados que otros, lo que de partida puede
suponer siempre un problema.
EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR
Excepto en una situación extrema, en la que el caballo se asusta
o sorprende por algo concreto; lo más normal es que este animal
siempre avise antes de mostrar un comportamiento agresivo.
Es importante, por tanto, que sepamos anticipar esta reacción, lo
cual podremos hacer siempre que observemos alguno de los
siguientes comportamientos:
– El caballo baja las orejas y las retira hacia atrás.
– Enseña los dientes.
– Mueve la cola como si se tratara de un látigo.
EL JINETE
El temperamento del jinete importa tanto como el del caballo, puesto que un mal “matrimonio” nunca llevará a buen
término.
Como hemos señalado al comienzo, gran parte de los motivos del comportamiento de un caballo se fundamentan en la
relación que tiene con las personas y en las experiencias vividas. Así pues, un caballo rebelde suele ser el fruto de los
errores de su cuidador en algún momento de su educación.
De ahí que resulte tan importante saber cómo educar a nuestro animal.
Para establecer la necesaria relación de confianza caballo/jinete, es necesario que pasemos todas las horas que podamos
junto a nuestro animal. Los caballos que tienen un contacto regular y amistoso con los humanos son más dependientes
de ellos y, en consecuencia, más sumisos y fiables.
Ganarse la confianza del caballo no es trabajo de unas horas, se necesita tiempo y mucha paciencia para conseguirlo.
Hay que hablarle pausadamente, gesticulando despacio, como si estuviéramos hablándole a un niño pequeño.
Sin duda un buen momento para crear y fomentar esta relación es durante los procesos de limpieza del animal, una tarea
que deberemos realizar despacio y con suma delicadeza, teniendo presente que el caballo es sumamente sensible al
contacto. Conviene hablarle de manera constante, para que se acostumbre a nuestra voz y establezca relación con
nosotros.
Hay que decir que las expresiones faciales humanas no tienen ningún significado para el caballo, por lo que nuestras
sonrisas o expresiones de enfado no les afectarán. Sí puede hacerlo el tono de nuestra voz o cualquier cambio notable en
nuestra apariencia física.
Otro momento importante es el de la colocación del equipo: debemos proceder de forma que el caballo no sea
molestado ni por supuesto herido. Especial atención deberemos poner en la colocación de la embocadura, un
instrumento que en muchas ocasiones hiere la boca del animal. Después estará la silla, que deberá ser puesta con
suavidad, nunca dejarla caer sobre el dorso del caballo, asegurándonos de que está correctamente colocada y que el peso
está bien repartido. Antes de montar y para comprobar que hemos colocado correctamente el equipo, deberemos hacer
que el caballo camine un poco.
El caballo deberá permanecer totalmente inmóvil antes de montar. Este es un momento fundamental en la educación del
animal y donde el jinete deberá mostrarse firme. En caso de que no obedezca, deberemos echar pie a tierra y volver a
subir, hasta que el caballo entienda al cien por cien que debe permanecer totalmente quieto cuando el jinete va a montar.
Cuando un caballo muestra una actitud violenta es labor del jinete que todo vuelva a su lugar: debemos mostrarnos
firmes y seguros, para que sepa quién manda, pero nunca violentos porque eso sólo conseguiría complicar más la
situación.
En este sentido, conviene tener en cuenta que para el caballo “el que mueve al otro es el dominante”, por eso se
recomienda empujarle y desplazarle ligeramente.
RESISTENCIAS
Ante un caballo con actitud rebelde lo prioritario debe ser llegar a determinar cuáles son las causas de dicho comportamiento. Y es que, en función de cuáles sean los motivos, deberemos probar con una u otra solución.
CABALLO QUE SE ASUSTA
El asustarse puede terminar por convertirse en un auténtico problema si el jinete no llega a saber por qué ocurre o si
utiliza métodos de prevención o corrección inadecuados.
El jinete debe intentar comprender el mundo desde el punto de vista del caballo, algo que no siempre resulta fácil. Un
caballo no reflexiona y no puede por tanto analizar el peligro de manera objetiva, simplemente reaccionará por instinto
huyendo ante cualquier duda.
Sin embargo, no podemos tolerar una manifestación de pánico, pero al mismo tiempo debemos ser muy cautelosos en
nuestra respuesta: no hay que castigarle con la fusta, las espuelas o la voz siempre que el caballo muestre ese reflejo de
huida. De hecho, si le castigamos cuando ha dado muestras de huida por miedo a algo simplemente estaremos dándole
la razón: debía huir.
Por eso es tan importante que sepamos mantener la calma y sepamos imponernos sin necesidad de utilizar ningún tipo
de violencia física ni verbal. Muchas veces estos actos reflejos de huida desaparecen del caballo simplemente con la
experiencia, de ahí que resulte recomendable que cuando salimos a pasear con un caballo joven e inexperto nos
hagamos acompañar siempre por otros más maduros y experimentados que aporten seguridad al primero.
CABALLO QUE REHUSA AVANZAR
Algunos caballos rehúsan salir del box. Esto suele
venir motivado por un cierto temor o aversión hacia el
trabajo, aunque también puede tener algo que ver con
su instinto gregario: el caballo es un animal de grupo
que muestra resistencia a ser separados de sus
congéneres (en estado salvaje, la manada representa la
seguridad para el individuo).
Sea cual sea el motivo, conviene tener claro cómo
actuar.
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En este sentido, hay varias cosas que conviene tener
claras:
– No conviene tirar del ronzal tratando de
obligar al caballo a salir.
– No debemos mirar al caballo a los ojos.
– Nunca utilizaremos la fuerza.
– Podemos intentar desequilibrarle sosteniendo el ronzal con una mano y ejerciendo presión con la otra sobre su
espalda o cuello. Cuando pierde su estabilidad y desbloquea sus rodillas, el caballo acaba por ceder.
– En caso de tener una fusta, conviene esconderla de la vista del caballo.
– Nunca olvide el efecto tranquilizador de unas palabras suaves o unas caricias.
– Cuando el caballo haya salido del box, conviene recompensarlo con alguna golosina.
CABALLO QUE COCEA
Lo primero que conviene hacer es diferenciar entre la coz y las grupadas. Estas últimas pueden venir motivados por
momentos de alegría y pueden ser (hasta cierto punto) consentidas, siempre y cuando no se conviertan en una
costumbre para el caballo o degeneren en una auténtica coz.
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Las grupadas son una muestra de alegría y energía,
que suelen ser realizada por los caballos jóvenes
cuando los dejamos sueltos en el prado, mostrando
así su necesidad vital de moverse que muchas veces
nosotros limitamos al encerrarlos en el box. Por lo
tanto esta es una actitud normal y perfectamente
compresible.
El problema vendrá cuando estos saltos pasen a
convertirse en movimientos violentos.
En ese momento el jinete deberá realizar una media
parada con una rienda hacia arriba que, asociada a
una corta reprimenda, deberá ser suficiente para
frenar este comportamiento.
La coz es una defensa y suele ser el aviso de un
problema.
En este caso deberemos utilizar la fusta.
Cuando nos enfrentamos a coces violentas y no a saltos de alegría, el jinete deberá sentarse profundamente en la silla,
arquear sus riñones e inclinarse ligeramente hacia atrás. Resulta fundamental que intentemos mantenernos en la silla,
puesto que si el caballo sospecha que puede tirarnos seguirá coceando hasta conseguirlo.
De cualquier manera conviene preguntarse por qué el caballo cocea:
– Reacción de defensa ante solicitudes irracionables formuladas con cierta brutalidad: habrá que reducir la
tensión.
– Caballo que se aprovecha de un jinete poco experimentado: es necesario que otro jinete con experiencia
“convenza” al caballo de la superioridad del hombre. Por supuesto es muy probable que este caballo vuelva a
mostrar este carácter cuando sea un jinete nóvel el que lo monte.
– El dorso frío: los caballos con dorso frío siente dolor con el contacto de la silla y con la cincha, deben ser por
tanto ensillados con sumo cuidado. Nunca deberemos cinchar a fondo hasta que el caballo haya caminado un
poco tras salir del box.
– Caballos extremadamente sensibles: esto no es un vicio ni una actitud, es simplemente un reflejo totalmente
incontrolable y por tanto, pocas son las soluciones.
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