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Que un caballo sufra de cojera es, por desgracia,
algo bastante habitual. Es por eso muy importante que
todo cuidador disponga de una serie de conocimientos
básicos sobre este tema, que le permitan saber cómo
debe actuar para evitar que la dolencia vaya a más.
Ni que decir tiene que, aunque la experiencia en el tema
sea amplia, siempre será recomendable que acudamos a
un experto para pedir consejo, sobre todo si se hace
necesario el medicar al animal.
Conozcamos algo más sobre las cojeras y su tratamiento.
RECONOCER LA COJERA
La cojera es el mecanismo natural que utiliza el animal para usar lo mínimo posible una extremidad dolorida. Resulta necesario que reconozcamos cuanto antes esta dolencia, puesto que de otra forma el
caballo puede acabar por acostumbrarse a repartir su peso entre los otros miembros, realizando una
compensación que, si se prolonga por mucho tiempo, puede acabar repercutiendo negativamente en el
resto de extremidades, que en principio estaban sanas.
A lomos de su caballo seguro que será capaz de notar con rapidez si éste realiza un movimiento irregular;
pues bien, cuando note cualquier cosa rara, empiece a pensar que el caballo puede estar sufriendo algún
tipo de cojera, conviene que lo compruebe cuanto antes.
El mayor problema se encontrará, sin duda, en saber qué extremidad es la que tiene el problema.
LOCALICE EL PROBLEMA
Si cuando está montando nota un movimiento raro, baje cuanto antes y
verifique en primer lugar que el caballo no tenga ningún elemento
extraño alojado en los cascos, esta suele ser una de las principales
causas de un andar incorrecto, por lo que antes de pensar en motivos
más preocupantes, convendrá comprobar que sus cascos están
“limpios”.
En caso de no localizar ningún elemento extraño, intente buscar la razón
en otra serie de motivos “obvios”:
- Analice si existe desplazamiento de la herradura.
- Busque cualquier señal de calor: coloque la palma de su mano sobre la
pared del casco, después sobre otro casco y compare el calor que emana
cada uno.
- Pase la mano por cada extremidad, comparándola con la opuesta: si
localiza cualquier señal de calor, dolor o inflamación habrá localizado el
origen del problema.
Pero además de estos motivos, pueden existir otros de mucha más difícil
localización. Por ejemplo, no son extrañas las cojeras que se producen
durante la época de crecimiento del potro, debidas a algún tipo de
desequilibrio alimenticio.
Por otro lado, un esfuerzo excesivo puede producir también cojeras, que podríamos dividir en dos tipos:
- Musculares: debidas a un fuerte esfuerzo realizado en un momento puntual.
- De las articulaciones (artrosis): producida por la realización de constantes esfuerzos a lo largo del
tiempo.
Además debemos saber que otras muchas lesiones tienen carácter infeccioso o parasitario.
Pues bien, para poder localizar el origen del problema, lo primero será precisar la localización de las
lesiones que afectan al miembro, algo sin duda arto complicado, puesto que existe un gran número de
estructuras que inciden directa o indirectamente sobre la cojera.
En consecuencia, será preciso realizar un examen muy minucioso, en el que podemos hablar de dos
partes:
- Reconocimiento estático: palpando cada extremidad y comparándola con las otras. Se trata de analizar
las posibles deformaciones del miembro y la posible presencia de zonas inflamadas o dolorosas.
- Reconocimiento dinámico: haremos que el animal se desplace para poder localizar el problema.
Conviene llevar al animal a un terreno duro y hacerle caminar en línea recta, en círculos, al paso, al trote,
al galope…
Se dice que si la cojera se encuentra delante, el caballo bajará la cabeza cuando la mano sana toque el
suelo, levantándola de nuevo para quitar el peso de la mano que le duele. Si la cojea es de ambas manos,
tenderá a mantener la cabeza levantada y a arrastrar las manos en lugar de dar trancos amplios.
Si cojea de atrás, tratará de aliviar el dolor dejando caer la cadera cuando el pie sano toque el suelo y la
levantará más de lo habitual cuando el pie dolorido tenga que apoyarse.
Muchos cuidadores observan también a sus animales mientras duermen: aún estando de pie, la cuartilla de
la extremidad dolorida puede estar algo más recta que la otra, o puede señalar con la mano coja,
adelantándola.
Ni que decir tiene que el método más adecuado para determinar la presencia y magnitud de una cojera es
acudir a un veterinario, quien realice las correspondientes radiografías y ecografías con las que poder
determinar el tratamiento más adecuado para curar la lesión.
NIVELES DE COJERA
En general podemos hablar de cuatro niveles diferentes de cojera:
- Ligera: irregular y sólo visible al trote.
- Acentuada: sólo visible al trote.
- Visible y regular: se localiza claramente cuando el animal camina al trote, siendo más grave si también
cojea al paso o al galope.
- Grave: el caballo no puede apoyar la extremidad ni aún estando en reposo.
Por supuesto, sin cogemos a tiempo una cojera leve, evitando que vaya a más, tendremos más
posibilidades de conseguir una correcta y completa curación.
PROBLEMAS BÁSICOS Y SOLUCIONES
A continuación analizaremos algunas de las causas más corrientes de cojera y su tratamiento básico:
CASCO MAGULLADO
Suele ser una de las dolencias más comunes.
Habitualmente producida por el trabajo en terrenos
excesivamente duros o irregulares (si bien el caballo cojeará
más en terrenos blandos), también encontramos su causa en la
presencia de alguna piedra o elemento exterior en el casco.
Normalmente se producirá un hematoma que descubriremos al
producirse una decoloración de la zona.
Para evitar este tipo de cojeras, lo más recomendable es acudir
al herrador, quien conocerá los cascos del caballo y
determinará si es necesario herrar con plantillas para proteger
las suelas.
En caso de que aparezca esta dolencia, se quitará la herradura
y se examinará bien la causa. Para aliviar el dolor se aplicará
un cataplasma.
PUNZADA EN LA SUELA
Cuando el animal pisa un objeto puntiagudo, un clavo, una
piedra, un cristal… se puede producir una punzada que sin
duda resultar sumamente dolorosa, ya que afecta a los tejidos
sensibles del casco.
Es además algo peligroso porque el riesgo de infección es
muy alto.
El dolor se produce por el pus que queda atrapado por el
casco, por eso el herrador o veterinario deberán proceder
rebajando la suela del casco para dejar que la herida drene
correctamente.
CASCO CLAVADO
Si su caballo ha comenzado a cojear justo después de ser herrado, vigile su herraje.
En ocasiones puede suceder que el herrador al clavar se acerque demasiado al tejido sensible del casco,
produciendo un dolor que hará cojear al animal.
Conviene por tanto acudir de nuevo al herrador, para que verifique el trabajo. Normalmente el problema
desaparecerá al sacar el clavo, si bien deberemos verificar que no exista infección.
CALLOS
Los callos son contusiones en la suela, bajo los talones del casco. Esta contusión puede ser leve o dar
lugar a un gran hematoma.
Las causas por las que puede surgir un callo son muchas: mal herraje, herraduras colocadas durante
demasiado tiempo, talones débiles…
En cualquier caso convendrá acudir al herrador, quien determinará la necesidad de colocar un cataplasma
y, en su caso, utilizar herraduras ortopédicas especiales.
CUARTOS
Cuando hablamos de cuartos nos referimos a las grietas que en ocasiones aparecen en las paredes de los
cascos, que bajan desde la corona, normalmente en el lado interior de la pared del casco. Pueden estar
provocados por lesiones de la corona, limado excesivo de la muralla o por el mal estado físico del animal.
Tras la revisión por parte del herrador y si se localiza este problema, convendrá añadir a la dieta del
animal algún suplemento vitamínico.
Además convendrá frotar la corona con una grasa o preparación para estimular el crecimiento del casco.
PODREDUMBRE DE LA RANILLA
Se trata de una infección en la ranilla, que localizaremos fácilmente porque produce un fuerte olor, muy
desagradable.
Suele aparecer cuando el caballo se encuentra en un box que no se limpia con regularidad, y donde
permanece largo rato sobre su orina o estiércol.
Para evitarlo lo más importante es, por supuesto, mantener una correcta higiene, en caso de que no nos
resulte posible limpiar o drenar el box con regularidad, trataremos de mantener limpios los cascos del
caballo.
En caso de que la infección aparezca, habrá que lavar las ranillas con agua y jabón desinfectante para
después aplicar una loción antibiótica durante unos días, seguida de brea vegetal sujeta con algodón o una
estopa.
INFOSURA [Más información...]
La Infosura, también conocida como Laminitis, es sin duda una de las enfermedades del pie del caballo
más dañinas de cuantas existen.
En términos médicos la Infosura se define como una inflamación aséptica difusa de la membrana
queratógena del pie del caballo. Dicho en otras palabras, se trata de una inflamación de las láminas
interiores del casco.
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Su origen más común se encuentra en los típicos traumatismos que puede sufrir nuestro animal (mucho
trabajo después de mucho descanso, mucho tiempo parado inmóvil, herrados mal aplicados...). También
puede venir causado por enfermedades infecciosas, después de un parto algo complicado o simplemente
pueden tener un origen alimenticio, después de los cólicos, producidos por sobrecarga alimenticia, que
producen intoxicaciones (de hecho es el tipo más común de infosura).
Asimismo conviene saber que el peso influye también de forma notoria en el desarrollo de esta dolencia;
así los caballos grandes y pesados suelen afectarse más gravemente por infosura que los pequeños ponis.
Cuando un caballo sufre Infosura los síntomas que manifiesta se presentan en forma aguda.
Los cascos de las extremidades anteriores son
los más gravemente afectados, ya que soportan
una mayor proporción del peso del caballo (se
calcula que alrededor del 65%). Esto no quiere
decir, claro está, que no pueda aparecer en las
extremidades posteriores; esto también sucede
y en este caso el caballo tratará de colocarse en
una postura especial, con la cabeza echada
hacia delante para aliviar el dolor.
Cuando el animal sufre de infosura, realizará
una marcha extraña como si pisara agujas,
apoyando solamente los talones y realizando
pasos cortos y rápidos. En casos más graves
puede incluso negarse a caminar y se quejará
al pisar, levantando la extremidad que se encuentre más afectada.
Si usted comprueba la zona de los cascos notará un gran calor en ellos.
Por supuesto también habrá que comprobar otro tipo de síntomas más generales como la aparición de
fiebre, inapetencia a la hora de comer, estreñimiento...
La evolución de esta dolencia puede ser rápida, de 48 horas a 2 semanas y, si no se ponen los remedios
necesarios a tiempo, puede llegar a resultar crónica.
Ni que decir tiene que, en caso de que observemos cualquiera de estos síntomas, deberemos acudir de
inmediato en busca del veterinario, quien determinará exactamente los pasos a seguir.
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