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Ya tenemos aquí el verano: calor,
insectos y…. “Dermatitis estival”.
Esta enfermedad es sin duda la más común
durante los meses veraniegos y afecta a la
piel de gran cantidad de caballos.
Conviene por tanto que tratemos de
aprender todo lo que podamos sobre esta
dolencia, de manera que seamos capaces de
paliar sus posibles consecuencias en nuestro
caballo.
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QUÉ ES LA DERMATITIS ESTIVAL
La dermatitis estival, conocida popularmente con el nombre de “Rasquilla”, es sin duda la afección
alérgica más frecuente en los caballos.
Se trata de unas llagas sangrantes que aparecen en el lomo del animal.
Estas llagas están provocadas por la larva de una lombriz parásita del estómago, denominada “Habronema
muscae” y que tiene su ciclo de desarrollo en la mosca doméstica y en la de los establos.
Durante el verano algunas moscas y tábanos muerden a los
caballos realizándoles pequeñas heridas sobre las cuales
pueden posarse otras moscas poniendo las larvas de la
Habronema. Estas larvas producirán tal irritación que, lo
que en principio era una pequeña herida, se transformará en
llaga.
Ante este dolor el caballo reaccionará intentando rascarse la
zona, mordiéndose o restregándose contra cualquier objeto.
En algunos casos, más extremos, existirá pérdida de apetito
y cambios de conducta (nerviosismo, ansiedad,
agresividad…).
Hay que tener claro que no se trata de una enfermedad
contagiosa ni infecciosa.
Suele presentarse por primera vez en caballos de 2 a 6 años
y es una dolencia que irá empeorando con la edad. Sin
embargo, no se ha podido concretar ninguna predisposición relacionada con el color de la capa del caballo
ni con su sexo. Así en principio todas las razas son susceptibles de tener Rasquilla.
Lo que sí se ha constatado es la existencia de una predisposición genética, de tal forma que si los padres
la han padecido existe un altísimo porcentaje de posibilidades de que el caballo la desarrolle (nunca estará
de más por tanto informarnos a este respecto ante la compra de un potro).
Por otro lado, sabemos que el desarrollo de la enfermedad dependerá principalmente de las condiciones
de manejo de los animales, una exposición constante a las picaduras de insectos aumentará de manera
notable las posibilidades del caballo para presentar esta dolencia.
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CONSECUENCIAS
Además del claro dolor que pueden llegar a producir las temidas llagas (las cuales conviene vigilar para
evitar las más que posibles complicaciones), la Dermatitis estival puede causar otro tipo de problemas
cidad para la monta, lesiones…
Tambi én puede existir pérdida de pelo o alteraciones pigmentarias.
Como hemos mencionado, la aparición de esta enfermedad
puede venir asociada a la pérdida de apetito y a toda una
serie de cambios en la conducta del caballo que se mostrará
mucho más nervioso e irascible, incluso en ocasiones
violento. Todo esto puede impedirles desarrollar su
actividad diaria con normalidad.
PREVENCIÓN
Por lo general la prevención resulta fundamental no sólo para evitar la presencia de cualquier enfermedad
sino también para, en caso de que aparezca, poder paliar sus efectos. En el caso de la Dermatitis Estival la
prevención y protección del animal puede suponer la diferencia entre sufrir una pequeña dolencia o una
enfermedad de por vida.
En este caso la prevención pasa por evitar exponer al animal al peligro siempre que nos sea posible. En
consecuencia conviene que durante la época estival intentemos alojarlos en lugares protegidos de la
presencia de insectos y moscas que puedan causarles las temidas picaduras. En este sentido, debemos
saber que las peores zonas son aquellas donde la temperatura ambiente supera los 10ºC, donde la
humedad es elevada y donde apenas corra brisa.
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Además la protección del caballo resultará especialmente importante
durante el anochecer, el momento del día en el que sin duda estos
pequeños “mordedores” se muestran más activos.
Por otro lado convendrá buscar todas las protecciones posibles para
el caballo.
Existen mosquiteras especiales para el equino o mantas
con los que poder cubrirlos; también tiene a su disposición
protectores especiales para los pies que sin duda cumplen
magníficamente esta tarea. Además se recomienda el uso de
productos repelentes de insectos; en el mercado encontrará sprays,
lociones, e incluso en formato “roll-on” especialmente pensados
para el caballo, que le servirán para evitar la presencia de moscas y
mosquitos con la ventaja de no dañar el pelo ni la piel del animal.
Debemos tener en cuenta que es el olor del caballo lo que atrae la
presencia de moscas y mosquitos y por tanto todo lo que hagamos por paliar este olor evitará que aumente
la aparición de estos pequeños animales. El problema se encuentra en que el equino tiene un intensísimo
sudor que elimina con enorme rapidez todos los principios activos de los productos utilizados sobre su
piel; de ahí la necesidad de repetir constantemente las aplicaciones.
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Para evitar que se produzcan alergias o irritaciones, siempre es
preferible la aplicación sobre la piel seca y a ser posible fría. Además si
es la primera vez que va a utilizar un producto en concreto, será
preferible que pruebe primero en alguna pequeña zona y verifique que
no exista reacción 72 horas después de la aplicación.
Si la aplicación de cualquiera de estos artículos le resulta complicada,
puede optar por el collar antimoscas, muy cómodo de colocar y que no
supone ninguna molestia para el caballo.
Asimismo podremos optar por realizar cuidados especiales en el campo
donde vayan a encontrarse los caballos. No estará de más drenar las
zonas donde el agua pueda acumularse, para evitar las aguas estancadas
(perfectas para el cultivo de insectos) y por supuesto deberemos evitar
la acumulación de heces en los prados.
Se recomienda también la búsqueda de un pasto más seco y aireado. Además convendrá cuidar el tema de
la alimentación decantándonos por complementos dietéticos o por una dieta rica en ácidos grasos
esenciales omega 3 y omega 6, con los cuales estaremos potenciando las reacciones antiinflamatorias.
CURA
Cuando observemos cualquiera de los signos antes descritos convendrá acudir al veterinario quien, tras el
diagnóstico, lo más habitual es que le proporcione un tratamiento a base de corticoides que no convendrá
alargar en exceso debido a sus efectos secundarios, los cuales deberán ser siempre controlados por
especialidades.
Por lo general las llagas desaparecerán con la llegada del otoño pero no debemos pensar que con eso ha
desaparecido el problema. Muy al contrario, por lo general con la llegada de una nueva primavera el
calvario volverá a comenzar para el caballo y además esa reaparición se desarrollará con síntomas más
graves que los sufridos en el año anterior.
Por lo tanto, a medida que el caballo se va haciendo mayor, es habitual que la enfermedad se recrudezca y
se presenta con síntomas más graves.
Existen tratamientos que pueden mejorar la calidad de vida del animal, pero no existe la curación
definitiva la cual sólo se conseguirá si la enfermedad se toma muy en serio y se ponen todos los remedios
con gran rapidez, evitando que las lesiones sean demasiado importantes.
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