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LA DESHIDRATACIÓN :: Veterinaria :: Artículos :: Inicio
LA DESHIDRATACIÓN
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Ya estamos en verano... ésta es sin duda la época en que disponemos de más tiempo para disfrutar con nuestros caballos: las vacaciones, los días largos, el clima... todo ayuda para que podamos dedicarle más atención a nuestros compañeros.
Sin embargo, con el calor también suele llegar uno de los problemas más comunes en el équido: la deshidratación, algo que sin duda todo cuidador debe conocer y prevenir.
Teniendo en cuenta el mes en el que nos encontramos, hemos creído interesante hablar sobre la deshidratación en los caballos. Le recomendamos que lea con atención todo lo que le comentamos, estamos seguros de que le será de gran interés.

EL SUDOR
Al igual que sucede en el ser humano, en el caballo el agua es uno de los componentes principales. De hecho el agua supone aproximadamente el 60% del peso corporal magro de un equino adulto.
De manera habitual, el caballo suele sudar abundantemente ya que esa es la forma que tiene para bajar su temperatura mientras está trabajando.

Con el aumento de las temperaturas, lo normal es que el caballo se vea obligado a aumentar el ritmo de su respiración.
Esta es una reacción natural del cuerpo, con la que intenta enfriar el cerebro, que es la parte más sensible al exceso de calor. Además el sudor aumenta notablemente, lo que sucede como reacción para ayudar a disminuir la temperatura corporal.
A partir de 25 grados centígrados, el sistema nervioso del caballo inicia la reacción de sudar de manera automática.

La cantidad de sudor depende de varios factores que son:
Temperatura ambiente.
Humedad.
Raza del caballo.
Edad.
Estado físico.
Peso.

Aún en nuestros días existe cierta polémica sobre la composición del sudor del caballo, motivada quizás por la enorme dificultad de coger muestras válidas para el análisis. A pesar de eso, se sabe a ciencia cierta que contiene sodio, potasio y cloro en niveles altos, mientras que a niveles mucho menores cuenta con calcio, magnesio y fosfato.
La deshidratación provoca que el animal no disponga del líquido suficiente para sudar y, en consecuencia, su temperatura corporal aumentará notablemente.

LA DESHIDRATACIÓN
La deshidratación es la pérdida del agua corporal. En función del grado en que se desarrolle puede afectar simplemente a su comportamiento habitual o convertirse en un problema mucho más serio que podría causar incluso la muerte.
La deshidratación se produce cuando el animal pierde agua más rápidamente de lo que es capaz de reemplazarla.

Si no la tratamos a tiempo, una pérdida de líquido de tan sólo el 3% afectaría directamente al rendimiento competitivo del caballo. En porcentajes superiores se pueden producir espasmos musculares, diarreas, falta de coordinación y, de manera extrema, la muerte.
Con la deshidratación el pulso del caballo aumenta, hay menos fluido de sangre, ésta es más viscosa y el corazón se ve obligado a trabajar más a fondo, para conseguir que la sangre circule con normalidad.
La deshidratación se produce por la pérdida de minerales, los cuales, aunque están presentes en muy poca cantidad en el cuerpo del animal, son totalmente esenciales para su correcto estado de salud. Los minerales aseguran el mantenimiento de la homeostasis corporal (controlada por los riñones) y la transmisión de los impulsos electroquímicos utilizando los nervios y los músculos. Los electrolitos proporcionan un equilibrio entre las cargas negativas y positivas, totalmente necesario para la gran mayoría de los procesos celulares. Controlan el movimiento y equilibrio de los fluidos.

Se estiman tres grados de deshidratación en caballos:

– Leve: la pérdida de peso será de entre un 5 y un 7%. La turgencia de la piel está disminuida y las membranas mucosas secas.
– Moderado: pérdida de entre un 8 y un 10%. El caballo parece deprimido, los ojos están hundidos...
– Grave: más del 10% de pérdida de peso. En este estado el caballo presentará taquicardias, las extremidades estarán frías, se le verá como moribundo...

Teniendo en cuenta todo esto, durante los días de más calor deberá observar constantemente a su caballo y llamar al veterinario siempre que observe cualquiera de los siguientes síntomas:
Desorientación.
Pérdida de interés por el entorno.
Debilidad.
Falta de apetito.
Falta de sed.
No orina.
Espasmos musculares.
Ojos hundidos

CÓMO PREVENIR LA DESHIDRATACIÓN
Si comprueba que su caballo está comenzando a padecer deshidratación o bien observa cualquiera de los síntomas antes comentados, lo primero que debe proporcionarle es sal (sodio y cloro).
Además, si el caballo suda abundantemente durante mucho tiempo o bien lo hace durante periodos cortos pero varios días seguidos, será necesario suministrarle algún electrolito.
Esto lo haremos añadiendo un cucharón de sal gorda en cada ración de pienso nada más comenzar la temporada de calor, para después cambiar por el electrolito, que será suministrado igualmente en la ración diaria.

Lo normal es que el caballo se quede con lo que necesita y expulse el resto por la
orina y el sudor.

Lo más complicado está en encontrar un electrolito que le guste al caballo... seguramente tendrá que probar varios hasta dar con el adecuado. En cualquier caso será necesario que lea siempre la etiqueta atentamente: si tiene más del 15% de azúcar no es recomendable. Lo más correcto es que el electrolito contenga sodio, cloro y potasio, además de calcio y magnesio (aunque en cantidades menores que los elementos anteriores). Busque alguno que pueda meter en una jeringuilla para suministrárselo más fácilmente o combíneselo con puré de manzana o con yogurt.

Pero además de esto, para prevenir la deshidratación será necesario que vigilemos la dieta del caballo: debe tener suficiente cantidad de forraje y fibra, elementos que disminuyen notablemente los síntomas de deshidratación.
Especial cuidado debe tenerse con los caballos que compiten y los de raid. Mientras realizan ejercicio es normal que el calor no se evapore del todo y esto alargará el tiempo necesario para bajar su temperatura. Si el caballo está mojado mientras galopa y existe humedad en el ambiente, el pelo mojado del caballo actuará como un aislante y mantendrá la temperatura del animal demasiado alta.

En estos casos es muy importante vigilar de cerca al caballo, porque la deshidratación puede ser importante.
De hecho se calcula que un caballo que trabaja de manera más o menos intensa en un día de calor y humedad, puede llegar a perder hasta 15 litros de sudor por hora.

Tenga también muy en cuenta los siguientes consejos:

– Ponga especial atención a la cantidad de bebida que ingiere: muchas veces el motivo principal de la deshidratación se encuentra simplemente en que el caballo no bebe lo que debería. Si piensa que el problema puede estar aquí, vigile los siguientes puntos:

     – El bebedero: puede que el motivo esté en que el bebedero le resulta incómodo, tal vez sea demasiado estre ho o pequeño.
     – Problemas en la boca: puede que no esté bebiendo lo que necesita porque tiene un corte en la         boca, un diente partido... Comprobar el estado de la boca es totalmente necesario antes de dar         cualquier otro paso.
     – Inapetencia: la falta de ganas de beber suele producirse cuando el caballo ya ha comenzado a         deshidratarse, debido a que el nivel de sodio se desequilibra y el animal no siente la necesidad de         beber. Tenga especial cuidado en esta situación.
     – Calidad del agua: al caballo siempre debemos ofrecerle agua limpia y fresca, si no la rehusará.
     – Temperatura del agua: ponga atención para que el agua no esté demasiado fría.

– Realice lavados con esponja o con la manguera de forma directa: sirven para disminuir la temperatura del animal (nunca eche agua fría directamente sobre la grupa del caballo).
– Añada electrolitos al agua que le suministra a su caballo, está demostrado que de esa manera el caballo bebe más.

CÓMO DETECTAR LA DESHIDRATACIÓN
El nivel de deshidratación se mide en función de la pérdida de peso del animal, pero sin duda esto no es algo que siempre pueda detectarse con facilidad (de hecho, cuando podamos comprobarlo a simple vista la deshidratación será tan evidente que casi con seguridad nos encontraremos ante un problema de gravedad).

Una pérdida de peso de un 5% (que en kilos serían unos 30), no siempre se aprecia con facilidad, por lo que la deshidratación puede pasar desapercibida en ese primer estado para el cuidador (que sólo notará que el caballo no se encuentra en su mejor momento) y, a partir de aquí, todo se complica notablemente.
Para intentar que esto no suceda, es importante que conozca un sencillo truco, denominado “TEST DEL PLIEGUE”. Se trata de un sencillísimo truco que nos permite comprobar e forma rápida y cómoda el nivel de hidratación del caballo. Consiste en pellizcar al animal (preferiblemente en el cuello o en la espalda) y observar la reacción de la piel; de tal forma que si la carne no regresa con rapidez a su lugar, será un claro síntoma de que el caballo está empezando a deshidratarse.

Conviene saber que cuando esto sucede, el animal ya se encuentra en un estado avanzado de deshidratación y puede haber perdido ya hasta un 6% de su líquido corporal o, lo que viene siendo lo mismo, más de 30 litros.
También hay cuidadores que realizan la prueba en las encías del caballo: las aprietan y observan el tiempo que transcurre hasta que éstas regresan a su color habitual.
Para tener una opinión más profesional, puede realizarse un análisis de sangre en el que se estudie el nivel proteínico y el PCV. Ni que decir tiene que esto alarga enormemente la obtención de resultados, por lo que en la mayoría de los casos resulta totalmente inviable, sin embargo nunca está de más realizar análisis de este tipo sobre todo para animales que se encuentran en competición, que pueden tener una mayor tendencia a presentar deshidratación de forma constante (aunque a niveles ligeros)

.
QUÉ HACER ANTE UN CASO DE DESHIDRATACIÓN
Como ya hemos comentado, lo más importante es que añadamos sal a la dieta diaria del caballo (un cucharón grande de sal gruesa en cada ración de pienso), que completaremos con los electrolitos que consideramos más adecuados para cada individuo en particular. Ahora bien, nunca suministraremos electrolitos a un caballo que ya esté deshidratado, puesto que lo único que conseguiríamos sería aumentar aún más el grado de deshidratación.
Los baños de agua fría, siempre dados con moderación y en las zonas adecuadas, serán un gran alivio para el caballo deshidratado.
En caso de que el caballo no quiera beber, podemos optar por mojar el heno y el pienso, o proporcionarle ensilado equino (que contiene un 50% de agua).
Exiten además otros alimentos que contienen grados muy importantes de agua, como las zanahorias. Éstas suelen gustarle a casi todos los caballos por lo que si las añade a su pienso diario, sin duda se lo agradecerá.

 


Fuente a-alvarez.com
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