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PRIMEROS AUXILIOS A NUESTRO CABALLO :: Veterinaria :: Artículos :: Inicio
PRIMEROS AUXILIOS A NUESTRO CABALLO
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Más vale prevenir que curar”, en eso todos estamos de acuerdo, y mucho más si estamos hablando de la salud de nuestro caballo. Saber cómo actuar cuando aparecen determinados problemas no sólo es fundamental para ponerles solución, sino que puede resultar determinante para evitar posibles complicaciones futuras.

De ahí que resulte tan importante conocer a nuestro animal, porque sólo con este conocimiento y con la constante observación podemos determinar la aparición de cualquier problema incluso antes de que aparezca, con lo que sin duda la solución será más sencilla.
Efectivamente, la observación es uno de los pasos más importantes para la prevención y tratamiento de enfermedades, por ello conviene que vigilemos el estado del caballo cada mañana y principalmente después de una jornada de trabajo.
En muchas ocasiones y a pesar de establecer una correcta rutina de inspección, puede resultar difícil determinar si nuestro animal padece cualquier tipo de enfermedad. A continuación le indicamos una serie de puntualizaciones que pueden serle de gran ayuda.

CABALLO ENFERMO VERSUS CABALLO SANO
Existen numerosos determinantes que nos ayudarán a saber si nuestro caballo está padeciendo cualquier tipo de enfermedad, algo que podremos llegar a saber realizando un sencillo examen del animal.
Hay dolencias como las heridas, que resultan muy fáciles de localizar y tratar, pero existen otras que son de carácter interno y por lo tanto es mucho más difícil llegar a saber de su existencia.

A continuación le señalamos una serie de elementos que le ayudarán a diferenciar entre un caballo sano y otro que presenta alguna enfermedad.

CABALLO SANO:

Ojos limpios y brillantes.

Capa brillante, sin caída de pelo.

A la hora de comer lo hará bien, mascando con facilidad.
Orina casi transparente o de color amarillo pálido.

Sus extremidades y cascos deberán estar fríos, sin ningún
tipo de inflamaciones.

Al andar, repartirá el peso uniformemente entre sus cuatro
extremidades (sin embargo, tenga en cuenta que el cambio
constante del peso de una extremidad a otra, sobre todo en
las delanteras, no es un buen síntoma.
Si temperatura correcta se sitúa alrededor de los 38º
Su pulso, en reposo, oscilará entre las 36 y 42 pulsaciones
por minuto.
Su respiración, también en reposo, variará entre las 8 y las 12 inspiraciones por minuto, debiendo hacerse con suavidad y sin esfuerzo.

CABALLO ENFERMO:

El aspecto general de un caballo enfermo es de abatimiento y tristeza.

Las orejas estarán caídas hacia atrás, la cabeza baja y los ojos se mostrarán inexpresivos y apagados (incluso en ocasiones le llorarán).

Su pelo habrá perdido el aspecto brillante y se mostrará opaco.
En caso de que observemos que se echa sin un motivo claro, debemos tener en cuenta que es un síntoma de enfermedad.

Si observamos que escarba, que suda mucho y que se muestra inquieto, lo haremos ver por un veterinario, puesto que todos ellos son síntomas de un cólico.

Para determinar la existencia de una contusión, palparemos la zona, ésta existirá si observamos calor (en ocasiones vendrá acompañada de una clara inflamación).

Aunque las cojeras pueden resultar evidentes, en ocasiones resulta difícil concluir en qué extremidades se encuentra la dolencia, para poder ponerle solución. Una forma de saberlo es la siguiente:

En primer lugar miraremos los cascos, tratando de ver si alguno está caliente o si existe alguna herida o piedra encajada.

Después palparemos toda la extremidad.

A continuación, haremos que el caballo trote, teniendo en cuenta lo siguiente: si la cojera se encuentra en los anteriores, bajará la cabeza al cargar el peso en la mano buena y la
levantará al pisar con la mano que le produce dolor. En caso de que la cojera se encuentre en las extremidades posteriores, el corvejón y la cadera del pie afectado parecerán levantarse
más al pisar.
Por supuesto, todo lo aquí comentado


CUÁNDO LLAMAR AL VETERINARIO
Existen algunos problemas o heridas que podemos solucionar nosotros mismos, pero existen otras en los que será de vital importancia llamar al veterinario.
Hágalo cuanto antes siempre que:

El caballo tenga una temperatura mayor de 38º C.

Si ha sangrado abundantemente o tiene cortes de importancia.

Si muestra un carácter extraño.
Si presenta síntomas de dolor evidentes.
Si saliva en abundancia; puesto que puede ser el síntoma de haber comido alguna hierba nociva o haberse clavado algo en la boca.

Si se tambalea al andar (puede haberse envenenado)

Si parece que intente vomitar, arqueando el cuello y el dorso y haciendo esfuerzos con los músculos de la barriga (puede existir algún problema en el esófago).

BOTIQUÍN DE PRIMEROS AUXILIOS
Si pretendemos estar en disposición de poner solución a los pequeños problemas que presente nuestro caballo, resulta imprescindible que en nuestra caballeriza exista un botiquín que para ser completo deberá tener todos estos elementos:

Algodón tamaño hospital.

Aceite de ricino; muy útil para reblandecer.

Sulfato de magnesio.
Antiséptico, para la limpieza de las heridas.
Sal de mesa.

Rollo de apósito.

Vendas (grandes y normales).
Agua oxigenada, sólo para las heridas punzantes del casco (siempre bajo la indicación del veterinario).
Linimento para golpes, a utilizar para endurecer la piel que ha sufrido una rozadura o mataduras que han sido ocasionadas por la cincha, una vez ha sido curada la herida..
Sulfato de magnesio y glicerina en pomada.
Tijeras.
Termómetro.
Bolsa de frío instantáneo.
Gasas estériles.
Toalla.

Conviene que este botiquín se encuentre siempre limpio y con todos sus elementos ordenados, de tal manera que en caso de urgencia sepamos a donde debemos acudir de manera inmediata
Todos aquellos que se encarguen del cuidado del caballo deberán conocer la existencia de este botiquín y su contenido.

CURAR PEQUEÑAS HERIDAS
Las herida son, por desgracia, algo bastante común en el caballo, sobre todo tras jornadas de trabajo.
Aunque en principio n o tienen porque suponer ningún problema, lo cierto es que conviene que procedamos a su limpieza y curación cuanto antes, puesto que pueden convertirse en un foco de infección que conlleve la aparición de dificultades que son del todo evitables.

Lo primero que deberemos hacer cuando localicemos una herida es limpiarla a fondo. Para ello rociaremos agua fría sobre la misma, de forma suave; con esto conseguiremos contraer los vasos sanguíneos, al tiempo que un flujo continuo de agua ayudará a eliminar toda la suciedad acumulada en la zona, así como la sangre coagulada.
Una vez que la hayamos limpiado con el agua, podremos determinar la profundidad y gravedad de la herida, concluyendo si va a necesitar o no puntos. En caso de que sea evidente que así va a ser, nos limitaremos a tapar la herida con un suave vendaje, dejando el resto del trabajo al veterinario.
Si nos encontramos fuera de casa, deberemos ser capaces de valorar si el caballo será o no capaz de volver por sus propios medios. No conviene correr riesgos, en caso de duda siempre es recomendable localizar un medio de transporte.
En caso de que se trate de una herida superficial y queramos proceder a su curación, comenzaremos por lavar la herida y las zonas que la rodean con una solución salina (se preparará con una cucharada pequeña de sal disuelta en un litro de agua). Tras esto, las protegeremos con pomada de cinc o aceite de ricino.

Por supuesto el objetivo de esta primera cura debe ser el de proteger la herida de tal manera que se controle la hemorragia, al tiempo que evitar que se infecte.
En caso de que la herida presente trozos de madera o de metal clavados, deberá ser el veterinario el encargado de extraerlos. No conviene apretar la herida y en ese caso la dejaremos destapada esperando la actuación profesional lo antes posible.
Por supuesto y una vez pasada la primera fase de “peligro”, convendrá comprobar que la vacuna del tétano se encuentre al día.

 

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