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La disciplina ecuestre de salto es una
de las más populares en nuestro país y en el mundo.
Aquí se mezclan velocidad, precisión y rapidez de
reacción de los binomios al sortear diversos obstáculos
en un orden preestablecido, muchas veces en un tiempo específico,
y cometiendo las mínimas faltas posibles.
Si un competidor derriba un obstáculo, cae de su cabalgadura,
no respeta el orden de los saltos, su caballo se rehúsa
a saltar o se excede en el tiempo acordado, incurrirá en
faltas.
El ganador de la prueba será el binomio que haya acumulado
menos faltas; complete el recorrido en el menor tiempo; o logre
el mayor número de puntos. Esto dependerá del tipo
de competencia que se realice.
La finalidad de esta disciplina es coordinar
los movimientos que deben realizar el caballo y el jinete para
saltar la altura deseable sin problemas. Para ello deberán
coordinar todos sus movimientos intentando que dé las batidas
necesarias, despegue en el momento oportuno, el jinete le ayude
con su propio cuerpo y manos a impulsarse ante el obstáculo
y descienda convenientemente.
No hay referencias específicas del
origen del salto como deporte ecuestre, pero ya en la segunda
mitad del siglo XVIII el salto a caballo era una parte imprescindible
del deporte de la caza. Es a partir de esta época cuando
se mejoran las razas de caballos, consiguiendo una mayor habilidad
física y permitiendo galopar y saltar en velocidad, lo
que daba las bases para el moderno concurso de salto.
De algunos documentos se desprende que
el nacimiento de los Concursos de Grand Prix se produjo en París
en 1866. En 1906 los deportes ecuestres fueron propuestos para
añadirse a los Juegos Olímpicos, hecho que ocurrió
en 1912, y ya en los Juegos de 1944, en París, se inscribieron
99 jinetes de 17 países.
Podemos decir que uno de los primeros concursos
importantes de salto se realizó en 1865: el Royal Dublin
Society’s Annual Show, donde las competencias eran de Salto
en altura y de espesor únicamente; pero la primera competencia
oficial se habría realizado en Turín, en 1901. Se dice del salto que ha venido a convertir
al deporte clásico de la equitación en un deporte
espectáculo, pero lo cierto es que vino a responder a la
evolución natural del deporte ecuestre. Es su versión
moderna. De hecho, es una disciplina muy especializada, que requiere
un caballo con características idóneas (potencia,
agilidad, facilidad para el salto, gran equilibrio, tranquilo,
valiente y enérgico) y un jinete de profunda formación
ecuestre (excelente forma física, formación ecuestre,
desarrollado sentido del equilibrio, dominio del ritmo de carrera,
del salto y de la batida). Aunque el salto es el fundamento básico
de este tipo de pruebas, no es el objetivo único: la precisión
en el salto y la velocidad de ejecución son también
dos vallas que debe superar el binomio. Si a ello unimos la dificultad
que añade la disposición de los obstáculos
(diseño de la cancha), a la que el caballo casi no tiene
tiempo de adaptarse, y la acrobática monta que requiere
esta especialidad, resulta muy entendible la popularidad que se
ha ganado.
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