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GALERIA :: Hank Williams Sr. :: COUNTRY MUSIC :: Inicio
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HANK WILLIAMS Sr. GALERIA


 
   

Hank Williams murió en el asiento trasero de su Cadillac azul, el último que le quedaba, el día de Año Nuevo de 1953. Sólo tenía veintinueve años y el corazón le falló camino de un concierto que había tenido que apalabrar para salir de la ruina.

En el Cadillac había una botella de whisky y un frasco de clorhidrato de morfina, un medicamento usado por sus efectos hipnóticos y sedantes. Aquella fría mañana de Año Nuevo, en medio de un paisaje cubierto por la nieve y la escarcha, el chófer alquilado de Hank Williams decidió comprobar qué le pasaba a su jefe.

Unas horas antes un policía de tráfico que detuvo el coche por exceso de velocidad le había preguntado: «¿Qué le pasa a ese tipo del asiento de atrás? Parece muerto." Pero el chófer, que conocía la reputación de Hank Williams, no hizo caso y continuó rodando hasta que pensó que su jefe llevaba demasiado tiempo inmóvil. Paró en una gasolinera y entonces comprobó que el cuerpo de Hank Williams estaba frío. En el hospital de Oak HiII, Virginia Occidental, sólo pudieron certificar que estaba muerto.
Ni el manager más ambicioso podría haber soñado un escenario fúnebre tan digno de una estrella del country: un Cadillac, una carretera rumbo a un concierto y un sombrero Stetson caído sobre la frente. Incluso se dice que, ese mismo día de Año Nuevo, alguien se metió en el Cadillac vacío y robó el famoso sombrero tejano de Hank Williams; un sombrero que llevaba, más que por orgullo sureño, porque había empezado a quedarse calvo poco después de cumplir los veinte años. Sea o no cierto, lo que es seguro es que a Hank Williams le hubiera encantado escribir una canción sobre aquel tipo que inauguró el año robando el sombrero de un muerto en el patio de un hospital...

MALOS TIEMPOS EN ALABAMA
A Hank Williams nunca le gustó hablar de la música que hacía, pero una vez un entrevistador consiguió sonsacarle unas cuantas cosas sobre el" country cuando ni siquiera tenía nombre, sino el más bien despectivo de
hillbilly music. «Puede explicarse con una sola palabra: sinceridad» -dijo Hank en aquella ocasión memorable-. «Cuando un palurdo del campo canta una canción se vuelve loco. Cuando canta: "Tuve que enterrar a mi madre" la está viendo tendida en el ataúd. Un palurdo del campo canta con mucha más sinceridad que la mayoría de intérpretes porque se ha criado de una forma mucho más dura que la mayoría de los intérpretes. Para cantar como un palurdo del campo tienes que saber muy bien lo que significa el trabajo duro y tienes que haber olido mucha mierda de borrico. Sólo la gente que ha crecido de la misma manera que los campesinos puede entender y apreciar lo que canta un músico de country. Porque lo que canta son las esperanzas, las oraciones y los sueños de eso que suele llamarse "la gente sencilla"».

Hank Williams sabía muy bien lo que decía, porque en su infancia conoció muy bien el trabajo duro y olió demasiadas veces la mierda de borrico. No era ninguna excepción de la regla, ya que el 95 por 100 de los cantantes de country procedían del mismo medio: una familia de granjeros del Profundo Sur o del Medio Oeste americano (hillbillies, tal como los llamaba Hank en la entrevista), que habían tenido que sobrevivir en unas condiciones de extrema pobreza. En otras palabras, lo que los americanos llaman «basura blanca»: white trash. Si se prescindíadel color de la piel y de los privilegios de ser blanco, la vida de estas familias de granjeros no era muy distinta de la de sus vecinos negros...

TEE-TOT Y EL CUBO AGUJEREADO

 
   

...Los sábados solía aparecer por Georgiana un músico callejero negro que vivía en Greenville -a 25 kilómetros de distancia- y que solía cantar en las esquinas por unos pocos centavos. El hombre se llamaba Rufe Payne, pero la gente lo conocía irónicamente como Tee.Tot (Abstemio) porque siempre llevaba una cantimplora de moonshine atada al cinturón. Lo poco que se sabe de él es que tenía el pelo cano, era un poco jorobado y caminaba con lo brazos en jarras como un chimpancé. Supongo que debía tener una cara de perro triste como la de Mississipi John Hurt y que su aspecto no debía ser muy diferente del de esos vagabundos negros que por aquellos años fotografió John Gutmann. Cuando cantaba en las esquinas la gente le echaba el dinero en un astroso sombrero que dejaba en el suelo. Pero si las cosas iban mal, Tee. Tot tenía que recorrer las tiendas cantando canciones y mendigando monedas. En tales casos un montón de chiquillos de Georgiana le seguía de tienda en tienda.
Hank era siempre uno de ellos.

La relación entre Hank y Tee- Tot empezó en el verano de 1935, cuando la madre de Hank decidió probar fortuna en otro sitio y abrió una nueva casa de huéspedes en Greenville. Greenville era la capital del condado de ButIer y tenía pequeñas industrias dedicadas a la fabricación de máquinas recolectaras de algodón, por lo que ofrecía perspectivas más interesantes para el negocio de LilIy. A Hank, sin embargo, lo que más le interesaba de GreenvilIe es que allí era precisamente donde vivía Tee- Tot. Y no tuvo que insistir mucho, después de seguirle a todas partes, para que el músico negro aceptara darle clases de guitarra...

UN COWBOY SOLITARIO

 
   

...Así pues, no perdió el tiempo y una vez de vuelta en Montgomery decidió tener su propia banda. Un amigo le propuso un nombre, The Drifting Cowboys (Los vaqueros errantes), y Hank lo aceptó entusiasmado: todo lo que tuviera que ver con la mitología del Oeste le tenía obsesionado desde la infancia. Después no le fue dificil encontrar músicos. Shorty Seals, que había tocado con él en sus programas de radio, entró a tocar el contrabajo. Un violinista zurdo que tenía que tocar el violín de su padre, tal como relató un testigo, «de arriba abajo y de atrás hacia adelante», se ofreció para entrar en la banda. Se llamaba Charlie Mays, por alguna razón le apodaban El Mexicano, y aunque sólo tenía 19 años tenía ya una mujer y dos hijos que mantener. Por último, Boots Harris se ocupó de la steel guitar y el Indio Joe Hatcher de la guitarra solista. Así fue como Hank Williams, a los 14 años, se convirtió en el líder de un grupo completo de country.

   

 
   
 
   
 
   

...La mitología de las canciones que cantaban cosas como «vuelvo a montar mi caballo allí donde un amigo es un amigo» siempre impresionó al pequeño Hank Williams. Cuando era un niño todavía rodaba por esos mundos el espectáculo ambulante de Buffalo BiII, en el que actuaba una tiradora de primera que se hacía llamar Annie Oakley. Más tarde aparecieron los tebeos del gran Hopalong Cassidy, y luego llegaron las películas de Roy Rodgers, Tex Ritter y Gene Autrey, aquellos vaqueros sonrientes que cantaban una canción antes de vaciar el cargador contra la banda de los malvados que siempre llevaban sombrero negro...

HONKY TONK BLUES

 
   

Hank Williams y sus Drifting Cowboys siguieron el esquema habitual de todos los músicos de country de finales de los años treinta y principios de los cuarenta. Por regIa general, los cantantes de country de aquellos años tenían que empezar haciéndose un hueco en una emisora de radio de emisión local. Después, gracias a la popularidad de los programas radiofónicos, llegaban los primeros contratos para actuar en pequeños locales del área cubierta por la emisora. Más tarde, si el artista respondía a las expectativas, el circuito se ampliaba y aumentaban las tarifas. El siguiente paso era un contrato de grabación con un sello discográfico del Norte -en el Sur no había aún una infraestructura musical-. Y por último, si la suerte venía de cara, se cumplía el gran sueño de todo músico de country: actuar en el Grand Ole Opry de Nashville, ya que el Opry era la consagración definitiva, el pasaje seguro a la fama y el dinero.

    Ahora bien, entre la pequeña emisora de radio y el sueño del Grand Ole Opry mediaba una distancia enorme. Y esa distancia sólo podía cubrirse si el cantante y su grupo se ganaban una buena reputación en los honky tonks. Claro que, para alcanzar una buena reputación en éstos, lo más importante era salir vivo del local después del concierto.
    No se sabe bien de dónde procede la palabra honky tonk, aunque es posible que tenga su origen en la música de ragtime. En 1910 Earl Jones y L Albert compusieron una canción que se llamaba «Honky Tonk Rag», en la que aparecía por primera vez el estilo de piano desafinado que luego se haría célebre con el nombre de honky tonk piano. En seguida la palabra honky tonk pasó a designar los locales en los que se tocaba esta música. Normal. mente se trataba de cobertizos de mala muerte situados en las zonas rurales del Sur, a los que se iba para beber alcohol, fumar marihuana o en busca de chicas fáciles...

UNA VISITA AL JUEZ DE PAZ

 
   

...Hank Williams no tenía ningún problema para dejarse tentar, aunque su gran especialidad eran las mujeres en lugar de la buena suerte. Audrey no era especialmente bonita: tenía el rostro anguloso y las facciones un poco toscas, pero aún así su pelo y sus ojos -por fríos y amenazadores que pudieran verse a veces- poseían un cierto atractivo. Hank, además, no necesitaba muchos reclamos. Nunca había tenido algo parecido a una novia formal y pensaba que la mejor forma de no complicarse la vida eran los amoríos de una noche en un motel de carretera. Por lo tanto, sabía hacer uso de su experiencia cuando quería seducir a una mujer, sin importarle mucho quién era ella ni las intenciones que tenía. Aquel día vio a Audrey, se acercó con la excusa de venderle la supuesta medicina, y al poco tiempo ya había conseguido una cita.

 
   

Lo que probablemente comenzó como un coqueteo sin más trascendencia pronto se convirtió en algo más serio. Según los amigos de Hank, fue al conocer a Audrey cuando por primera vez en su vida se sintió verdaderamente enamorado. Y Audrey, que en un principio desconfiaba del aspecto descuidado de Hank y de su fama de borracho, parece que también le fue cobrando afecto. Lo más lógico es suponer que ambos se necesitaban y que su relación fue tomando cuerpo a partir de sus propias limitaciones. Más que el amor, quizá lo que los unió fue el deseo de vivir una historia romántica, que en el caso de Audrey se completaba con la ilusión de vivir las experiencias de un músico más o menos conocido. Había, pues, mucho de interés personal en cada uno de los dos, pero lo cierto es que la cosa cuajó y empezaron a verse continuamente durante aquel año.




 
   

     Aparte de sus encantos, reales o ficticios, Hank debió descubrir en Audrey una personalidad muy parecida a la de su madre. Audrey tenía experiencia de la vida y había tenido que hacer frente al fracaso de su matrimonio. También tenía ambiciones y la energía suficiente para lIevarlas a cabo. Quería ser cantante y sabía que su destino estaba unido al de Hank, que ya se había hecho con un cierto renombre en los escenarios. Por eso mismo le animaba continuamente a que reanudara su carrera como músico, cosa que Hank necesitaba oír a menudo en aquellos momentos de indecisión. Por último, Hank sabía que la necesitaba para sacudirse la influencia de su madre y para iniciar una nueva vida. El caso es que se dejó convencer y Audrey no tardó en empezar a cantar con Hank y el resto más o menos recompuesto de los Drifting Cowboys...

 

PRÓXIMA PARADA: NASHVILLE TENNESSEE

 
   

...Por supuesto Nashville era en 1946 una ciudad muy diferente de lo que es ahora. Gracias al Grand Ole Opry era ya la capital mundial del country and western, pero carecía casi por completo de la infraestructura discográfica que la caracteriza hoy en día.
De hecho, en 1946 sólo había un estudio profesional de grabación en la ciudad y una única compañía de discos -Bullet Records-, y los dos apenas tenían un año de vida. Por lo general las grandes casas de discos mandaban cazatalentos a recorrer el Sur para contratar a sus artistas, que luego tenían que grabar en Nueva York o en algún otro lugar del norte. Sin embargo, Nashville empezaba a florecer como una parte esencial del negocio musical y, aunque no podia enorgullecerse áún de sus grandes mansiones con piscina en forma de guitarra ni de todos esos monumentos al mal gusto que la han convertido en la Octava Maravilla del Mundo Ovilizado, al menos estaba en condiciones de ofrecer lo que ninguna otra ciudad podía darle a tipos como Hank Williams: una oportunidad, como decían aquí los maletillas y los «espontáneos» que soñaban con Manolete.

     Acuff.Rose era la única empresa musical de Nashville que se dedicaba a la compraventa de derechos de autor y a la publicación de canciones de country. Al igual que el estudio de grabación y la compañía de discos que había entonces en la ciudad, acababa de abrir sus puertas en 1946. Roy Acuff, la famosa estrella del Opry que hacía llorar a su público con la emoción y el desgarro que ponía en sus interpretaciones, era el principal inversor de la empresa, mientras que el director musical era Fred Rose, un empresario astuto a la vez que un experto compositor de country. Audrey había oído hablar de la influencia de Fred Rose en los ambientes musicales de...

APÁRTATE PERRITO LINDO

 
   

    ...De las cuatro canciones que grabó Hank Williams, Rase escogió para su primer sencillo en M.G.M. un tema rítmico y otro más tradicional. En aquellos benditos días los discos de 45 r.p.m. todavía no habían venido al mundo, así que «Move It On Over» y «(Last Night) l Heard You Crying In Your Sleep» salieron a la venta en junio de 1947 con el viejo formato de las 78 r.p.m. Las otras dos canciones grabadas en la sesión, «I Saw The Ught» y «Six More Miles», tenían una temática religiosa y Rase prefirió mantenerlas en la reserva. Había tiempo para todo.
«Move It On Over» se vendió magníficamente ---en un año superó las 100.000 copias- y confirmó las esperanzas de Fred Rose. La canción era un reflejo de las desavenencias matrimoniales de su autor, tratadas con un humor y una ironía a prueba de bombas. Recreando su faceta menos sombría, Hank contaba la historia de una mujer que, harta de las calaveradas de su marido, decidía cambiar la cerradura de su puerta, de modo que el pobre desastrado no tenía más remedio que irse a dormir a la caseta del perro. «Move It On Over» («Apártate») eran las palabras que el marido infeliz le dirigía a su mejor amigo en esta tierra, que por lo visto no estaba muy dispuesto a compartir su refugio:

Esta perrera es muy pequeña
pero es mejor que no tener hogar.
Cálmate, retírate,
muévete, perro viejo,
porque ahora otro perro se va a instalar.

Ella me dijo que no me divirtiera
y yo he cumplido mi palabra.
Prepara los bártulos, lIévatelos,
apártate, perrito lindo,
porque un perro rabioso se va a instalar.

     Aunque la letra de «Move It On Over» es un prodigio de ironía y buen humor, quizá lo más importante de la canción es la música, puesto que se ha considerado siempre como uno de los precedentes más claros del rockabilly que triunfó en los primeros tiempos del rock'n'roll. La verdad es que resulta muy dificil averiguar quién engendró realmente ese extraño monstruo de mil cabezas que fue el rock'n'roll -¿fue Alan Freed?, ¿fue Sam PhiIlips?, ¿fue algún palurdo zumbado que intentó conectar su guitarra a una torre de alta tensión?-, pero hay algunos que parecen incuestionables.

 
   

     Mucho antes de que, en 1951, Alan Freed tomase prestada una letra obscena de un blues y bautizase con el nombre de rock'n'roll la nueva música electrificada y mayoritariamente negra que radiaba en su programa, las estrictas barreras raciales que separaban la música blanca de la negra habían empezado a difuminarse. Es cierto que las tiendas de discos vendían sus productos según los criterios de una vergonzosa segregación racial -los discos de músicos negros, por ejemplo, se vendían bajo la clasificación despectiva de race records (algo así como «discos de otra raza»)-, y también es verdad que las grandes casas discográficas no se atrevían a introducir en sus catálogos a músicos que no fueran blancos. No obstante, los músicos blancos del Sur -y Hank WiIliams es un buen ejemplo de ello- llevaban bastante tiempo incorporando muchos elementos de la música negra...

DIAS DE RADIO Y SINFONOLAS

 
   

    Para afianzar el lanzamiento de Hank Williams, Fred Rose necesitaba asegurarle actuaciones de prestigio. Y eso exigía aparecer en una emisora de radio que tuviera una cobertura más amplia que la modesta WSFA de Montgomery. Evidentemente, tanto Rose como Hank tenían los ojos puestos en el Grand Ole Opry de Nashville, pero los directivos del Opry eran muy conservadores y desconfiaban de Hank por culpa de sus borracheras, aparte de que su reputación no era lo suficientemente sólida como para actuar en el espectáculo de más relevancia en el mundo del country.

      Descartado el Opry, Rose, sólo podía colocar a Hank en otras dos emisoras especializadas en country. Una era la WWVA's Jamboree de Virginia Occidental y la otra el Barn Show de Chicago. No obstante, antes de iniciar sus gestiones se enteró de que una nueva emisora iba a emitir con una buena cobertura en el Sur y en el Medio Oeste. Era la KWKH de Shreveport, en el estado de Louisiana, y el programa iba a llamarse The Louisiana Hayride. Esta emisora, además, se dedicaba a concertar actuaciones para sus estrellas, así que Rose dejó de devanarse los sesos e inmediatamente movió los hilos para conseguir el fichaje de Hank Williams. The Louisiana Hayride empezó a emitir en abril de 1948 y Hank entró a formar parte de su plantilla en agosto de ese mismo año.

     Con el nuevo contrato en el bolsillo, Hank y Audrey se fueron a vivir a Shreveport y por fin pudieron iniciar una vida doméstica medianamente feliz. Lejos de LiIIy y del ambiente sombrío de la casa de huéspedes de Montgo­mery, ...

GRAND OLE OPRY

 
   

     Hay una foto conmovedora de Hank y su hijo que probablemente fue tomada en su nueva casa de NashvilIe. Sentados en un sofá, Hank padre lleva puesto uno de sus elegantes trajes de cowboy y canta una canción mirando al bebé. Hank hijo, con su cabezota tan redonda como una calabaza y sus zapatos nuevos a juego con sus calcetines de hilo, tiene una guitarra de juguete en las manos. Hank padre acaba de llegar de un concierto por esos mundos y le ha traído a su hijo una preciosa guitarra de cuatro cuerdas con dibujos de vaqueros. En la mirada del padre hay emoción y en la del hijo hay cierta sorpresa: ¿quién es ese extraño caballero que siempre viste de forma rara y que nunca se quita el sombrero? El pobre Hank Jr. no debe de estar acostumbrado a ver demasiadas veces a su padre y tiene que conformarse con escucharle en la radio. Su padre lo sabe, pero quiere lo mejor del mundo para su hijo y eso le exige cantar todas las veces que haga falta. Por suerte para los dos, ninguno de ellos puede sospechar que esas encantadoras escenas de sofá van a durar muy poco. Cuando Hank Jr. cumpla los tres años, su padre ya no estará a su lado con su guitarra y su imponente sombrero. Un año más tarde, su padre ni siquiera estará en este mundo.

 
   

      Antes de que todo esto ocurriera, Hank y Audrey se las prometían muy felices en su casa de Shreveport. Hank recibió con gran alegría la noticia de su aparición en el Opry y se puso a preparar las cosas. Como quería un grupo excelente de acompañamiento en el momento de dar el paso definitivo, reformó una vez más a sus Drifting Cowboys. Bob McNett, que había tocado con él la guitarra solista en los programas del Hayride, se quedó a su lado, pero necesitaba buenos instrumentistas de steel guitar, de contrabajo y de violín. Para la steel guitar se acordó de su viejo conocido Don Helms, con el que había recorrido el circuito de los honky tonks del sur de Alabama...

 
   
 
   
 
   

SI EL BUEN DIOS LO QUIERE
Y LOS RÍOS NO SE DESBORDAN

 
   

Desde que empezaron sus triunfos en el Grand Ole Opry hasta el final de sus días, Hank no paró de actuar en directo por toda la nación. La calidad de estos conciertos varió mucho de principio a fin, puesto que Hank Williams pasó de ser intérprete extraordinario en sus momentos de gran éxito de 1949 y 1950 a convertirse en un pingajo que apenas se sostenía en escena en sus últimos tiempos. Sin embargo, fuera cual fuera el estado en que actuaba, siempre solía despedirse de su público con la misma frase: «volveremos a vemos si el buen Dios lo quiere y los ríos no se desbordan.» Cuando estaba de buen humor y las cosas habían salido bien, solía añadir otra frase destinada a su hijo: «vuelvo a casa, BocephusBocephus era el extraño apodo que le había puesto a su hijo Randall Hank y, como sabía que Hank Jr. muchas veces le escuchaba en la radio, quería enviarle un mensaje cifrado como parte de sus despedidas.

      La inclinación religiosa de Hank Williams, que encomendaba sus reencuentros con el público a la voluntad del «>buen Dios» y a la bíblica mansedumbre de la naturaleza, procedía de los lejanos días de su infancia. En realidad Hank no tenía una arraigada fe religiosa en el sentido normal del término, sino una profunda emoción espiritual que tenía su origen en sus sentimientos de desasosiego y en la vulnerabilidad y soledad innatas de su carácter. Hank nunca fue a la iglesia ni fue un meapilas santurrón que se ruborizaba al oír una blasfemia -más bien al contrario-, pero estaba a la vez fascinado y horrorizado por la idea de la muerte desde que era muy niño y se sentaba junto a su madre frente al órgano de la iglesia ...

NUNCA SALDRÉ VIVO DE ESTE MUNDO

 
   

principios de enero de 1952 Audrey Mae Williams presentó una demanda de separación matrimonial y se fue de la casa de Franklin Road. Parece que el motivo que desencadenó la ruptura fue un incidente violento protagonizado por Hank el día de Año Nuevo. Según se dice, Hank irrumpió en su casa durante una fiesta y disparó cuatro veces seguidas contra su esposa. Si esto es cierto -y es muy probable que lo sea-, Hank debía de estar tan borracho que ni siquiera supo dónde apuntaba. Audrey salió ilesa, pero cogió a Lycrecia y a Hank Jr. y se largó con viento fresco lo más deprisa que pudo.

Lo que pudo haber terminado en tragedia se quedó en un simple episodio de comedia bufa italiana. Y aunque no sea del todo cierto que Hank entró en su casa a balazo limpio, lo que sí parece innegable es que aquel día estaba dispuesto a darle una buena tunda a su esposa. Hank debía de estar harto de representar el papel de marido cornudo, pues casi todo el mundo sabía en Nashville que su esposa no siempre le era fiel, y los métodos que utilizaba para poner las cosas en su sitio eran dignos de un orangután -si es que los orangutanes llegan a caer tan bajo-. De todos modos, el matrimonio de Hank y Audrey llevaba mucho tiempo en vía muerta y los días de la pareja estaban contados desde mucho antes de que ocurriera esta tragicómica escena de vodevil.

 
   

    Al poco tiempo Audrey cambió su demanda de separación por una solicitud de divorcio, alegando que recibía de su marido «un trato cruel e inhumano». Hank contraatacó y presentó una reclamación en la que acusaba a su esposa de «haber renunciado a sus obligaciones matrirnoniales, negando sus atenciones y afectos a su marido y a su hogar, con la excusa de que ella también era una cantante de mérito». Más adelante Hank añadía que Audrey se comportaba de forma extravagante -aquí debía de haber una alusión a su infidelidad matrimonial además de tener muy mal genio y de exigirle continuamente a su marido que «se lo hiciera pasar muy bien». La reclamación de Hank omitía, sin embargo, un hecho importante. Después del nacimiento de Hank Jr., Audrey había vuelto a quedarse embarazada y había abortado er su casa de Nashville. Como mínimo Hank tuvo la delicadeza de no airear un suceso que no dejaba bien parados a ninguno de los dos pleiteantes, ya que el hijo probablemente no era de Hank. La reclamación parecía una canción del propio Hank Williams traducida a términos legales, pero no logró convencer a los jueces. En mayo de 1952 un tribunal de Nashville concedió el divorcio a Audrey Mae.

Los términos del divorcio fueron muy favorables para Audrey. Ella se quedó con la casa de Franklin Road. valorada en 55.000 dólares, además de una participación del 50 por 100 en todos los derechos de autor que Hank iba a recibir en el futuro. Hank, por su parte, conservó la propiedad de la granja y de la tienda de ropa vaquera, aun cuando el valor de esas propiedades era muy inferior al de las que pasaban a poder de Audrey. Por si fuera poco, Audrey se quedó también con un Cadillac, 1.000 dólares en efectivo y 4.000 dólares para pagar los gastos del pleito. Ni la propia madre de Hank Williams podría haberlo hecho mejor a la hora de sacar tajada.

      Dejando a un lado las disputas legales, está claro que tanto Audrey como Hank tenían su parte de razón en este conflicto matrimonial. ¿Qué se puede esperar de un marido celoso que se pasa la vida seduciendo camareras y admiradoras de poca monta y que luego pretende arreglar las cosas con una paliza si su mujer le paga con la misma moneda? ¿Y qué se puede esperar de una mujer que no soporta los éxitos de su marido y que al mismo tiempo quiere aprovecharse de sus beneficios materiales hasta extremos increíbles)...

 
   
 
   
 
   
 
   
 
   

¿HA VISTO ALGUIEN POR AQUÍ A HANK?

 
   

Hank Williams pasó los últimos días de su vida en los escenarios de su infancia. Unos pocos días antes de la Navidad de 1952 llegó a Georgiana junto a BilIie Jean y los dos se hospedaron en la casa de sus primos Skipper. Allí llevó una vida de lo más normal: fue a ver un partido de rugby, visitó a algunos amigos e incluso asistió a una misa en la misma capilla en la que su madre le hacía sentarse junto a ella frente al órgano. Cuando la gente del pueblo le pidió que cantara sus canciones en la iglesia, Hank se negó diciendo que no podía cantar aquellas cosas en un lugar sagrado. En cambio, dio un pequeño concierto en la casa de los Skipper y cantó «Jambalaya» y «Kaw.Uga» ante un pequeño auditorio de familiares y granjeros.

El primo Skipper que alojó a la pareja en su casa recuerda que Hank y BiIlie Jean parecían muy felices y que Hank le confesó que estaba dispuesto a rehacer por completo su vida junto a su nueva mujer. Los asuntos financieros de Hank, por el contrario, no andaban muy bien. Sólo tenía un cheque de 4.000 dólares en el bolsillo y reconoció delante de todo el mundo que aquél era el único dinero suyo en Alabama que no pertenecía a Audrey Mae.

El día de Navidad Hank y BiIlie Jean fueron a ver al padre de Hank, Lon Williams, al que su hijo había mandado al diablo un par de meses antes en unos camerinos de Baton Rouge. Como Lon no estaba en su casa, la pareja tuvo que ir a ver a unos conocidos que vivían por allí cerca. Todos los que trataron a Hank en aquellos días siempre han coincidido en afirmar que, a pesar de la felicidad aparente que disfrutaba con Billie Jean, Hank había ido en realidad a despedirse. Una vecina de la infancia con la que comió el día de Navidad escribió poco después en un periódico de Montgomery: «Se sentía muy bien, pero creo que tenía la premonición de que se le estaba acabando el tiempo. Inconscientemente había venido a decimos adiós a todos nosotros.»

      Hank y BiIlie Jean partieron después hacia Montgomery y, como era habitual en él, se instalaron en la casa de huéspedes de su madre. Nadie recuerda que hubiera peleas entre Hank y Lillian Williams y hasta parece que la madre de Hank aprobó su nueva boda con Billie Jean, así que esta última visita fue el único intervalo de convivencia apacible que madre e hijo compartieron en toda su vida.

      En la noche del 28 de diciembre Hank dio un concierto privado en el local de la Federación Americana de Músicos de Montgomery. No ha quedado ningún testimonio de aquel concierto, aunque es posible que Hank cantara ..The Log Train.., la balada autobiográfica que compuso en honor de su padre y en recuerdo de los días de infancia que pasó junto a las vías de los trenes madere­ros. En cualquier caso, no cabe duda de que Hank la cantó en la casa de sus primos Skipper de Georgiana un par de días antes y, por lo tanto, «The Log Train» es la última canción que alguien recuerda haberle oído cantar en público. Tal vez sea demasiado bonito para ser cierto, pero está bien que por una vez el destino fuera un poco compasivo con Hank Williams. Si hay una canción que merezca la pena cantar como despedida de este mundo, ésa es precisamente «El tren maderero», una balada tan hermosa que podría derretirles el corazón a todos los perros guardianes de las puertas blindadas del paraíso.

      Para la noche de Fin de Año de 1953 Hank tenía prevista una actuación en Canton, Chio, al otro extremo del país. La idea no debía de hacerle muy feliz porque resucitaba de inmediato sus viejos demonios interiores.
Una nueva actuación significaba volver a la carretera y enfrentarse de nuevo con el horror de los escenarios y con la angustia de su responsabilidad ante el público, aparte de que Canton estaba a más de 1.000 kilómetros de distancia. Para evitar lo peor, Hank, contrató un vuelo en una avioneta y suplicó a sus viejos Drifting Cowboys que le acompañaran en la actuación. Los Cowboys estaban comprometidos con Ray Price para actuar esa misma noche en Cleveland, pero Ray Price le debía muchos favores a Hank y consintió en desprenderse de Don Helms para que respaldara a Hank con su steel guitar. Hank suspiró de alivio: aunque fuera uno solo de sus Drifting Cowboys, siempre se sentiría mejor que rodeado de músicos desconocidos. Después de todo, cualquiera de los Cowboys conocía mejor sus problemas que ninguna otra persona.

      Pese a todas sus precauciones, Hank sintió una inquietud especial la víspera de su partida hacia Canton. Por la noche no pudo dormir y se dedicó a dar vueltas por la habitación hasta que despertó a Billie Jean. Cuando su mujer le preguntó qué le pasaba, Hank sólo fue capaz de contestar: «Billie, creo que estoy viendo a Dios bajando por ese camino.»

      Si Dios no bajó, lo que llegó a la mañana siguiente fue una tormenta de nieve. Se cerró el aeropuerto y Hank tuvo que contratar apresuradamente a un chófer para que lo llevara a Canton en su Cadillac. Mientras tanto, Don Helms salía de Nashville rumbo al norte con la idea de encontrarse con Hank la misma noche de la actuación. Antes de partir, Hank se despidió tristemente de Billie Jean. Luego, sin que nadie lo viera, cogió una botella de whisky y un frasco de clorhidrato de morfina de los que le suministraba «el hombre del maletín negro». Al fin y al cabo tenía que pasar la Nochevieja solo en su coche y, como siempre, le aterrorizaba la soledad. Un frasco y una botella también servirían para hacerle un poco de compañía.

 
   

     Durante todo el viaje no dejó de nevar y el chófer tuvo que hacer malabarismos sobre la escarcha y la aguanieve que cubrían la carretera. Hank combatió el aburrimiento y la tristeza del paisaje con continuos sorbos de whisky y quizá también con un poco de morfina. A mitad de camino el tiempo empeoró y tuvieron que refugiarse en un hotel de Knoxville. En el hotel, un médico le puso a Hank una inyección para aplacar su dolor de espalda. Cuando continuaron el viaje Hank estaba inconsciente y probablemente ya no voMó a abrir los ojos. Unas horas más tarde el chófer se asustó y lo llevó al primer hospital que le salió al paso. El parte de defunción está firmando en Oak HiII, Virginia Occidental, a primeras horas del Día de Año Nuevo de 1953, aunque es probable que Hank nunca llegara a ver el nuevo año. Según el parte de defunción, la causa de la muerte fue un paro cardíaco. El concierto de Cantan, tal como había sucedido cientos de veces antes de esa noche, tuvo que ser cancelado.

A lo mejor, quién sabe, eso era precisamente lo que quería Hank Williams y por una vez tuvo una buena excusa para no salir a escena. Los caminos solitarios y los pitidos lejanos de los trenes de mercancías se lo habían llevado de nuevo. Sólo que esta vez no pudo encontrar el camino de vuelta. Desde esa madrugada del Año Nuevo nadie ha vuelto a ver a Hank.

OTRAS FOTOS DE HANK

 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   
 
   


Fuente Eduardo Jordá Ediciones Cátedra
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