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HISTORIA DEL CABALLO LOSINO :: Inicio
Ver: el Caballo Losino

HISTORIA DEL CABALLO LOSINO

 
Desde el Paleolítico el caballo fue muy abundante en la Península Ibérica pero, por mucho tiempo se consideró que con la retirada de los hielos ocurrida a finales del Pleistoceno (10.000 a.C.) se produjo un cambio climático que a su vez modificó la vegetación, transformando las estepas en bosques y que esta circunstancia habría producido la desaparición del caballo en la Península.
De ser cierta esta teoría, nuestras actuales razas caballares tendrían un origen foráneo.
Sin embargo los últimos análisis polínicos demuestran que al principio del Holoceno existía en la meseta un paisaje estepario con manchas de robledal mixto, y los hallazgos en los yacimientos arqueológicos indican que si bien la especie equina disminuyó al terminar la glaciación Würm, nunca llegó a desaparecer.

Hoy en día se considera que el caballo se mantuvo permanentemente en la Península desde el Paleolítico hasta su domesticación, y que por tanto las razas equinas autóctonas tendrían su orígen en los caballos silvestres que habitaron estas tierras desde la prehistoria.


Para algunos especialistas las razas equinas autóctonas de la Península Ibérica proceden de tres troncos primitivos originarios: el cantábrico, el ibérico y el de las mesetas. El caballo losino sería el único representante vivo descendiente de éste último.

Recientes análisis de su ADN confirman su distanciamiento genético con respecto a las razas descendientes de los otros dos troncos.
Desde tiempos remotos se viene manteniendo en la zona montañosa del norte de Burgos una población caballar cuyos descendientes se conocen hoy en día como Raza Losina.
A la llegada de los romanos, esta zona estaba habitada por la tribu de los Autrigones. Este fue un pueblo agrícola y ganadero. Eran buenos guerreros y excelentes jinetes. Por sus restos arqueológicos podemos comprobar que el animal que con más frecuencia aparece es el caballo y también son muchas las piezas ecuestres (bocados y espuelas) encontrados.
Estas comarcas se vieron poco afectadas por la invasión árabe, pero fueron escenario de cruentas batallas.
De esta región, conocida como Castilla Vetula, parte la reconquista de los territorios que luego comprenderán el Reino de Castilla. Sus caballos tuvieron un papel de primera magnitud en estos hechos y en especial con la Caballería Villana.
A partir del siglo XIII decae la producción de caballos y se fomenta la de mulas, ya que éstas eran muy solicitadas para la agricultura. La producción de mulas, aunque necesaria, fue funesta para la hasta entonces abundantísima cría caballar de Burgos. 
Marcial Prieto Ramos, ingeniero agrícola provincial, nos da una semblanza de cual era la situación de la cría caballar en Burgos en el año 1878:

           [...] “La raza que predomina es, en general de poca alzada, seis cuartas y media a siete, pero fina, sobria y de gran tensión muscular; soporta bien las fatigas, muy apta para terrenos escabrosos, a propósito para el tiro y no menos para la silla.
           El tipo más puro de esta raza se encuentra en el Valle de Losa y si bien está generalizada en toda la provincia, en muchos puntos se mezcla con otras distintas, variando algún tanto sus caracteres” […]

A partir de los años veinte se pusieron en funcionamiento las Paradas Públicas del Estado con sementales de distintas razas. Desde ese momento la población caballar burgalesa fue cruzada, especialmente con la raza Portier Bretón, procurando su absorción racial.
La aplicación del motor de explosión a las labores agrícolas terminó de arrinconar a la raza losina contra las cuerdas.
El Censo de Ganadería Española de 1955 aún refleja la existencia de 4.000 cabezas de caballo losino en todo el territorio nacional, sin embargo en 1985 solo quedaban 30 yeguas y dos sementales.

SU RECUPERACIÓN.
En el año 1985, por iniciativa particular, se inició un estudio de campo que permitiera conocer con exactitud la situación real de la raza, ya que nunca había sido reconocida oficialmente y mientras que para algunos técnicos ya se habría extinguido, otros ponían en duda que alguna vez hubiese existido.
A raíz de este estudio pudimos comprobar que la raza existía sin ningún genero de dudas, pero que podía dejar de hacerlo en breve si no se tomaban medidas urgentes.
En todo el territorio del norte burgalés solo quedaban treinta yeguas y dos sementales de pura raza losina, y se encontraban repartidas en otras tantas explotaciones familiares, sin posibilidad de procrear entre ellos.
Ante la total falta de iniciativas oficiales eficaces para atajar esta situación optamos por adquirir todos estos ejemplares y reunirlos en los montes del municipio de Pancorbo.
Al mismo tiempo comenzamos las gestiones oportunas para procurar la protección administrativa de esta raza.
En 1990 logramos una subvención gracias a la cual se pudo inaugurar el Centro de Selección y Cría en Pureza del Caballo Losino de Pancorbo.
A pesar de que solicitamos la creación de su Libro Genealógico (instrumento indispensable para su reconocimiento y protección) en 1988, éste no fue creado hasta diez años más tarde. Esta situación permitió que algunas personas sin escrúpulos se acogiesen a las subvenciones oficiales con la excusa de poseer presuntos ejemplares losinos, cuando en realidad se trataban de caballos cruzados de Pottoka procedentes de Vizcaya.
Por razones administrativas que nunca entenderemos, cuando por fin se creó el Libro Genealógico se admitieron a todos los ejemplares que habían estado percibiendo las ayudas oficiales, por lo que en la actualidad figuran inscritos un 50% de ejemplares puros procedentes de Pancorbo y otro 50% de bastardos, si bien se mantienen las líneas absolutamente separadas.
En el Centro de Pancorbo existen 300 caballos losinos y se crían con el sistema tradicional, en régimen de semilibertad. Los ejemplares viven durante toda su vida en manadas dominadas por su respectivo semental, en un monte de una extensión de 700 Has. Solo se les captura una vez al año para desparasitarles, reponer los cencerros rotos o perdidos, marcar a los potros y retirar a los excedentes. Por tanto tienen que vivir en y de la Naturaleza sin casi ninguna ayuda humana, soportando los largos inviernos con sus copiosas nevadas, las sequías del verano y los numerosos ataques de los lobos. Esta selección natural a la que se ven sometidos (y a la que están perfectamente adaptados) hace de los losinos unos caballos extraordinariamente vigorosos, resistentes e inteligentes. Las yeguas paren en libertad y lo hacen casi todos los años. Los potros y potras excedentes no se retiran del monte hasta que no tienen cumplidos los 2,5 años, con lo que se aseguran una buena crianza natural.
El caballo losino se doma con mucha facilidad y resulta una excelente montura. Es en los terrenos abruptos y difíciles donde mejor se aprecian sus cualidades innatas.

PATRÓN RACIAL
Se trata de animales elipométricos, tendentes a la eumetría, y longilíneos.
Cabeza
Proporcionada y de rasgos finos. Perfil frontonasal recto o ligeramente subconvexo, a veces con notoria ondulación a nivel de los nasales. Orejas proporcionadas y formando arco de concavidad interior. Frente plana. Ojos a flor de cara, grandes, vivos y muy expresivos. Ollares amplios. Labios levemente gruesos.
Cuello
Robusto, de amplia inserción en el pecho, con tendencia a abultarse en su parte inferior, que se hace convexa, recto o suavemente convexo en su borde superior. Cruz destacada.
Tronco
Pecho proporcionado. Lomo ancho y algo ensillado. Grupa fuerte, redonda e inclinada. Cola de inserción baja, el maslo no destaca entre la punta de los isquiones.
Fáneros
Cola muy poblada y negra. Crin abundante, también negra. Los extremos de la cola, del tupé y de la crin presentan tonos rojizos. Cernejas poco desarrolladas.
Extremidades
Anteriores finas, con buenas articulaciones y vasos y tendones ostensibles exteriormente. Espalda amplia e inclinada, buen brazo, caña fina, cuartillas cortas y cascos pequeños, duros y negros.
Posteriores, muslo proporcionado, pierna buena, corvejones limpios, a veces algo cerrados, particularmente en la estación. Las regiones situadas por debajo de éstos, con características análogas a las mencionadas para las extremidades anteriores.
La alzada se sitúa entre 1,30 y 1,45 m, tanto a la cruz como a las palomillas, mientras la longitud corporal viene a ser unos 5 cm. superior. Peso vivo entre 300 y 400 Kg. en machos.
Capa
De color negro, más roja en invierno y más oscura y brillante en verano (azabache). No se admiten más manchas que estrellas y luceros.   FUTURO
Como hemos visto el caballo losino tiene unos antecedentes históricos y una pureza racial que le hace merecedor de ser considerado como uno de los valores más interesantes del Patrimonio castellano-leonés.
Solo por esta razón ya estaría justificado cualquier esfuerzo por mantenerle, pero se da la circunstancia de que tanto por su belleza, como por sus cualidades físicas y psíquicas es una raza que podría competir ventajosamente con cualquiera de las internacionales de su categoría. Esto quiere decir que, con la promoción adecuada, podría ser tan rentable como cualquiera de esas razas extranjeras con lo que, una vez logrado un censo suficiente que le ponga fuera del peligro de extinción y haciendo el esfuerzo necesario para abrirle un espacio dentro del mercado del pony de equitación y enganche deportivo, esta raza

se podría mantener y prosperar sin la permanente ayuda económica de la Administración.
Sin embargo la realidad es que nada es lo que se está haciendo en ese sentido desde la Junta de Castilla y León y la raza losina se mantiene en una constante precariedad. Cuando la CEE recorte o retire sus ayudas agroambientales esta raza se verá exactamente en el mismo estado de indefensión que hace unas décadas.

 

Para más información:
http://www.soscaballolosino.com
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