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El calabrés era
un caballo ya conocido en la época de los romanos; existe
una amplia documentación sobre el período que Aníbal
transcurrió en la llanura de Sibari para reorganizar sus
propias fuerzas. Según parece, y para potenciar su fantástica
caballería, Aníbal recurrió a unos cuatro mil
caballos de esta raza. En aquella época eran caballos que
pastaban libremente en aquella zona y que tenían abundante
sangre bereber y árabe. En los siglos siguientes, con la
llegada de los árabes, aumentó el porcentaje de sangre
africana. El aspecto actual se debe a los españoles, que
cruzaron las razas locales con caballos andaluces, que aumentaron
la altura y el peso. En épocas modernas se completó
la raza con cruces de pura sangre inglés y salernitano.
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